Huelga Carnaval, choose your option

La barbarie se acerca a pasos agigantados. Pienso en ello al escuchar el claxon de algunos coches en la lejanía. Si mañana hubiera una huelga general en condiciones, hoy, el proletariado -ése extraño ente formado por gente con tele de plasma de 42' pagadas a plazos y un Seat Ibiza ST a 10 años- debería cruzarse miradas de asentimiento y complicidad por la calle. Algo parecido a los componentes del proyecto Mayhem en El club de la lucha. Todos juntos en el mismo barco navegando entre los mares apocalípticos del capitalismo tardío y en guerra constante con este sistema arrolladoramente inhumano. Pero no. A pocos minutos del inicio de la huelga oficial un tipo se queda unos segundos de más en el semáforo y la mole le pita y le insulta con ímpetu y hostilidad.

Fumemos un cigarro, escribamos y pongamos un precioso álbum de Eels llamado Tomorrow Morning (gracias a mi amigo literato por la recomendación) y pasemos un poco más del tema, seamos lúdicos con las tragedias. ¿O no?

Opción I

Me levanto a las 5 de la mañana para salir con los piquetes del barrio a tocar la flauta delante de las tiendas de pakistaníes que ya se preparan para abrir. Les explico fumando un puro de Cuba las razones por las que deben cerrar, que a ellos también les perjudica. Y entonces el jefe de la tienda me comenta:

-Mire, si no hay dinero yo no como. Si quiere cerveza le doy la que quiera aunque no sea la hora legal.

Final: termino borracho como una cuba y bajando mis platos de DJ para pinchar en la calle y levantar un poco el ánimo de los piquetes, tan amargados y valientes todos.

Opción II

Me levanto a las 12 de la noche del día siguiente al haber pasado todo el día escribiendo una postal en sueco para una amiga imaginaria-rubia, tetona, alta, etc-. Leo algún periódico digital: "La huelga es secundada por un 58% de la población trabajadora". "Caos en los transportes y servicios mínimos a causa de la presión de los piquetes más radicales". "Los sindicatos la consideran un éxito y un aviso serio al Gobierno y el Gobierno se muestra dispuesto a negociar".

Con un cigarro extralargo liado con papel transparente de glucosa (más sano, más weird) me digo para mis adentros que este mundo sigue siendo soberanamente aburrido y previsible, especialmente el mundo Mainstream.

Final: Miro Apocalypse Now y me duermo como un angelito en plena cabalgada de las valquirias de mi amigo Wagner.

Opción III

Me disfrazo de Karl Marx, barba, barriga, intelecto soberbio y salgo a la calle en calzoncillos para comentar el partido de cricket de la selección nacional de un país x con los transeúntes que escuchan en el iPod los últimos temas de Shakeira-bueno, últimos o no, todos suenan igual-.

Final: me hago amigo de un indigente sin Facebook y me comenta que una vez estuvo de corresponsal en la guerra de Vietnam

Opción IV

Me disfrazo de árbol y me pongo en un bonito parque céntrico a esperar a que los pajaritos se me pongan en las ramas (brazos, en realidad) y charlo con ellos haciendo pío pío y cuando un perro se acerca para mear le rompo la crisma ante la estupefacción del huelguista. (Es una cámara oculta, no se preocupe, le compraré otro perro, es para una tele de Japón).

Final: me encanta tanto lo de ser árbol que me llega una suprema inspiración nirvanesca y me convierto en naturaleza pura y mi materia física se convierte en parte del todo y me convierto en un árbol de verdad. A ser posible, un Sequoia por el que pasa una pequeña carretera por la base del tronco.

Opción V

Por el culo te la hinco. (Oh, qué ganas tenía de llegar a esta quinta opción) (no tanto por mis inclinaciones hacia el sexo anal con el sexo opuesto, más bien porque es una compilación de las otras 4 opciones pero resumidas de manera burda y pueril).

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