Firma zambombera en libros ajenos

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EN LA CASA DONDE HE DORMIDO HABÍA ESTO:

La noche fue más corta de lo esperado pero mucho más intensa de lo previsto. Pero antes asistimos a la lectura de un señor molón que ganó un premio y se lo curró haciendo una doble voz, bebiendo agua y antes hablé con él en la calle, fumando. En la entrada, bajó el Journalist a recibirnos. Llevaba un Pin. Yo no. Me regaló su Pin. El lugar estaba lleno de pivones. Pero era pronto para hacerse una paja. O no.
Salgamos de dudas:
Me meneo la zambomba en el ascensor. Luego bajamos en la planta 2 con mi zambomba bien erecta, como saludando a sus compañeros de profesión con empatía y amor, y me acerco al punto de venta de libros.
Dos chicas tratan de ver si lo que están viendo es cierto. Pues claro que sí, muchachas, mi zambomba no engaña.
El tipo de seguridad se acerca.
-Hola, mozalbete. Tendré que llamar a la policía, estás molestando a la señora.
-Las señoras de más de 45 años no son mi objetivo. Por mucho que sean escritoras. A mi me molesta su corbata, pero no me lo tomo como algo personal.
-Comprendo, pero tienes que irte.
-No me tutee. Y a mi zambomba tampoco. -Y aquí mi as en la manga-
Mire, señor de seguridad. Usted debe estar aquí por si hay terroristas con barba o por si se cuela Paulo Cohelo. No debería interrumpir a los artistas que están trabajando.
-¿Cómo?
-¿No ha visto el cartel? Es mi actuación. Se llama "Practica chica que al final salpica". Es un taller literario ambulante. Se trata de firmar ejemplares con salpicaduras de mi zambomba.
La idea es la siguiente, señor seguro. Las firmas de libros son una mierda. Un tío escribe cualquier mierda en la primera página. Y luego eso te hace ilusión. Pero eso es como muy mainstream. ¿SABE? La idea es petarlo un poco. Entonces he inventado la "firma zambombera en libros ajenos". Me traes tu libro, me la sacudo, y conseguimos así eliminar la primera página porque se pega con la número dos y con la solapa. Es decir, que nunca más este libro podrá ser firmado. "Si no puedes con el enemigo, machácalo". Esto lo dijo Sara Carbonero parafraseando a Maquiavelo.
-No entiendo lo que me estás contando, mozalbete. Deja a las señoritas en paz.
-No, las señoritas menores de 45 años me generan mucha empatía y cariño. Igual que a mi prepucio Montblanc. Mire la cola que hay para sacarse fotos con mi pluma. Y encima, recientemente, he aprendido a dedicar libros de fotos.
-Está bien, veo que estás en el cartel del festival.
-Pues claro que estoy en el cartel del festival, lo he firmado yo, todo. Con lefa verde. Una receta ancestral cuyo momento de gloria se remonta a Chernóbil.
Luego tomamos café gratis. Enlatado. Y me encuentro a mi médico, que es mujer y tiene como 50 años pero se conserva extrañamente bien. Como los mosquitos en ámbar. Igualmente tiene 200.000 arrugas repartidas por la cara. No la saludo. Me la sacudo. Quiero firmar más libros.
Pero se acaba el festival después de una danza con tíos en pañal, algo amorfos, y una chica madurita muy mona. Muchas pijas miran con curiosidad. Yo miro sus nalgas. Las mido con la mirada.
Podría escribir aquí lo que viene al salir del festival. Pero, como afirma Adam Smith, divide y vencerás. Lo menciona Sara Bukkakero en el diaro Parca. Más, en breve.
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