El zeitgeist festivo, la mujer Rohmeriana y la muerte del dj orangután

Una noche de 24 horas. 120 personas, una casa con 12 habitaciones, 4 burros, 2 caballos, 1 zebra y bonsáis con frutos exóticos miniaturizados. Chicas con camisetas transparentes, música algo fiambre, gafas de sol impostadas pero necesarias. Rayas de coca en el comedor. Al llegar a la casa, tras poco más de una hora de viaje, saludo a los organizadores. Los dos enanos salen del maletero y llevan mi equipo de música a la sala. He tenido que llevar a dos golfos borderline que no han parado de pedirme tabaco y han intentado que yo pagara los peajes. Tras una sutil bronca y amenaza a sus familiares, no sólo han pagado los peajes, también la gasolina. Las conversaciones han sido supérfluas, estúpidas, y he tenido que fumar muchos porros para dejar de escucharles y centrarme en los arbolitos verdes de la calzada. Llego a la casa, unas chicas juegan al ping pong, arranco un matojo y trato de golpear la pelotita. Se queda enganchada entre las ramas y entonces ellas ya no pueden jugar y se enfadan. Tengo los ojos vidriosos y rojos por el THC o alguna otra sustancia del hachís. Reviso la mansión y saludo a otros de mis amigos que han montado la fiesta. Hay gente, y llegarán más invitados al caer la noche. Me tumbo en el césped de la parte posterior y saco Libro de Esbozos de Kerouac. Con el iPhone actualizo Twitter y luego me quito la camiseta y acaricio el césped verde con la espalda y unas gallinas zumban a mi lado y trato de darles golpes con la punta de mis zapatillas grises y rojas. Fracaso en el intento. Regreso a la casa y doy un tour para situarme y hay un tipos haciéndose unas rayas en la mesa metálica de la cocina y luego pido que me pongan unos polvos blancos en forma de L y me hago una raya en forma de L, de este modo la coca entra en varias direcciones por el orificio nasal y es equitativamente repartida de modo que más áreas del cerebro perciben los coletazos aceleradores. Luego mezclo mi tabaco de liar con diseño afterpop con un poco de polvos y así fumaré toda la noche algo puro y fresco. Saludo a una amiga que iba conmigo al colegio y que fue durante unos años mi amor platónico y veo que sus tetas siguen en buena forma pero no me gusta del todo como viste, es como poco elegante pero tiene una mirada bonita y sonríe aunque casi no hablamos. Luego saludo a más chicas y parecen contentas de verme y me doy cuenta de que he olvidado la camiseta en el césped y que ha estoy comenzando a escribir como Bret Easton Ellis cosa que me reconforta. Subo al tejado por unas escaleras traseras y contemplo el atardecer y pienso en mi viaje a Cambodia y en los templos de Angkor Bat y que fue todo precioso a pesar de ver a gente mutilada pidiendo dinero en cada recoveco del complejo de templos. Había un cojo especialmente simpático que tocaba la flauta con buen ritmo y me compadecí de él y hablamos un rato y el tipo me recitó la alineación del Barça de memoria y pensé -mierda ya no es posible vivir tranquilo si eres Leo Messi ni tampoco si eres un verdulero o escritor en ciernes. Sigo paseando por la casa semidesnudo y saludando a la gente con un ademán gentil y educado. Y veo a un gorila con pinta de gilipollas putero que me han dicho que va a pinchar conmigo en la sala techno. Me preocupa su fealdad y su coeficiente intelectual. Tiene una tabla de mezclas más potente que la mía y dice que me la deja y que si la rompo se la tengo que pagar cosa que comprendo pero como soy bastante cuidadoso para con mis gestos y pensamientos puros no me preocupo. Luego, ya en la cena, comemos solomillo con sala crème de roquefort llegan dos pringados vestidos con ropa de los 90 completamente off que dicen que van a pinchar makina, esa música obsoleta ultra rancia y esquizofrénica solo audible para oídos putrefactos y con dificultad para percibir su propia absurdidad musical. Pienso que el tema de la música se está convirtiendo en un maldito circo de dj's imbéciles. No debería pinchar, me digo, debería dedicarme a trabajarme a Lezti, una chica que ha venido a saludarme y que no conocía que hace joyas y tiene cara de chuparla con ganas y tiene un buen cuerpo y sabe hablar algún que otro idioma y me comenta que en la joyería donde trabaja no notan la crisis porque los ricos siguen siendo igual de ricos. Cierto, afirmo, y le beso el cuello sin previo aviso y ella sonríe. Voy a la sala a pinchar cuando el grupo de orangutanes djs se sitúa detrás mío y recelosos pretenden incorporarse a la sesión. -Bien por vosotros, grupúsculo de oraguntanes leprosos. Llamo a los enanos y aparecen con bates de béisbol .Uno de los oragutanes, un calvo rapado entrado en carnes y con cara de veraneante de Lloret de Mar arranca una de las agujas de mis platos. Uno de los dos enanos, bautizado como Jack Daniel'sson, le golpea en la nuca y comete el primer asesinato de la noche. Comienzo a patearle la cara al orangután y me siento algo violento pero más relajado. Maldito ignorante autocomplacido. Es de aquellos gordos que tienen un alto concepto de sí mismos sin ningún tipo de fundamento, y