Flurp flurp

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Es un riesgo quedar con tías que has conocido en Internet, pero cuando te deja la novia y tu mano tiene callos de las pajas que te haces, quizá sea la única salida gratuita que te queda. Es peligroso, no porque te pueda pasar nada, sino porque te puedes encontrar con un adefesio más bizarro que un cuadro de Picasso o un relato de Bukowski.

Amunike había visto 3 fotos de Catalina, las 3 borrosas; y en una ella llevaba una gorra y salía a una distancia de unos 200m del objetivo. No era un buen comienzo. Puede que la chica fuera tímida, solo eso.
Después de pelársela 5 veces en una tarde, Amunike sintió que había llegado al fondo de un pozo, del que solo podría salir si un par de tetas se asomaban por el agujero y le daban fuerzas para subir la escalera de cuerda. Hacía un tiempo extremadamente caluroso y Amunike pensó que podría quedar el día siguiente con Catalina, su nueva amiga del chat, para ir a la playa. Así romperían la vergüenza y la cosa podría ser más directa.

Abrió el MSN, estaba ella:

-Qué calor...-la estrategia de Amunike estaba en marcha.
-Uff! ya ves- no era una chica de grandes comentarios, aunque podría tener grandes tetas, pensó Amunike.
- ¿Qué te parece si vamos a la playuki mañana?
-¡Qué divertido!, ¿quedamos por la tarde?
- A las 6 en la parada de metro de la Barceloneta.
-¡Muy bien!

Esa noche Amunike se resistió a pajearse de nuevo, tenía la esperanza de poder descargar mañana en el mar, con la chica montada encima suyo botando y gritando ante las miradas incrédulas llenas de envidia de los bañistas.

6 de la tarde. Parada de metro de la Barceloneta. Amunike llega con su moto y aparca, lleva una camiseta de tirantes que marca sus enormes y fibrados brazos, se coloca bien las gafas. Mira en el espejo del retrovisor y ve que está guapo y le queda bien el pelo. Saca el móvil, no hay llamadas perdidas. Hecha una ojeada a la boca del metro, no hay chicas. Bueno sí, hay una. 1.60, 100kg, morena, con unas piernas más jamonas que un barril de Heineken de 5l. Mierda, la llama, el adefesio de grandes piernas saca el móvil y hecha una ojeada atisbando los posibles Amunikes, lo reconoce. Es ella. Mierda, mierda. Es tarde para pillar la moto y largarse. Esboza una sonrisa tan forzada como la que le dedicaba a su abuela cuando tenía 15 años y todavía le traía caramelitos de regaliz.

-¿Eres Amunike?, la chica sonreía de oreja a oreja. Amunike se fijó en que tenía una pasa gigante en el labio, algo infectado. Amunike pareció ver como le brotaba algo de pus. La chica se acarició sensualmente el pelo y Amunike le recordó a un rabo de vaca bamboleándose para apartar las moscas.
-Sí...-titubeó Amunike, ahora se fijo en sus pechos, caían hasta el ombligo, y se dio cuenta de que el sujetador que llevaba tenía un soporte de alambre.
-¿Vamos a la playa?-Catalina parecía encantada con su nuevo amigo.
-Eh...sí, bueno, vale.
Empezaron a caminar en dirección a la playa, Amunike escuchaba un "flurp, flurp", como de una ventosa. La chica se dio cuenta de que Amunike se había dado cuenta.
-Es que con mis 115kg cuando llevo chanclas hacen ese ruido pegajoso, y a parte me sudan los pies y se mezcla todo.¿sabes? jijijiji-Una risa coqueta, lo que faltaba.

SMS de Amunike a Juan: cabrón llámame, estoy jodido, sacame de ésta, por favor.

El politono con la canción de Pixies, "Where is my mind", sonó por fin en el bolsillo de Amunike. Te quiero, Juan, pensó aliviado.

-¿Sí?Coño, ha muerto tu madre! no me jodas, bueno no te suicides ni te metas caballo, ahora vengo.

-¿Qué pasó?- El rostro feliz de Catalina se desvaneció como la ilusión de aquel que le toca la lotería pero se da cuenta de que seguirá siendo igual de gilipollas con un poco más de pasta.
-Un amigo ha perdido a su madre, tengo que ayudarle.
-Vaya, siempre que quedo con chicos me pasan cosas así. Un día uno me dijo que daba comienzo la III G.M y que tenía que irse a Suiza a un refugio nuclear de un amigo. Otro dijo que su madre se había caido por las escaleras de un hotel de viaje a Pekín y tenía que ir a ayudarla a levantarse porque los chinos son muy bordes y nadie quería ayudarla. Y ahora tu, que raro.

-Sí, sí, bueno, verás, me voy. Adiós.
-Vale, adiós. Flurp flurp.

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