Entrevista

Una chica de 25 años me esperaba en un café del barrio de Gracia de Barcelona a las 17:00h. El propósito del encuentro era, sorprendentemente, hablar de mi trabajo como escritor. La chica, que llamaré Joseline, seguía mi blog desde el primer mes de su creación y cuando me contactó por correo, no escatimó en alabar mi obra, y calificarme de transgresor posmoderno, genio descerebrado y polemista consumado. Como fracasado crónico, me sentí incómodo ante tal colección de alabanzas y, para digerirlas, me emborraché con cerveza de importación alemana, cuyo nombre no recuerdo. Como periodista, Joseline trabajaba en una revista on-line que se distribuía a razón de 15.000 descargas mensuales. Una de las políticas de la editorial era dar a conocer blogs de carácter emergente que tuvieran connotaciones artísticas e influencias literarias notables.

Llegué a la cita tres cuartos de hora tarde, tambaleándome y golpeando a los transeúntes debido a mi dificultoso avance por la calle en forma zig-zag. La reconocí de inmediato, era la única mujer sola sentada en el local. En su mesa, tenía una copa de vino tinto y un paquete de tabaco entreabierto, con el mechero guardado dentro. Me senté penosamente y mostré una media sonrisa. Me sentí patético, pero estaba acostumbrado a ello. No me excusé por el retraso, ya que di por sentado que estaba hecha a este tipo de situaciones.
Estaba sudando, posiblemente por los efectos todavía presentes del ácido que había tomado la noche anterior.
Joseline, enfrente mío, parecía una dama surgida de la finura en su grado más alto de perfección. Llevaba un toque de maquillaje y los labios pintados, las pestañas alargadas con rimel. Sacó de su bolso una libreta Moleskine de color rojo, edición especial 2009, con bloc de notas en la parte de atrás y un bolígrafo caro. Su atenta mirada la mostraba dispuesta a tomar nota de todo aquello que yo le pudiera decir acerca de mi mismo y de mi trabajo.
Me saludó cordialmente y me ofreció un cigarro que acepté al instante. Pedí una cerveza al camarero imitando el acento francés, sin saber porqué.
Joseline, antes de empezar a hablar, sacó un estuche Gucci y extrajo unas gafas de pasta negra, se las puso coquetamente y, al mirarla a los ojos, pude ver un azul claro fusionado con un gris casi traslúcido.
Hablamos del tiempo y yo le comenté que ése mismo día habían asesinado, con un tiro en la cabeza, en una calle a 3 minutos de dónde estábamos, a un gran empresario, capitán de varias empresas líderes en el sector hotelero de la ciudad. Ella me dijo que lo había leído y que le parecía irrelevante y que se le estaba dándo una cobertura morbosa y alarmante. Sí, añadí, Roberto Saviano es un tipo de puta madre, a ver si vive algunos años más y no le pasa lo mismo.
- Si te parece, pasemos a hablar de tu blog.
- ¿Por qué no llevas escote?, por el volumen que entreveo detrás de la camiseta, tienes una 90, más que suficiente para deleitarme con una buena porción de tus tetas.
- Sí, perdona Vanity, tengo una camiseta de tirantes debajo, ahora mismo la verás.
Por fin conseguía la primera erección natural del día.
-Gracias-reprimí un eructo. Verás, para mi la escritura tiene un fin terapéutico, más o menos como cuando bebes demasiado y vomitas para sentirte mejor. El mundo me satura de estímulos, como a mucha gente. Para mi es imposible tragarme este maldito bukkake, con lo que necesito revertir el proceso y devolver los estímulos como si se tratara de un partido de Tennis. Se genera un intercambio de información constante entre el exterior y el interior, que baja o sube de intensidad dependiendo del estado de las cosas y mis pensamientos.
Perdona-continué-, te importa si me voy a hacer una paja al baño?. Joseline no pareció sorprendida por la petición.
- Mira, Vanity, me apetece chupársela a alguien, déjame comerte la polla un rato. ¿vamos al baño juntos?
- Asentí. Sin saber muy bien como, caí de espaldas al suelo, la silla de madera se partió en dos y las patas delanteras rodaron por el suelo del local.
Joseline pagó la cuenta y me cogió de la mano para acompañarme al baño.
Una vez dentro de la puerte de hombres, me bajó la bragueta y se introdujo mi polla en la boca.
Recordé que tenía un rotulador grueso en el bolsillo del pantalón, lo llevaba ahí para pintar todos los cristales de los BMW que no eran míos. Mientras me estremecía de placer y estaba al borde del orgasmo, escribí Vanity Cummed Here.
La entrevista, que luego continuó en el jacuzzi de un Hotel de 4 estrellas de Paseo de Gracia, salió publicada en el número de Marzo y, curiosamente, alcanzó las 20.000 descargas.

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