Fumando el puro de la soledad

La lluvia cae diagonalmente, su trayectoria puramente vertical queda perturbada por el viento. Estoy a la intemperie con un bañador ceñido negro, en la terraza, fumando un puro en el cobertizo. Intento tener pensamientos de calidad, de aquellos que duran más de 20 segundos y están relacionados entre sí. Es complicado, todo son flashes de la noche anterior, inconexos, difuminados. Cuchillos, perros comiendo carne cruda, luces estroboscópicas, corbatas Armani. Extraño todo, ciertamente.
Mi piel se eriza, el puro se acaba. Y los pensamientos de calidad no duran ni 4 segundos. Mermelada de hígado, cervezas de fresa, mangos con marihuana.
Extraño todo, ciertamente.
Pero si todo fuera mínimamente normal, no sería lo mismo. No valdria la pena escribir sobre ello, para eso ya tenemos al 99% de la blogosfera y al 100% de protestantes y al total de neoliberales de Groenlandia.
Entro en casa. Me ducho con agua fría y esnifo. Estoy tremendamente solo en este planeta. Salvo aquella gente que está condicionada a mí por temas económicos. El deterioro de las relaciones personales está en el haber de los acaudalados. Saber que le interesas a la gente por alguna razón no filantrópica y al mismo tiempo hacerles entender que ellos no te interesan por ningún tipo de motivo, produce un bienestar reconfortante. Afrontar la soledad con mujeres de pago es el pensamiento de calidad que tengo ahora. Dura 7 segundos. Todo un récord. Enciendo el equipo de música y otro puro. Suena Death in June. Incitan al suicidio, por eso me gusta, porque no da ganas de vivir.
El 2010 comienza con proyectos encima de la mesa, todos con rentabilidad probada. Venta de plantas carnívoras eléctricas, tangas fosforescentes, 16 posts mensuales, 50 polvos diferenciados al mes, dos publicaciones.

Soledad indefinida. Indiferencia garantizada. Felicidad edulcorada. Vanidad diseminada. Y sucedáneos de vino de arroz.

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