Hacer algo decente en la vida

Hay noches que apestan, aquellas en las que ni siquiera deberías haber salido de casa. Era mejor quedarte en casa, pegado al Youporn, hablando con rusas y noruegas por un precio relativamente módico y pasando de toda la mierda de mundo que gira jodidamente a tu alrededor. Sacas la polla, te la meneas, entras en un chat privado y haces una llamada que te cuesta 4euros por minuto y hablas con una rubia de tetas operadas y coño rasuardo.

-¿Joder, cuando cojones haremos algo decente en nuestras vidas?-

Mi amigo Afro saca la frase del fondo de sus pensamientos ocultos; aquello que solo sale cuando tienes una botella de vino blanco en la mano, como justamente la tiene él ahora mismo. No sé ni de qué marca es, pero bebe a morro. Ya da igual todo. He fumado unos 30 cigarros de liar marca Ducados rubio. Compré 2 paquetes ayer por 1.5e y me regalaron un mechero de mierda después de insistir a las dependientas analfabetas diciéndoles que si, que la oferta era un mechero cada dos paquetes. En ésta lamentable noche ni hemos conseguido entrar en la puta discoteca para pijos. Borrachos, con la cerveza en mano, intentamos entrar en una mierda de club para capullos peperos que no tienen nada más que hacer que escuchar música patatera y mirarse los relojes de D&G para ver cual es el más caro. Y encima no me dejan entrar por mis zapatos. Sale un gordo sudado que supuestamente tiene que ayudarnos a entrar. Me mira, e intentando mostrar indiferencia y rechazo, me dice que no se la juega, que no me dejarán entrar así, con estas pintas tan "casual".
Muy bien, mira desgraciado, si tienes que estar a las 3 de la noche ayudando a jovenzuelos a cruzar una puta mierda de puerta de una discoteca basura rebentada de Fakes de Paris Hilton, lo siento de verdad, pero no me jodas la noche. Ganas una mierda, lo sé. Y por supuesto que me he dado cuenta de que tu mujer no te la chupa desde hace mucho tiempo. Te huele el aliento, cabrón. Haz deporte.

Las 3 noruegas que llevamos con nosotros entran sin el menor esfuerzo, y pasan con la mayor naturalidad posible, fingiendo que mi amigo Afro y yo somos una especie de lastra errónea que ha venido a su lado pero que no tiene nada que ver con ellas. Estáis gordas y vuestros vestidos tienen menos estilos que la red de un pescador de Galicia, en huelga desde hace varios meses en respuesta al auge del petróleo.

Nos damos la vuelta, estamos jodidos, mi amigo Afro ha hecho todo lo que ha podido, y por mis putos zapatos la cosa no ha ido bie. Regresamos en silencio a casa, en la zona alta de la ciudad (como no). Fumo otro cigarro y me planteo si me quedo con él a emborracharme o me voy a casa a masturbarme. Ante la posibilidad de poder escribir un rato con su portátil me quedo. Y escucho entre tecla y tecla la frase que todavía retumba en mi cabeza:

-¿Joder, cuando cojones haremos algo decente en nuestra vida?-

Sácame de aquí. Te quiero.

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