Estrenando barco en un bar (o el neoliberalismo punk)

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Elegimos un bar cualquiera, de estos donde el café vale 1,1€ y la camarera padece un ligero sobrepeso que disimula con un delantal negro manchado de materia de origen desconocido. El plan es sencillo, fácil, manejable y técnicamente viable. El único requisito para llevar a cabo la hazaña es el gran ventanal que tiene el bar en la entrada. Los cristales, eso es lo crucial. La nueva teoría de la destrucción gratuita, surgida en los suburbios de Detroit y encabezada por un gurú del techno old school, es la siguiente:

Romper un cristal cualquiera es tan digno como estampar una botella de champagne en la proa de un barco para celebrar su partida.

Tomando esta premisa, compramos algunos bates de béisbol en las tiendas de los chinos, por unos 6€ cada uno, que tras cierto chantaje emocional nos salieron gratuitos.
La moralidad del acto está plenamente justificada. En realidad tiene como fin reanimar la economía española a pequeña escala. Si rompes cosas, las aseguradoras intervienen, y las empersas (de cristales en este caso) tienen que producir de nuevo para reparar el daño.

Esta es la nueva idea del capitalismo tardío filtrada por el neoliberalismo punk, destrozar cosas para reactivar la demanda. En este sentido, los griegos son especialistas. Ellos destrozan de todo, bancos, calles, basuras, gente, casas, y así las reparaciones reactivan la economía.

Nos situamos en el local, en el bar a punto de ser destrozado. Pedimos un par de vodkas con limón y fumamos un cigarro liado que luego apagamos en las ensaimadas. Llega el niño brasileño subcontratado con los bates de béisbol, lamemos la punta de metal con pinchos hasta que nos sangra levemente la lengua. La sangre siempre ayuda en momentos de destrucción,; asís lo afirma Marilyn Manso(n) antes de follarse una cabra en uno de sus conciertos.

Para generar más espectáculo decido lanzar el bate directamente contra la puerta, sin darle propiamente un mazazo. El señor en paro que está tomando un carajillo pagado con nuestros impuestos cae de espaldas y sufre una pequeña fractura de cráneo, que le será curada gracias (de nuevo) a nuestros impuestos. El cristal se parte en dos y luego se funde en centenares de pequeños trocitos. Un perro de una vieja que cobra el subsidio por viudedad (ella, no el perro) pisa los cristales y pierde dos patas. Pero ya sabemos que a las viejas los perros inválidos les molan. Es de suponer que cuando estás al borde de la muerte rodearte de seres imperfectos te hace sentir mejor.

Tras el cristal destrozado, decidimos ayudar a la sociedad y destrozamos la máquina tragaperras, así liberamos la caja y comienzan a volar euros y monedas de 20 céntimos por el aire, y un vagabundo cruza la calle para pillarlos del suelo y luego poder comprar un bric de Don Simón.

La belleza del momento tiene un aire de Tarantino en sus películas de serie B. Y entonces recuerdo la charla que tuve esta semana con un amigo cineasta.
"Me interesa el cine europeo, pero busco el equilibrio entre su temática y el espectáculo del New Hollywood". En ese momento estaba labrando mi jardín Zen y la frase tuvo un impacto estimulante en mi mente.

Cristales rotos, tragaperras destrozada; atacamos la máquina de tabaco. La idea no es liberar a los fumadores, sino quedarnos con todos los cartones para luego revenderlos por e-bay con pequeños órganos de zebra dentro para hacer trasplantes de ojos en Oriente Medio.

Este conjunto de acciones son alentadoras. Tenemos pensado sacar un libro y presentarlo a las editoriales de economía más agresivas, de estas que publican maravillas como "El líder en la empresa mezcla manzanas con peras", o "convierte tu empresa en lingotes de oro". El título que propondremos es "Destroza y lidera" o "Bukkake emprendedor". El libro irá acompañado de un punto de libro-cuchilla que servirá para rajar a los proveedores que no paguen.

El barco ya ha sido inaugurado y ahora ya puede partir en busca del océano y la mancha de petróleo de la costa americana.

Respiramos tranquilos, salimos del bar con gafas de sol, el perro inválido se retuerce por el suelo y se hace más cortes. El vodka se recoloca en nuestros intestinos. Los bates de béisbol serán vendidos a un grupo de radicales de izquierdas que piensan que la crisis hará venir al comunismo leninista.

El barco zarpa hacia un futuro mejor, mucho mejor.

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