Improvisando sobre el teclado

Bailando, Isidoro entró en la cocina para tomar un refresco de la nevera. A sus 60 años, se sentía joven y en forma. Su último viaje a Rusia le había levantado la moral y el ánimo. De hecho, estaba esperando la llegada de un amigo que conoció allí. Su amigo llegaba al aeropuerto a las 4 de la tarde. Cuando Isidoro abrió la nevera lo último que podía esperar era encontrar el perro de su hijo diseccionado y metido en bolsas de plástico que goteaban sangre.

Resulta que su hijo nunca había aceptado su homosexualidad, y en su último trabajo lo despidieron por sus repentinos cambios de sexo. Un día vestía de mujer con minifalda y el otro con chaqueta de cuero y gorra de béisbol.
La semana pasada el hijo de Isidoro tomó LSD en una fiesta llena de travestidos. Se sintió como uno de esos animales con el pico de colores y de plumaje negro y blanco. Se creyó que llegaba a su casa volando y cuando encontró al perro ( si, después de haber perdido el empleo regresó a vivir a casa de su padre) y lo degolló para comérselo después. Lo que no se preguntó ( quizá debido a su estado inducido por el LSD) fue si realmente esos animales con el pico de colores comían perros. Así que por si acaso lo almacenó en la nevera. Cuando Isidoro salió hacia el aeropuerto poco sabía que se iba a encontrar con un mafioso ruso que solo había venido para robarle y tomarle el pelo. Falsificar sus tarjetas de crédito y manipular su testamento. Isidoro tenía un coche de lujo, que le saludó al abrir la puerta para informarle de que el GPS estaba encendido. Isidoro siempre le contestaba en inglés: -Thanks, Jimmy-. Le gustaba sentirse como si tuviera el coche fantástico. Acudió al aeropuerto con puntualidad inglesa y antes de la llegada de su amigo ruso tuvo ganas de ir al baño. Cuando estaba meando, sin querer perdió el control de su pene y manchó al hombre que estaba al lado haciendo pis. El afectado se limitó a mirarle en tono de desaprobación. Le insultó con gestos y emitiendo sonidos confusos. Es una suerte mear encima de un mudo y no encima de un tipo corriente.
Su amigo ruso llegó puntual, a la hora. Y se sorprendió al ver la mancha oscura que tenía Isidoro en sus pantalones, pero no dijo nada y pensó para sus adentros que Isidoro era un viejo que ya chocheaba. Lo primero que hizo su amigo ruso fue invitarle a un vodka de alta graduación. Isidoro, gratamente agradecido bebió de golpe media botella. Se dirigieron al coche fantástico cantando y bailando de nuevo. Con el vodka, Isidoro volvió a rejuvenecer. A la primera curva del parking el coche fantástico salió despedido desde el segundo piso y se empotró contra el suelo, rebotando y dando varias vueltas de campana. Sí, el vodka ruso es fuerte, muy fuerte. Agonizando, el ruso sacó un cuchillo de su bolsillo ( se saltó todos los controles de seguridad, para algo era un mafioso) y se lo clavó al inconsciente Isidoro, y éste murió al acto. Con un poco de suerte, el ruso conseguiría demostrar que el viejo iba borracho y sumaría una gran cantidad de dinero como compensación por los daños.
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