Hola soy la locura y vengo a actualizar. Adelante.

La locura es interdisciplinar. Puedes ser científico, analfabeto profesional, un rastreador de alcantarillas o un político con tendencias fascistas y saludar, un día, de buena mañana, los embistes de la demencia
La locura es, pues, democrática, interclasista y muy intensa, como el café Nespresso numeración 10 que le robas a la dependienta sin que ella se percate de que también estás robando un par de maquinillas y agregándola a Fuckbook (respirar esnifar aquí).
La buena locura siempre viene acompañada de una dosis de demencia que debe ser tratada con el máximo cariño. Estar loco es, frecuentemente, alcanzar un grado de lucidez por encima de la media. Una desvinculación con la realidad gris y mediocre imperante y un acercamiento a la vida verdadera, muy a lo Kerouac, nuestro pobre amigo ilusionado con vivir una vida que alcanzaría su más pésima versión en un anuncio de un BMW Serie 3 Cabrio- respirar esnifar de nuevo aquí).
He aquí un breve y fragmentado e intempestivo relato de mi último encuentro con la locura, siempre con sus cálidas y necesarias visitas periódicas.
-Hola. Mira, no sé que me estás contando. Esta sangre no es mía. Pero no te preocupes, mañana cuando me levante la limpio.
-Señor Dust, verá, la policía está de camino, ha cometido usted un grave crimen.
-Señor noséqué, ¿usted no entiende que mis textos pueden provocar derrames cerebrales? No lo puede leer un cura. Y a parte, la sangre no es mía, yo no la he causado, pero no se preocupe que si es del último tipo que pasó por aquí y leyó mi texto sabrá dulce, se lo aseguro. Anda, chúpela un poco, le alegrará el día.
Salgo del hotel en el que pasé toda la noche haciendo un Spoken Word con un grupo de jubiladas daltónicas. Balance, dos muertos, dos violaciones y tres casos de zoofília no documentados hasta la fecha.
Paro un taxi. Otro. Otro. Otro, hasta que encuentro uno conducido por una chica. Entonces saco mi vena periodística, con la grabadora del iPhone:
-¿Qué te llevó a conducir un taxi, con lo grandes y bellas que son tus tetas?
-Por la noche trabajo de camarera, me pagan super bien.
-¿Y qué haces con el dinero?
-Lo que todo el mundo, gastarlo, ¿no?
-No, el dinero no se gasta, siempre crece, el dinero es muy promiscuo si sabes tratarlo bien. Es juguetón, ¿sabes?
-¿Y tú eres juguetón?
-Nací en medio de una partida de billar, querida taxista. ¿Y qué, tus tetas, qué idioma hablan?
-¿Cómo?
-Da igual, es una pregunta demasiado seducción-inesperada para ti. Lo allanaremos, mejor. ¿Me enseñas las tetas para ver si realmente tienes una 110 o es una 95 en fase de expansión siliconosa?
-No entendí lo último, pero te las enseño.
Intermedio
Antes de publicar el post, mi manager Karl Straüss me llama, ya que él siempre lee en directo lo que escribo vía una cámara skype invertida (¿?)
-Escucha Vanity, tampoco la hagas tan imbécil, ¿vale? Es decir, no dudo de tu supremacía intelectual para pedir ver tetas en contextos inverosímiles, pero dale un poco más de altivez.
La taxista de día camarera de noche me enseña las tetas. E introduzco la recomendación de Karl.
-¡Uau! Es este tatuaje que tienes en los pezones la fórmula que permite aislar los neutrones de los plutones?
-Sí-se hace la modesta- estudié en Harvard 3 años de física. Y luego hice un máster en poesía post-poética, con Agustín Fernández Mallo. Y luego me puse el tatuaje.
-Me encanta, creo que podré aislar el putón con mi polla. Perdón, el plutón.
Salgo del taxi dejando una soberana propina y no me subo la bragueta. La oxigenación testicular es determinante para mantener una constante producción de semen.
Recuerdo que no sé qué dirección le he dicho a la taxista, así que recuerdo también que no sé que tengo que hacer ahora. Es verdad, estoy en uno de mis momentos de delirio, y el espacio tiempo se diluye como un tripi en una piscina de Don Perigord.
Así que interactuo con el público local.
-Hola, mire, se lo explico rápido. Estoy en un estado de locura temporal y me gustaría saber qué me puede recomendar para pasar el rato.
-Nosé, verá-el señor se agarra la cartera-¿Ha visto la Sagrada Familia por dentro?
-Básicamente los baños, tienen una placa de mármol ideal para hacer sendas rayas de coca colombiana. Y luego la iluminación es ideal para ir borracho y mear en las esquinas.
-Madre mía del amor hermoso. Váyase, cretino. Qué vergüenza. 
-¿Usted ha estado en África?
-No.
-Se nota, amigo. 

Estoy en una calle cualquiera del Eixample. Y cómo está lleno de psicólogos de pacotilla en pisos de puta madre decido entrar en la consulta de la Psicóloga Raquel Medias.
-Quería visita con la señora Medias.
-Está con un paciente.
-Me la suda.
Interrumpo la sesión. Un chico de unos veinte años lloriquea por alguna memez ordinaria.
-Mi madre siempre me dijo que sería un desastre con las chicas. El otro día salí de fiesta y me emborraché mucho y Natalia pasó de mí, ya no sé que hacer...
Cuando la señora Medias va a abrir la boca, la interrumpo.
-Mira, chaval, te lo cuento rápido. Hazte escritor.-Y me dirijo a la señora Medias.
-Señora Medias, estoy en un ataque de demencia y quería hablar con usted, pago al contado y en dinero negro, si le parece.
La señora, de unos 110 años, y su piel con ojos que arrastra como si se tratara de un vestido de boda, me miran.
-¿Y qué problema tiene?, señor...
-Vanity. En realidad, ninguno, me encanta estar loco, pero mire, pasaba por aquí, y tenía ganas de hacer amigos del gremio. ¿Le importa si me hago una raya encima del diván? Seguro que Freud lo hacía a menudo. Lo sé, ahora le gustaría llamar a seguridad, pero en los psicólogos, por ahora no tienen, ¿verdad?-Le guiño el ojo y un destello de luz ilumina mi mirada verde sin matices.
-Es usted un paciente de larga duración, necesita un tratamiento urgente, yo puedo ayudarle. Para empezar, ¿Cómo recuerda su niñez?
-A ver, señora Medias, ¿vamos mal de pasta no? Los deprimidos ya no se tratan, no hay cash, ¿eh?
Pero bueno, usted tiene a este pequeño pajillero, del que Natalia no querrá saber nada hasta que lea a Bukowski y se convierta en un tipo duro y putero.
Le hablaré de mi niñez. Nací con 23 años y con bastante dinero, y luego empecé a escribir y resulta que era bueno. Y ahora, me largo, esperaba que por lo menos supiera tirar las cartas del tarot, pero es demasiado ordinaria. ¿Hace algún tipo de ritual satánico los domingos?
-No, sólo escucho a grupos de indie español menores de treinta años.
-Dios, eso es terrible, peor que el satanismo. Me largo.
Salgo a la calle, y me llama alguien al móvil.
-Hola alguien.
-Hola Vanity. Soy tu locura, es hora de que estés sereno de nuevo, y que actualices de una maldita vez, ¿una puta semana sin escribir? Suerte que he venido yo para que te espabilases.
-Cierto, querida, te echaba de menos.
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-respirar esnifar ahora y el resto de la noche-.
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