Flurp flurp Revolution: Round II

Amunike, ese gran amigo que todos tenemos. El Dios de quedar con tías que no conoce de nada y cagarla hasta el fondo. Me ha mandado un fabuloso correo que tengo el placer y el honor de compartir con vosotros.

"Las fotos que me pasó eran tremendas, increíbles. Morena, ojos claritos, una mirada de come pollas, vaya. No sospeché que todas sus fotos fueran de su cara o de cuando tenía 14 años, me ponía cachondo y me daba igual. La tía me entraba por msn siempre y quería quedar...total, que me decidí sin pensarlo y quedamos para tomar algo e ir a cenar. La pasé a buscar con la moto a eso de las 22h. Había una tía que estaba esperando en la esquina dónde habíamos quedado y cuando me acerqué a ella para decirle si era Juanita, me dijo-no gilipollas-. Mierda, pensé. Bueno, seguí esperando y me fumé un cigarro. De lejos, escuché un sonido, como de un trapo arrastrándose por el suelo, algo extraño. Ya sabes que creo en los fantasmas, y pensé que sería algún familiar mío de la Edad Media que regresaba de las catacumbas para jugar al ajedrez. Pero cuando apareció el fantasma resultó ser algo redondo, grasiento, bajito, con una especie de bufanda de pobres, un perfume horrible, pegajoso y barato. Una gorda en toda regla, un adefesio tan horrible como la torre Agbar o la placa solar del Fórum o el sistema de alcantarillado de los barrios bajos. Como no, era Juanita, la chica con la que me había pajeado durante un mes y que por fin tenía la -puta mala-suerte de conocer. Se abalanzó sobre mí y me abrazó hasta casi tumbarme y como estaba apoyado en la moto casi puede tirar 250 kilos en total. No podía irme, mi tierno corazón se llenó de compasión y mi humildad no quería que la pobre chica, que ya empezaba a intuir que tenía problemas mentales, se suicidara aquella noche. Para subir a la moto fue toda una odisea, más o menos como lo que pasan los inmigrantes que vienen en patera. La chica no llegaba a subir a la moto, pensé que quizá necesitaría una grúa o unos cables o unas escaleras. Finalmente subió, después de tambalearse durante tres minutos y casi joderme las amortiguaciones. La llevé a cenar a un lugar erróneo, porque la impresionó. Error. Debería haberla llevado a un bar Manolo y pedir un par de tapas y unas bravas. Pero no. Me contó algo de su vida, como que había salido el fin de semana y se había emborrachado y que había hecho la croqueta por el suelo (¿en el asfalto?). Dijo que tenía unos amigos que se habían peleado con unos nazis en un concierto. Me pregunté por que ella no se había metido en medio. Seguro que los tipos se hubieran largado escopeteados. Habló de no sé que cosas más y estuve a punto de dormirme. Intentaba fumar cigarros para no desfallecer. Asentía y decía si si a todo. Ella parecía no darse cuenta, jugaba con el cenicero y se colocaba el escote constantemente. Tenía unas tetas escandalosamente grandes, tamaño ombligo. Finalmente le dije que el día siguiente trabajaba y que tenía sueño. Repetimos el numerito para que subiera a la moto. Estaba hasta los co**nes de mi fracaso nocturno. Al final de todo me dijo que quería ver mi dúplex. Es decir, como no me he atrevido a decírtelo a la cara aprovecho que estás conduciendo para pedirte que me folles y que hagas botar mis michelines. Y una mierda te llevo a mi casa. Y una mierda. Y una mierda.
Subimos la cuesta hacia su casa a 20 km/h y finalmente la dejé. Respiré aliviado y borre su número de mis contactos. Ahora solo quedaba ponerle un noadmitir en el msn y listos".

Amunike, no cambies.

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