Hablemos de mendigos (y de periodistas deporitvos)

No acostumbro a publicar dos veces en un día. A veces, muy le pese a Google, debo proceder a los dictados de mis endorfinas. Quizá Jean-Luc Godard tenga algo que ver con ello. Puede que mi manager, obsesionado con que alcance los 16 posts al mes, también.
¡ACCIÓN!
-Con las manos, los seres humanos, podemos culminar la mayoría de actos que nos proponemos. Disparar una metralleta. Lanzar una bomba atómica. Llamar por teléfono al otro lado del atlántico para comentar con el presidente si se la están chupando bien. Escribir.
Lo más tentador de ello, y lo que responde verdaderamente a nuestra naturaleza animal, es pegar palizas con las manos. Hay gente, pequeños indeseables demasiado bien pagados, que merecerían recibir palizas para garantizar que su sueldo, pese a ser elevado, sigue siendo merecido.
Queridos telespectadores de todo el mundo, hoy hemos traído a nuestro programa a un periodista muy especial-es adorable el término especial usado de manera ambigua en cualquier presentación-. Se llama Imbécil Deforme.

(El público vitorea su nombre y vuelan las primeras botellas de cristal Heineken hacia el escenario).
-Poco puedo deciros de él que no sepáis ya. Es Imbécil, y es Deforme. Nosotros, que defendemos el derecho de todos los hombres a ser iguales, lo hemos traído aquí para convertirlo a nuestro nivel, y que baje de la nube en la que cree que se encuentra. Sí, Imbécil Deforme tiene problemas mentales. Hagamos un breve repaso:
1. Cree tener sentido del humor.
2. Piensa que ser periodista deportivo tiene algún tipo de caché, como si su trabajo tuviera algo que ver con la dignidad.
3. De hecho, él cree que los tipos que hablan de deportes son periodistas cuando, en realidad, no son más que la extensión profesionalizada de una conversación en un bar el domingo a las 22 de la noche.
Y ahora, dejémonos de habladurías, peguémosle una paliza y démosle tarjetas de crédito con cuchillas y luego dejémoslo dormir en la calle mientras todos meamos en su cara y luego llamamos a su familia para hacer una barbacoa con sus hígados. ¿Algún espontáneo quiere recitar un poema antes de proceder con la humillación?
Un espontáneo con la frente sudada saca unos papeles manoseados escritos a mano, levanta la voz, se hace el silencio. En el otro lado del globo, un mendigo se lava las manos en un río. Lo cierto es que no es un mendigo, es un ser Iluminado que prescinde de los quebraderos de cabeza de la sociedad occidental.
El poema del espontáneo:
La pelota daba giros sobre sí misma como una peonza
el cronómetro interno que tenía que activar la bomba
estaba ya activado.

Dos años después, explotó.
Pero ya era demasiado tarde, porque todos habían muerto,
de parto natural.
El hombre de seguridad entra en las gradas y se lleva al poeta espontáneo mientras otras botellas de cristal Heineken caen de nuevo sobre el escenario en busca de la tez de Imbécil Deforme.
Bien, tras el éxito del primer poeta espontáneo, procedo a leer unos versos que hemos preparado los realizadores del programa:
Cuando hablas de quién gana y quién pierde
Y crees que a alguien le puede interesar
que lo digas tu en vez de otro
Y que los detalles sobre el gemelo de un millonario
Son de trascendencia para pagar el colegio de tus hijos
O que hablar de tu trabajo con sentido del humor,
Incluso creyendo que eres mínimamente feliz,
O, más aún, que ello te realiza,
Pena de muerte.
Imbécil Deforme está desnudo. Un tanga de hilo con los colores de su selección predilecta cubre sus pequeños huevecillos y su pene en proceso de descomposición. El ácido que desde hace dos minutos se le está inyectando en el prepucio acelera la inminente amputación. El público aplaude, las risas son unánimes. Los mendigos, llegados de todas las partes del mundo, han venido a ver en directo cómo el periodista deportivo que una vez se creyó algo que no era muere torturado y con su debida dosis de sufrimiento. Pero ellos, en el fondo, lo que quieren es salir por televisión, en masa, unidos, y ver cómo es un plató por dentro, y conseguir robar cuatro cosas y tocar el culo a las asistentas. Y el periodista, Imbécil Deforme, se ve a sí mismo como un mártir de la libertad de expresión.
FLASHBACK...
-Hey, ¡Imbécil Deforme, siempre nos preparas una sorpresa para tu última conexión!
- Seeeeh, ¡hoy nos vamos de putas! Como la final esta vez se jugaba en Rusia, esto está lleno de pivones super baratos...¡Mira esta zorra que tengo a mi lado, menudo putón! ¿Le toco la teta?
- ¡Dale dale, ni que sea por la audiencia! ¿Y qué nos dices del partido?
-Seguro que ganamos, todo va viento en popa. ¡Espera! que le digo a los seguidores que le toquen también el culito. Podría tener perfectamente 16 añitos, ¿verdad?
Regreso al presente:
Antes de que te limemos los dientes y te cortemos la lengua, ¿tienes alguna voluntad final, Imbécil Deforme?
-Yo siempre he educado a mis hijos en la solidaridad.

-Sí así fuera, dile a tu hijo que deje de patrocinar este programa.
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