Escritores visionarios, por favor, dejen de hablar de la crisis. No necesitamos más visionarios ingeniosos y apocalípticos. Ya hay suficiente gente en paro.

Detecto no sin cierta perplejidad un crecimiento exponencial de escritores, especialmente nacidos en los setenta, que se han lanzado a escribir absortos acerca de los estragos de la economía liberal de los últimos años. El hundimiento del estado del bienestar, el consumismo, Wall Street, los brokers, 'El Sistema'. Y todo ello, claro está, proyectado hacia un futuro cercano apocalíptico, gélido, hostil, desolador y bla bla.

Los economistas son conocidos por ser absolutamente incapaces de prevenir el futuro -lógico, por otro lado, su trabajo es pensar en ganar siempre, sean cuales sean las circunstancias, que es un tema secundario-. En cambio, los escritores pueden perfectamente anticipar y dejarse llevar por sus inclinaciones, en todo momento y en cualquier época. Algunos lo harán bien y otros mal, claro está. Y ahora resulta que lo fascinante es anticipar un futuro negro, básicamente analizando un presente ya nefasto, y multiplicándolo sencillamente por 100. Me pregunto a qué se dedicaban hace diez años, sobre qué temas escribían, aunque me da la sensación de que no tenían ni puta idea de sobre qué coño escribir. Quizás sobre el amor, las infidelidades y la precariedad emocional, que es, de nuevo, algo obvio y fácil hace diez años o más. Y gente que malvive con un sueldo de mileurista pero que no alcanza a descubrir las 'atrocidades del Capital como sí es evidente ahora. Es como si el hecho de que el sistema haya mostrado toda su crudeza haya dado sentido literario a toda una tropa de escritores con nada que perder y muchas ganas de trascender, que han pasado del personaje mileurista, alienado y follador y mediocre a una especie de concepción holística del zeitgeist occidental (ahí es nada) basada en este mundo corrompido por todas partes desde unas altas esferas inalcanzables.

No hace falta haber leído mucho para ver el escaso efecto que este tipo de 'profetas literarios' despierta. Houellebecq, en 1996, llevó a la cima con Partículas Elementales el desespero supremo con el tema emocional-occidente-decadencia moral, sexo y blabla. Tema que sin embargo cientos de escritores españoles han abordado como si nada en los 2000.
En cuanto al tema de la economía y los nefastos efectos ya tenemos a Bret Easton Ellis. En efecto, no es que él anticipara ningún tipo de crisis cuando escribió American Psycho, pero es evidente que un tipo como Patrick Bateman acabaría llevando junto a sus colegas el mundo hacia tal y como está ahora. Sustituyes una peli tan básica como Matrix y en vez de códigos verdes metes números bursátiles, un Patrick Bateman malo y un mileurista hecho polvo y te sale un combo parecido a lo que muchos escritores andan creyéndose auténticos fuckers y descifradores de una contemporaneidad, lo siento por ellos, más evidente y pornográfica que nunca para cualquiera.

Los buenos libros sobre la crisis son los ensayos, interpretar datos, estudiar evoluciones, relacionar fechas, cifras y personas, con un trabajo riguroso que permita diseccionar cómo se forjó el percal actual. Pero para que me cuenten la vida y miserias del brocker de turno, el pobre joven perdido, consumista y aguerrido, y cómo la gente compraba acciones sin saber que estaba hundiendo el futuro de sus hijos, ya tengo suficiente con la prensa cutre del día a día y con economistas tan palurdos como Salita y Martinito.

Venga, un poco más de imaginación y menos pajas mentales que Don DeLillonya se quedó a gusto con Cosmópolis más de una década atrás.

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