Hacia los confines de la perdición

Vanity cayó en el olvido, todo su poder intelectual, sexual y lujurioso-que siempre consideró por encima de sus posibilidades reales- se vino abajo a raíz de una compra ingente de vino en mal estado. Su estómago dejó de funcionar, perdió las ganas de escribir y se arrunió buscando una curación definitiva. No pudo pagar todos sus lujos. Ni Ferrari, ni Rolex de oro- el glamour de los pobres que van de ricos-. Malvivía bajo puentes y sólo obtenía una nimia ración de felicidad cuando algún que otro compañero de fatigas le cedía una jeringuilla usada. Sus únicos ingresos eran alguna donación puntual de otros bloggers como Brilli-Brilli, que sí habían triunfado por todo lo alto en el mundo blogger.
Muy de vez en cuando, algún reportero intrépido acudía a su tienda de campaña hecha con dos cartones en precario equilibrio, y le hacía algunas preguntas. La mayoría de veces, acudían dos o tres, únicamente para reírse de él y de su prominente barriga fruto de su dejadez.

- Hace algún tiempo lo tuvo todo, ¿cómo se lleva el subir tan rápido y caer de morros?
- Todo está en la mente-¿tienen un cigarro?-, quise explorar al máximo mis posibilidades, y ello implicaba-cof cof- un alto nivel de riesgo, que nunca quise tener en cuenta por falta de madurez y modestia.
- ¿nos está diciendo que fue un cretino?
- No recuerdo el significado de esta palabra-burp-, alzheimer precoz, ya saben. Supongo que sí, lo fui.
- Aun circula el rumor de que usted es capaz de repetir frases que en su momento todo el mundo admiraba y que ahora son solo un vestigio de su deslucido pasado. ¿podría darnos alguna muestra?.
Los ojos de Vanity se iluminaron de nuevo.
- Por supuesto, veamos: "Tu boca-fart- es una más de las que han pasado por mi polla".
-Gracias Vanity, le regalamos un paquete de ducados rubio, por las molestias.
- No hay de qué chavales. ¿saldrá la entrevista en Vanity Fair?
- Ui sí, por supuesto.

Así fue como Vanity se convirtió en un tipo patético, solitario y podrido, un cazador recolector de la mierda que siempre había criticado. Hablaba para sí mismo en voz alta y se comunicaba con personajes muertos, como Gandhi y Marylin Monroe y Jimi Hendrix.
De noche contemplaba las pocas estrellas visibles en la banlieu. Se bañaba en una pestilente fuente que conoció épocas mejores.
Tenía días movidos, cuando mujeres que conoció en otras vidas aparecían con sus deportivos con tipos duros al volante y le cantaban las cuarenta y le golpeaban con bates de béisbol y le propiciaban insultos y humillaciones.
Empezó una colección de flores de los parques circundantes que guardaba para fumar en ocasiones especiales, como el día en que consiguió encontrar un mueble usado de IKEA con 3 libros viejos y sin tapas.

Se compadecía de su miserable destino a diario, especialmente cuando las almorranas se adueñaban de su recto. Algunos gays de la zona le petaban el culo a base de bien, sin lubricante.
Muchos días se desplazaba a cuatro patas, sin ánimo de levantarse, se mareaba a causa de su entumecida sangre que circulaba con lentitud e ineficacia.
La calvicie no tardó en aparecer, un helipuerto que añadía vejez a su desgracia.

Feo, calvo, pobre, gordo, flatulento, culo rojo, cojo, ebrio y perturbado, depresivo, podrido.

El milagro, una limpieza de karma y redención, era lo poco que le permitía seguir con vida.

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