Horizonte de dopamina y efervescencia 9 a.m

En el avión, contemplando una puesta de sol desde la cima, planea por mi mente un tema minimal llamado Ferdinand, de Stephan Bodzin & Romboy. Hay ciertos lectores que no están interesados por el techno, con lo que podemos mutar a otro tema también válido, Enjoy the silence, de Depeche Mode. De todos modos, mi estilo de pensamiento es minimal, con el beat incansable que nos empuja a vivir y a movernos y a vislumbrar horizontes con bóvedas que trasnochan con las pupilas dilatadas y dibujan la hoja de ruta con un pintalabios de 10 megapíxeles.

Otro posible inicio de post, más Vanity, más random size.
No entiendo la razón exacta por la que ciertas compañías de vuelo ponen música durante el despegue y el aterrizaje. Lo veo muy amateur, destinado a calmar a las fieras que sufren por "si esto se cae". En los vuelos serios, que hacía de pequeño cuando viajaba a Laos o Indonesia, pasando por Singapour, la cosa era diferente. Se despegaba en silencio, se viajaba en silencio, se aterrizaba en silencio. Eso sí, para el desembarque sonaba un tenue hilo musical, para bajar tensión tras 12 horas de vuelo.
Enganchado a la ventanilla, trato de localizar el origen de la increíble luminosidad rojiza que emerge por encima de las nubes. Ahí está, el sol, dándolo todo un día más. La sensación de darlo todo me embriaga; una fuerza interna, subyugada a las endorfinas y dopaminas, se expande por el interior de uno y lo empuja a la cima del Everest de los sentimientos.
Otro posible inicio de post, más Vanity todavía, king size.
La falda de la azafata es demasiado larga.
El abanico de inicios es considerable, creo que es permisible que cada uno opte por el que más se adapte a sus expectativas. 
Mi manager Karl Straüss me llama:
-Compañero, no me diluyas la imagen de tu carácter, una imagen de marca distorsionada puede acabar contigo.
-Karl, hacía tiempo que no sabíamos de ti. ¿Por dónde andas?
-Relanzando el libro de una mujer heroinómana que vive en Wisconsin.
-Enhorabuena, si la chica necesita un prólogo ya sabes, amigo. En lo que concierne a mi imagen pública, no te preocupes, la cosa está bajo control. Se trata de nuevas necesidades literarias, fruto de la complejidad de mis lectores y de mi creciente capacidad de testosterona segregada en las últimas 80 horas.
-Te veo relajado, casi feliz.
-Estás en lo cierto. Y esto es solo el comienzo.
-¿Te comprarás un Benz?
-Who knows, my friend.
Confesiones diplomáticas: no es infrecuente que escriba con música de Sven Vath y tenga que levantarme a bailar como un raver para luego seguir escribiendo. (mierda, esta frase era buena para Twitter, es posible que la recicle).
Reflexión acerca de interioridades varias: Vanity tiene un privado en su mente, una sala secreta normalmente en desuso por las exigencias de acceso. Ya se sabe, si no quieres rebajar un producto no facilites su acceso. 
HISTORIA Y PRESENTE DEL PRIVÉE
De hecho, llevaba meses, puede que algunos años, cerrado a cal y canto.
Recientemente ha sido reabierto por todo lo alto, con la máxima discreción.
Los sofás estaban un poco gastados, un par de perros guardianes merodeaban por la amplia sala, con una tortuga escondida debajo de unas hierbas en una jaula con luz artificial que emula el sol de Taití. Cervezas de zonas lejanas a mi cosmosistema, un póster de Marilyn Monroe. 
El local cierra a las 6:30 de la mañana. Pero si hace falta, su horario es maleable, extensible hasta, por ejemplo, las 9 a.m. La cuestión es que, a estas horas, ahora que el tiempo veraniego se bate en retirada, hace frío. La calidez pasa entonces del plano intelectual al físico, el bienestar prima, antes que el sueño o la falta de conversación. Las palabras son barrocas y desvirtúan, en momentos como este, la verdadera necesidad.
-Tengo frío...
Nos abrazamos. Me separo.
-¡No me sueltes!
Cierro los ojos, acaricio una espalda bañada por el despliegue de un horizonte de una noche en el privée. Aspiro, el aire de mis pulmones, mezclado con la nicotina de la pasión, se funde con un toque de perfume de consecuencias etílicas.
-¿Te sientes mejor?
-Sí.
                                                                                                              (de eso se trata)
¿Embarcamos? La música la dejamos para después del aterrizaje.
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