En el suelo

Llegamos a la rave a las 6 de la mañana. Ni el GPS indicaba con exactitud el camino para llegar. Estaba oculta en una de las montañas que hacen frontera con Francia. En Andorra apenas se celebran fiestas de ese tipo, con lo que haberse enterado de una movida semejante ya era todo un privilegio. No poseíamos drogas, pero esto nunca supone un problema ya que siempre encuentras a gente amable que está dispuesta a subministrarte todo lo que necesites. Los yonkis son siempre amables, te piden un cigarro, te tocan una canción con su flauta de mierda, te dejan acariciar su perro enfermo, te babean sin darse cuenta. Un encanto, ¿verdad Felt?. Las similitudes entre un yonki y tu son varias y abundantes. Te drogas, fracasas en la mayoría de tus metas, apestas, te gusta la electrónica y dormir en la calle. Ese tipo de cosas.

La música oscilaba entre en Schranz y el Drum'n bass. Que nadie se ofenda, pero conforman los últimos resquicios de la decadencia de la música electrónica. B
Bailamos entre punks y algún que otro pijo camuflado con su Porsche aparcado en el camino de tierra. La velada transcurrió sin incidentes y sin sexo. No me gustan las chicas con rastas (la mayoría, alguna sí) ni los perros con pulgas.
La maravilla de la noche la protagonizó un francés. Se desplomó al suelo debido a su elevada dosis de MDMA en el cuerpo. Se abrió una ceja al darse contra el suelo y golpear una piedra con la cabeza. La sangre brotó de su corte y se deslizó por toda su cara, impregnando su nariz y recorriendo la comisura de sus labios. Con los ojos cerrados, perdió el conocimiento. Una de las pocas chicas decentes se acercó a él y le golpeó suavemente en las mejillas con la palma de la mano. Al despertar, ella sacó un kleenex de su bolsillo y le secó la herida con cura. El tipo, que posiblemente hacía meses o años que no tenía una mujer tan cerca, abrió los ojos y al verla se abalanzó encima de ella. Sacó la lengua -que se tiñó de rojo pasión al segundo- e hizo ademán de lamerla. La chica permaneció inmóvil y continuó limpiándole la herida. El chico se calmó y se metió una mano dentro del pantalón y procedió a masturbarse alegremente. La chica le secó la herida y le dejo en pleno orgasmo. Toda una mujer, todo un capullo.

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