Haiku en el Skyline de Hong Kong

Llueve. Es el día idóneo para quedarme en casa y contemplar el skyline de Hong Kong en directo desde la pantalla plana del salón mientras reordeno la biblioteca de iTunes. Busco las portadas de discos de Lesoul y de Arne Weinberg. Mi miembro viril golpea con insistencia los tejanos. Ahora no, joven, la puesta de sol en Hong Kong y las portadas merecen toda mi atención. El edificio de HSBC, con su estructura blanca cruzada que alcanza la doble atena, me devuleve la confianza en el sistema capitalista. Recuerdo la primera vez que estuve en HK. Participé en el rodaje de una película de gángsteres de serie B y fui al zoo de Makao para ver a un panda comiendo bambú.
No encuentro las portadas. Llamo al agente de Lesoul y promete enviarme el LP original. Enciendo un cigarro. Leí que las caladas profundas son mucho más perjudiciales y que cada cigarro nos quita de media 12 minutos de vida. Si estas teorías flatulentas fueran ciertas, debería estar muerto desde el 96.
Busco en Google Earth del iPhone "Hong Kong". Quedo absorbido por el recuerdo del Starfucks que quemé tras un ataque maníaco. Apago el cigarro, consumido con 5 caladas. Una lágrima resbala por mi mejilla, es una pena que la ciudad ya no sea colonia inglesa. Adoro el colonialismo occidental. Contrarresto los minutos de nostalgia sacando mi miembro viril. Lo tomo con la mano y palpo las venas que inyectan sangre hasta el prepucio. Cierro el iTunes bien ordenado y abro xvideos. Mi última tendencia es buscar "shy teens", la new wave del porno casero. La paja me lleva más de lo previsto porque tengo que responder a varias llamadas. El psiquiatra quiere subirme la medicación. La asistencia pide un aumento de sueldo a lo que contrarresto pidiéndole un aumento de pecho. Un comunista pide que le deje algo en herencia. Y, por fin, eyaculo cuando una shy teen rusa muestra sus pechos que estimo en una 95 con pezones de 2cm de diámetro.
La poscorrida se posterga gracias a mi manual "el sexo tántrico posmoderno".
El semen cae encima de la mesa barata de Habitat. Pongo un dedo en el líquido y escribo un Haiku:

la corrida es
como un iPhone 3G
con funda blanca

Este Haiku es uno de los 25 que suelo escribir al día. Estoy tratando de publicarlos en una editorial japonesa junto a los nuevos relatos cortos de Haruki Murasalami. El problema es que quiero cobrar más que él, cosa que dispara el libro a 40€ cuando en realidad podría venderse por 15. A cambio, he propuesto que se regale junto al libro una muestra de mi esperma, para crear en Japón una comunidad de pocket Vanitys y que, con su alto nivel de consumo, ayuden a recuperar al país de su terrible crisis que arrastra desde los 90.

Para de llover. Desde el ático de Diagonal Mar veo ceder las nubes, se incendian por los últimos estertores del sol otoñal. El iTunes ordenado, el Haiku estampado en la mesa, Hong Kong impasible. El equilibro precario que circunda mi vida sobrevive un día más.

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