Hoy me siento Gonzo

Mezclar la alta cultura y la baja cultura es algo que se lleva. Desde mi posición Punk-Snob-Trash-Glam-blablabla no puedo dejar de lado esta tendencia, por eso he jugado (por si no era suficientemente explícito) con el título de este post. Hoy me siento Flex es una chorrada publicitaria más para recordarnos que cada día tenemos que dormir -nos guste o no- y que mejor es hacerlo en un colchón Flex porque si no moriremos todos degollados por los faquires de la competencia. Y lo de Gonzo, ¿Qué puedo contar de nuevo? Son esta peña chunga que entra en un sitio, la lía bastante y luego lo cuenta. Podríamos decir que son personas sensibles, algunos suicidas. Algunos buscan directamente la sobredosis y otros más sobrios buscan la ortodoxia para contar cosas que para ellos son verdades. Lo mejor de todo es que para hacerlo, se consideran periodistas. En realidad, los Gonzo son los periodistas.

El término periodista ha sufrido un vaivén triste y pésimo en las últimas décadas. Ahora se entiende por periodista alguien que:

escribe cosas que no le interesan sobre gente que no le interesa siguiendo una línea editorial que no le interesa por un salario que no le ayuda para pagar el alquiler en un barrio que no le interesa de una ciudad que no le interesa. Su gran día es aquel en el que recibe un portátil Sony en la entrega de premios de la editorial Cometa (sobra decir que el ganador no le interesa y los supuestos famosos que están por ahí tampoco). El portátil sí le interesa aunque al llegar a casa y encenderlo se da cuenta de que su vida es una gran mierda y entonces...


el camino diverge.

1.Se conecta al Facebook y rebusca entre las fotos de las amigas de sus amigas que salen en bikini y se masturba. Y el lunes vuelve al trabajo.

2. Se siente Gonzo (segunda referencia al título del post)

La opción uno, como periodista Snob-Punk-Trash-Glam-blablabla no me interesa.

Optemos por la opción 2. Con una introducción de 3 frases lapidarias:

-La vida de un verdadero periodista es rebelión, mala leche, lucidez y horarios intempestivos. Lo demás viene a ser un sucedáneo raquítico y autocomplaciente de grado cero.
-Dicen que los periodistas son escritores frustrados. No. En todo caso, son malos periodistas.
-Dejémonos de disquisiciones técnicas y pasemos a la acción.

Opción 2. Me siento Gonzo

Tenemos a un periodista que le regalan un Sony en un premio basura y al llegar a casa se siente Gonzo.

Rebusca entre sus sombreros. Enciende ése puro que le regaló su ex cuando regresó de Cuba. Saca un bastón, un bloc de notas y una estilográfica. Agarra la botella de Wiskhy barato y sale a la calle.

Habla con la gente, quiere saber de sus vidas para tener su crónica auténtica.

-Hola, soy periodista Gonzo. Mi vida era una mierda hasta hace nada, y ahora he decidido que estoy tan acabado que he salido a hacer crónicas de cosas.
-Vayase a la mierda. Ni me toque.
-Me parece que no me ha entendido. Está usted cayendo en mi trampa. Lo que quiero son marrones, algo que contar con lo que ganarme la vida liándola un poco. No me provoque porque me va a encontrar.
-Bueno, entonces le contaré mi vida.
-Perfecto.
-Nací en un pueblo de montaña hace ahora 45 primaveras. Mi padre era mecánico y..
-Bah, prefiero invitarle a una copa y que me cuente qué tal se la chupa su mujer.

Así fue como el periodista moribundo asqueado de su portátil Sony obtenido de un pesebre de un premio literario basura logró hacerse famoso haciéndose cronista de mamadas.

El cronista Swallow, le llamaban.

Esta es una de las cuestiones en las que debe pensar todo buen periodista. Para ser bueno, hay que especializarse. En música, mamadas, gadgets, widgets, cerveza, condones, eructos.

