Error Humano

Salgo de mi casa mientras los últimos recuerdos del libro Error Humano, de Palahniuk se amontonan y distorsionan en mi cabeza. Llevo el portátil en mi mochila, junto con la edición conmemorativa de Cien años de soledad. Ando de prisa, no hay tiempo que perder, las ansias de escribir me poseen. Bajo por las calles de Gracia hasta Virreina, donde encuentro un una mesa en un bar, la más cercana a la calle. Apago el iPod, con la canción de Gui Boratto, Beautiful Life, A medias. He dormido 11 horas y he hecho una siesta. Ahora me siento nuevo, fresco, a punto para descargar en las teclas del portátil. Resulta que la conexión a Internet del bar se la roban al de al lado, cosa que no me importa en lo más mínimo. 

Por ahora hace un mes que abrí este blog, quizá un mes y una semana. Pienso en ello y en la posible relación que tiene con mi salida de una profunda depresión. Me pregunto si a Palahniuk le pasó una cosa parecida. Recuerdo una parte de uno de sus relatos en Error Humano; se afeitó la cabeza con una cuchilla el día antes de ir a Hollywood para reunirse con el guionista que iba a dirigir la película del Club de la Lucha, el libro que le catapultó a la cumbre. La loción que us advertía que era absolutamente incompatible afeitarse la cabeza con cuchilla y usarla. Se pasó toda la noche con la cabeza supurando sangre y pus. Y el día siguiente a Hollywood. Así es la vida.
Por ahora me separan 430 enlaces del blog de Eduardo Punset. Y unos 20.000 de Microsiervos. Me pregunto cuanto tiempo tardaré en rebasar su popularidad. Cuanto tiempo tardaré en poder vivir de este blog. Me preguntó hasta que punto soy ingenuo. Hasta que punto debo creer en la basura que escribo. Tengo 22 años. Y tengo tiempo. Tengo maestros impresentables, blogs por descubrir y un par de manos que se rinden ante mis impulsos y transcriben las bocanadas que emiten mis neuronas desbocadas. Fumo un cigarro detrás de otro. 
He pedido un café con leche corto de café y pienso si lo pagaré con un billete de 5 o de 10. Pese a la crisis, los bares siguen llenos de gente contando sus jodidas vidas y bebiendo cerveza. Quizá sea eso lo que se sigue haciendo, y se hará siempre, por muchas crisis que haya. Hasta que el ser humano vuelva a su condición animal. Entonces no habrá cerveza, ni bares. Sólo destrucción y muerte. Un tema de Vitalic, un Dj francés al que he visto dos veces en directo, acelera todavía más mis manos, no puedo parar de escribir, de vomitar. Me quedo en blanco. La chica que me ha servido el café no es muy guapa, pero lleva unas Converse como casi todas las tías del mundo. Me da rabia que Converse la haya comprado Nike. Jodidas multinacionales, jodidas absorbedoras. Las bambas  se venden en Footlocker, en medio de camisetas de talla XL que compran raperos y colgados por estilo. Acaban de llegar dos amigos míos, uno es un consumista entregado y el otro un brasileño afro. Pero los quiero.
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