Esquiando hacia el sol: la ostracista y calurosa vida del robot Snow Flow Turbo Kompressor 2.93

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Los robots son unas personas encantadoras. Hay quién dice que no son personas. Es mentira. Tienen 5 miembros y cabeza. Es decir, redundo, son humanos. E incluso más interesantes que muchas otras personas. Pero menos que yo, o que Abulah VII.
El otro día estaba mirando al sol con las New Wayfarer. Antes de tirarlas por un acantilado y ver cómo se iban haciendo pequeñas y hacían un apenas audible "¡clec!", me encontré un robot (el nombre que me dijo es demasiado largo así que mejor mirad al título del post de nuevo). Iba esquiando, con toda la calma del mundo, flotando en una corriente de gases provenientes de lo más recóndito del acantilado. Llevaba una mochila cargada con utensilios que las personas corrientes usamos a menudo. Aceite, carburador, maquinilla de afeitar, placas de metal, un aparato para dar cuerda. Su casco era de submarinista,  en épocas anteriores a Vaqueira, quizá también había hecho snorkelling de turista en Koh Samui. Sin más dilaciones, le pregunté su nombre (revisar el título del post) y le dije:
-Joven robot, explícame tu vida. Tal cual, no te cortes, amigo.
Y me explicó lo siguiente:
-En mi placa dice que me fabricaron en China en el siglo XIII. Pero es mentira. Me fabriqué yo mismo. En 1921 conseguí los esquíes laminando antiguas bombas usadas en la I G.M. En 1929, compré el casco de segunda mano a un joven brocker arruinado por el crack. El resto, entre 1940 y 1975, lo robé emborrachando a chicas que trabajaban en supermercados.
-Desde 1975 hasta ahora. Nunca había salido de casa. Estaba mirando la tele. Cambiando de canal cada 20 segundos. Fumando habanos y lamiendo cortezas de cerdo. 
-Ayer, justo ayer, 03 del 01 de 2011, decidí ir a esquiar y, de paso, hacer un viaje a nuestro gran astro, el Sol.
Quería preguntarle más cosas, pero como siempre interrumpo todos los relatos que me cuentan, decidí permanecer callado.
-Salí de casa al fresco, con los huevos cargados de aceite. Pensé que, al llegar al Sol, podría freírmelos y comérmelos. Como hacen los humanos a menudo al pagar los vacaciones a crédito.
-Como decía, salí ayer de casa. No te lo creerás, pero no me he movido. Es decir, resulta que lo único que hago es flotar en esta nube de gases de origen desconocido. Doy vueltas sobre mí mismo. Lo que pasa es que no me veías porque llevabas las New Wayfarer.
-Es posible que nunca llegue al Sol. Igual de triste que las viejas que leen a Punset creyendo que entenderán algo y que así serán un poco más felices. O, como decía, cuando pagas las vacaciones a crédito y piensas que lo pasarás bien. 
No tengo amigas, pero eso no me preocupa. Porque si me he construido a mí mismo desde 1921 puedo construir unas amigas cachondas. De estas bien cerdas, de las que la chupan y tal.
-Ahora, si me disculpas, seguiré mi viaje hacia el sol, dando vueltas sobre mí mismo con estos gases de origen desconocido.
Más tarde, revisando algunos apuntes en la biblioteca de Arte Babuíno Contemporáneo, descubrí el origen de los gases. Provenían de sí mismo. Del robot, cuyo nombre está en el título del post. 


Por cortesía para con su familia inexistente, no diré el lugar exacto del que provenían sus gases.
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