En el balneario

Cuando te ofrecen pasar un fin de semana en un balneario con todos los gastos pagados es difícil decir que no. Estar rodeado de viejos de 90 años que comen a la 1 de del mediodía y cenan a las 8 de la tarde no es una actividad frecuente en mi cotidianidad. Piscina de aguas termales, champagne en la habitación, masajes Shiatsu, lectura en hamacas regulables.

Encontré espacio en el párquing y dejé el Porsche a la sombra y protegido de las manazas de los viejos ciegos que andaban por ahí dándo golpes de bastón a las ruedas, creyendo que eran pequeños demonios enviados por Lucifer.
Fui recibido, a petición mía, por dos chicas en bikini que me llevaron a la felación. Perdón, a la habitación. Al entrar, saqué el maletín plateado y elegí tres fajos de billetes. Colgué cuidadosamente dinero por todas las paredes. Billetes de 50€. Me gusta estar rodeado de dinero cuando duermo. La pasta es el ángel de la guarda de mi soledad. Me masturbé a consciencia y eyaculé por la ventana. Mi semen se esparció por encima de la terraza. La mayoría de abuelos creyeron que los pájaros se habían cagado, aunque discutieron durante un buen rato acerca de la viscosidad del material. Tiré una silla desde el tercer piso, hice algunas flexiones y me metí en el jacuzzi del baño. Leí "la intimidad como espectáculo" y fumé dos cigarros. De golpe, sentí un profundo malestar y decidí llenar el jacuzzi hasta el límite y hacerlo rebasar para inundar la habitación. El agua salió del baño, se expandió por la habitación y comenzó a mojar la moqueta del pasillo.Mi malestar desapareció sabiendo que los daños joderían a los abuelos y a la dirección del balneario. Me puse el albornoz blanco e inmaculado y salí descalzo al pasillo. Fui llamando a todas las habitaciones una por una, repartiendo mi libro y actuando como si fuera un vendedor de biblias.

-Señora, aquí tiene la Bíblia Posmoderna. Que pase un buen día.

Necesitaba otro baño. Bajé a recepción y me hice una raya en el mostrador, mirando el escote de la secretaria. Crucé el frondoso jardín fumando un porro de Marihuana-liado en el ascensor- en dirección a la piscina. El guardia de seguridad me dijo educadamente que no podía consumir drogas.

Algo colocado respondí lo siguiente:

-Tengo un cáncer de médula, el médico me ha dicho que es el último día de mi vida que puedo caminar. La única forma de conseguirlo es fumando esto. No me toques los cojones y colócate bien el peluquín.

Me sentí algo mejor pero quizá algo decepcionado por no haberle hecho daño físico. Me estoy volviendo una nena, me dije a mi mismo.

Llegué a la piscina y comprobé con mis propios ojos lo jodidamente feo que puede ser un cuerpo viejo, Berlusconi ha contribuído a ello y me ha marcado profundamente. Fingí tener un ataque de epilepsia-homenaje a Curtis- y algunos viejos se acercaron a ayudarme. Los otros seguían iluminados, hablando solos y paseándose oliendo las flores y frotando el trasero con las gandulas.
Conseguí vaciar la piscina cuando amenacé de un posible atentado. Un ejército de talibanes había sitiado el pueblo. Corrieron como una manada de ñus deformes y por fin pude bañarme en paz.
Por la noche, después de cenar, bajé con el grupo que me había invitado (ven Vanity, te vas a divertir, necesitas un descanso, hombre). Les hablé de mis nuevos proyectos con R.U.A y con FFF y de mi cambio de orientación académica. Cuando vi que ya no me estaban escuchando, les planteé la idea de formar un partido político llamado Vanidad Popular. Resultó que uno de los invitados sí estaba escuchando. Parecía el más gilipollas de todos. Bajito, con gafas John Lennon y perilla mal cuidada, me profesó lo siguiente:

-Eres un cretino, tus posts son caóticos y los haces sin pensar, escribes a destajo y encima desvirtuas todos los valores que podrían ayudar a remontar la moralidad perdida. No tienes sentimientos, eres un egoísta...
-Ya. Puede ser ¿Has comprado mi libro?
- No, ni pienso hacerlo.
- Bien, entiendo, me hago cargo de la situación, gracias por tu comentario. No dudes que me ayudas a ser una persona mejor, lo pensaré, de veras, sí, no te preocupes, gracias. Y una mierda, caraculo. Paso de discutir, las he visto de todos los colores, tu crítica tiene color a mierda. Te recuerdo un par de cosas. 1. mi nombre es Vanidad. 2. Mi trabajo requiere ir un poco más allá de lo que escribo-si se quiere, claro, o si se puede-. Es tu puto problema si reaccionas como un testigo de Jeová. Eres testigo de tu propio fracaso espiritual, de tu moralidad supuestamente superior y tus flatulencias por respirar mal al comer. Anda, lárgate que tengo ganas de cortar cabezas esta noche.

Todo el mundo me escuchaba de nuevo. Aproveché para cantar una copla que aprendí en el Norte de Argentina. Hice que los abuelos picaran de manos. 3 de ellos murieron por el esfuerzo.

Me levanté en la habitación cuando el sol ya había hecho acto de presencia. Tenía una de las camareras aferrada a mi brazo, durmiendo, desnuda.

Se me ocurrió el siguiente poema:

tu trasero bascula al andar
como una góndola en alta mar
sirves en bandeja mi soledad desamparada
y menudas tetas que no dejaré en la estacada

Pensé que Gil de Biedma debería temblar, si estuviera vivo. Me pregunté si el movimiento trash poetry tenía algun tipo de fundamento o escuela. Quién sabe.

Le di un beso en la mejilla y ella sonrió. Sus pezones se erizaron.
Supe que era el momento de marcharme.
Recogí algunos billetes de la pared, hice la maleta.
Abrí de nuevo el grifo del jacuzzi para indundarlo todo.
Bajé al párking-no sin antes pasar por la recepción y hacerme una raya en el mostrador-.
Encontré mi Porsche en la sombra.
Arranqué y puse en marcha los 320 Horse Power.
Y salí del balneario, bañado por la luz matutina y codeándome con el aire acondicionado y el volante de piel.

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