@In a megatechnified World

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El libro "El rebaño digital", caótico y relativamente interesante, lo anunciaba: cada tecnología produce sus usos y marca una tendencia que luego puede conllevar problemas antes impensables. No es una idea nueva, pero sí pertinente. Ante la pregunta ¿Te gusta mi vestido? Ya no hace falta decir la verdad, es tan fácil como apelar a un comportamiento socialmente aceptado y basado en un código tribal: ¡Claro! Es...genial. Le di al "me gusta", ¿no lo viste? Y así la otra persona queda como una descuidada insensible que tiene tanto ego que necesita que le repitan las cosas. Like this like this like this like this #onfire.

Hablemos de Instagram. ¿Os mola la foto?

Coño, a qué buen hipster o aprendiz de la movida no le mola un teclado Mac, libros y mucho tabaco. Eso es, esa es la vida que estoy viviendo right now. ¿Cuál es la gracia? No estoy solo, mis amigos digitales me acompañan y sacan fotos exactamente iguales, con alguna sutil y sensible variación de filtro, de cosas parecidas. Libros, birras, puestas de sol, conciertos brutales que "te has perdido, por vago". Comunicas en función de la tecnologfía que tienes. Antes, los matices estaban en el lenguaje, el talento comunicativo. Ahora en la marca personal y el jodido pesado del Community Manager. ¿Y? Pues que es jodidamente divertido. Mientras el mundo se hunde, nuestras vidas son cojonudas. No he visto una sola depresión en Facebook, Twitter o Instagram. Una cosa es quejarse del mundo, la otra es comunicar "estoy hecho una mierda, me siento imbécil, voy a clavarme una cuchilla entre las cejas". Joder, y eso tendría muchos likes, o incluso llamadas de preocupación. Y algunos amigos menos en la red cosa que, en realidad, te la suda.

¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Pues claro que no, todo igual de lamentable, y sin iPhone 5, ni 2.500.000 reservas un día antes de salir a la venta.

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