En manos de un chófer con un BMW serie 7 dirección Tomorrowland

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Salimos del Hotel con Giovanni sobre las 12 de la mañana en dirección Tomorrowland. Nos espera un día largo. Nos mandarán a la sala de prensa, nos presentarán al jefe del tinglado que atraerá a 180.000 personas en 3 días y luego podremos deambular libremente por las hectáreas del festival, con el miembro predispuesto a saludar a aquellas interesadas en salir en una crónica. Bajamos al Hall, me presentan a un periodista de L.A, a una gordita que va con chanclas que viene por un medio musical indio. A un tipo que es el manager de The Strokes que me da su tarjeta. Por cierto, al periodista de Los Ángeles le falta una mano, pero igualmente quiere drogarse, afirma. Me presentan a un chico francés que lleva una web muy potente. Y a uno de los que serán mis mejores compañeros del festival, un londinense completamente absorto en su portátil. Este es más o menos el panorama que me acompañará. Llega la camioneta Mercedes para los periodistas. Se llena rápido. El chico que lo organiza todo, belga, hace pinta de haber dormido poco. Como todos. Yo he llegué ayer, jueves, por la noche, y entre tweets y cigarros en el Hall me acosté tarde. Suben todos los periodistas menos Giovanni y yo. Porque nuestros cigarros nunca se acaban. El chico belga nos llama. Sus ojeras sonríen.
-Hey guys, another car is waiting for you. -Resulta ser un BMW serie 7. Con chófer, por supuesto. Si me dejan este buga a mi podrían darse ciertos accidentes en cadena por la autopista. Giovanni y yo nos miramos. Sonreímos. Parece un trayecto divertido.
Entramos en el coche chasqueando los dedos. Como si fuese poco, nuestro destino es el mayor festival de Europa en cuanto a medios y despliegue se refiere: Tomorrowland. El asiento de atrás solo tiene capacidad para dos personas. El coche mide más de dos metros de ancho, lo que nos coloca en posición de emperadores egipcios. Todo de piel clara, lleno de botones extraños y joysticks. Dos pantallas planas. Techo de cristal. Apoyabrazos monstercock. Giovanni saca su conejo de peluche de color rosa y lo coloca en el cenicero. El chófer tiene un iPad.
-Este suele ser el coche de Tiësto, así que hoy le vais a calentar el asiento. Portados bien. Estáis montados encima de 130.000€ con ruedas. Mientras el chófer nos cuenta algunos detalles del festival, Giovanni toca un botón y su asiento comienza a elevarse, hasta tal punto que su sombrero de Charlotte toca el techo. Sacamos un alijo de coca y le pedimos al chófer el iPad. La parte trasera metálica es ideal para esnifar. Cae una suave brizna de lluvia. Pero el chófer abre el techo. Nos mojamos. El agua fría y la coca al mismo tiempo son balsámicas, y nuestros orificios nasales despiertan de un largo letargo. En la pantalla ponemos dibujos animados. En inglés. No entendemos nada, ojalá pudiera volver a tener 9 años y poder seguir el impactante argumento, tiene una pinta tremenda.
Me abrocho  el cinturón y reclino el asiento hacia atrás, me quedo como si estuviera en un gandula, la misma que usan los protagonistas de la película de Las partículas elementales, que recomiendo encarecidamente.
Pasamos por decenas de casitas iguales que valen bastante dinero y que son ideales para grabar películas de miedo. Luego llegamos al festival, entramos por el caminito de "Artist and Press". El coche para delante de la entrada, nadie puede vernos a través del cristal tintando. Me coloco las Ray-Ban Wayfarer y abro la puerta. Un sendero de madera nos conduce a la sala VIP. Nos informan de la barra libre.
Damos las gracias al chófer, casi de rodillas, por su destreza automovilística.

Nuestro amigo Giovanni lo afirma: Tre giorni di festival  Ahora, a por el primer gintonic.

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