Yo, por ejemplo (sí, esto es literatura del yo, no nos olvidemos, aunque lo de la literatura siga siendo deliciosamente discutible), soy especialista en la Nada y en el Todo. Lo que me da cierto margen de maniobra y de ensayo error. Tengo varios cursos a mis espaldas que alaban mi trayectoria profesional. Ahora de memoria me vienen:

1.Espeleología intestinal.
2. Cómo ser un blogger muy famoso sin tener un blog que hable sobre iPhone.
3. Cómo lograr un cóctel de 100% de alcohol [sic]
4. Libros de autoayuda para enfermos mentales crónicos.
5. Elija usted que curso quiere hacer y se lo montamos por un módico precio. (Creo que a este respondí con cómo cocinar carne humana, pero al final no se hizo por falta de profesores voluntarios)

Especializarse. En cosas. Es la clave. Hunter S. Thompson tenía un conocimiento sobre las drogas de su época preciso, meditado, elaborado y serio. Lo que le confería un alto grado de caché en el entorno. Cualquier gilipollas decía "me he tomado una pastilla de LSD y lo flipo". Entonces le daban un libro de Thompson y el tipo decidía que se quedaría sin hacer nada durante 20 años a la espera de la primera Nintendo NES.

La (su) pervivencia

La cosa es que cuando te conviertes en un periodista de verdad tu esperanza de vida se reduce algunos años. Pueden ser uno o dos, o 10, o más. Pero desde ese momento ya no te interesa demasiado tu vida, te interesa más lo que serás después de ella, para el resto de supervivientes. En realidad, sabes que serás poca cosa, como mucho un autor de culto citado de vez en cuando como referencia en algún sitio. Y en el caso de que tuvieras hijos quizá podrían recibir alguna paga de vez en cuando de ciertos derechos de tu obra en países con libertad de expresión desarrollada, como Corea of da North. Con lo cual, tu incipiente reducción de vida a la par que tu plena consciencia de lo poco recordado que serás (algún día todos seremos Dust) lo vuelve todo más absurdo. O no.

¿Por qué no? Porque entra en juego una palabra interesante.

LIBERTAD (me gusta lo pretencioso que queda el término libertad escrito en mayúsculas y cursiva después de que HAL ganara las elecciones en 1984)

Cuando te despojas de todo, y eres una especie de ser que se dedica a marabundear y vagabundear por la vida pasando un poco de casi todo, y ya no sigues líneas editoriales ni estás al servicio de una nómina de mierda ni tienes que abrocharte la cremallera cuando no quieres ni responder ante una supuesta verdad que anda tocando siempre al resto de tu profesión, eres libre.

Podemos entender como libre algo así como:

aquel estado en el que todo a tu alrededor alcanza tal grado de relatividad que las fronteras que separan el bien del mal, lo bello y lo feo, lo alto y lo bajo, se ponen a bailar la conga delante de tus narices. Obviamente, con las drogas esto es más fácil.

Eso queda lejos del teatro de lo absurdo, porque la idea no es teatralizar algo, sino vivir una serie de convenciones (relaciones, sucesos, movidas) que percibes como un teatro, y tu papel de actor en este percal te deja tan descolocado que cualquier movimiento que haces es una peripecia para salir de ella de la manera más coherente con el teatro que observas. Veamos, demos un par de vueltas más a esto. A lo que me refiero es que tú no montas ningún teatro, al revés, el teatro está montado, y sencillamente te levantas en medio de la sesión para ir al baño.

Frase lapidaria (v.2)

Puede que esto te convierta en un héroe, en un macarra o en un fracasado. Aunque lo más probable es que sea una mezcla de todo ello. 

Recordemos, la mezcla de cosas siempre es positiva. La alta cultura con la basura, el caviar con el ketchup, el Ferrari con un alerón, tu firma con un cuadro de Picasso, el MDMA con la coca. Una cara perfecta con unas fake tits.

Ouh, yeah, me siento Gonzo. Y si el Gonzo es Gonzo o no es Gonzo o en parte sí o en parte no me la suda. En realidad, la palabra mola, por sus connotaciones épico-étnico-sonoro-comerciales. Eso, a día de hoy, es más que suficiente.

http://feeds.feedburner.com/PuraVanidad-VanityDust
BlogVanity Dust