que se las dan de buen trato con las mujeres pero su micro pene rinde poco y solamente lo usan cuando van a Figueras de putas y ellas sienten asco pero como se gasta la mayor parte de su sueldo con ellas intentan sonreírle y piensan para sus adentros que tienen que dejar el negocio pero claro, no quieren trabajar de panaderas. Ya muerto el orangután de primer rango miro a los makineros y me piden si pueden pinchar por favor. Claro que sí cretinos y será un placer ir tirándoos palomitas en la cara y escuchar vuestra basura arcaica y regionalista. Y entonces pinchan ante la estupefacción y vómito general. La fiesta comienza a apestar y voy dándo palmaditas en el culo a chicas que conozco y también a las que no conozco y todo entra en armonía aunque quién me cae mejor es la madre naturaleza. Doy un paseo zen por el jardín y saco una escoba y barro las ojas que caen por la llegada de la primavera. Los monjes zen barren las hojas de los árboles porque es una tarea sin fin y de este modo rompen con la dinámica del hacer con algo con un objetivo de principio a fin ya que la tarea nunca se acaba. Y me siento bastante solo de entre los asistentes, todo me da bastante igual pero también es divertido y siento una cierta empatía por el ambiente y me encuentro con uno de mis mejores amigos de la infancia. Es el que viste mejor de toda la fiesta junto conmigo y charlamos un buen rato. Él tampoco tiene novia y los dos creemos que esto de las novias es divertido durante algún tiempo pero que luego tu lado más personal te pide soledad y meter el pene en otros agujeros quizá menos dilatados y encontrar pezones más erizados y un culo pequeño y estrecho al que golpear gentilmente durante el coito. Es la hora meditar y trato de sentarme solo en la terraza con una botella de vino para mi solo, y uno de los enanos saca el violín y toca una balada a la luz de la luna para mi, saco el cuaderno y tomo algunas notas tales como "una fiesta fragmentada como la cocina de Ferran Adrià debe deconstruirse bajo los siguientes pasos: orangután encerrado en el baño, dj makinero golpeado en el culo por el burro del establo, césped con libro de Kerouac y el tubo de escape de los coches". Con estos ingredientes se distribuye un panoramoa desoladoramente poético, absurdo y que refleja el zeitgeist del momento. Le doy algunos céntimos al enano y termina de tocar y comentamos que podrá comprarse una motocicleta para inválidos dentro de poco y que con ello será feliz con su familia y él responde que no lo sabe pero desea intentarlo. La noche llega a su cénit y las primeras chicas que pasean en sujetador por la fiesta le dan un toque bello y grácil y fluído. Meo en un cubata y se lo llevo a los makineros, chicos es licor del bueno con limón. Ellos lo beben y como tienen las orejas tan enfermas por la música que pinchan ni se dan cuenta, se preocupan al ver que uno de ellos se desmaya y aparece uno de mis enanos y practica vodoo hasta que uno de los brazos del makinero bebedor de orina se desprende y comienza a levitar. Bueno, quizá no es exactamente así pero el LSD ya funciona a pleno rendimiento. Vamos a montar a caballo, le digo a la chica que me gusta y me dice que sí y vamos allá y montamos los dos en el mismo y yo me agarro a sus caderas, todo es casi romántico y nos quitamos la ropa y ella se da la vuelta y follamos encima del caballo al trote libremente y le acaricio la espalda y le beso el lóbulo de la oreja y ella gime y nos fundimos de nuevo y siento plenitud existencial al pensar que la música ya no me importa, es el placer carnal lo que me llama ahora. Abro los ojos y me encuentro tumbado en mi querida terraza cuando todo el mundo ya duerme y ella está con los ojos cerrados en mi regazo y respira lentamente y con parsimonia como si quisiera descansar de verdad con una media sonrisa que denota confianza. La fiesta ha estado bien y es momento de abandonarla y cuando salgo hacia el coche después de haber robado algunas botellas de vino para el trayecto y fumando un cigarro aparece una chica de 18 años y me pide que la lleve casa. No tiene acné y es morena de pelo y con unos pechos que resaltan y unos ojos oscuros y me dice que es de Sur América y pienso bien y ella piensa a ver si me lleva a Barcelona y respondo claro vamos. Se pasa el camino vomitando porque ha bebido demasiado. La mejor situación es cuando vomita en el peaje, también es cierto que conduzco el Skoda Octavia RS quizá demasiado rápido para la pobre chica. Y pienso en la otra chica dormida en mi regazo y todo se parece a La coleccionista de Eric Rohmer. Cinematográficamente ha sido un momento sublime por ello he grabado con el iPhone el precioso momento mientras los pájaros cantaban. Llego a la estación de tren y le doy un beso en la mejilla a la chica de 18 años y ella me da las gracias y le digo que se cuide y que lea mucho y que estudie mucho y que me llame cuando necesite inspiración intelectual y nos damos de nuevo un abrazo y la pobre se va vomitando por la calle. Terminada la fiesta, terminada la reflexión, me acuesto escuchando las olas del mar en el Hotel Vela de Barcelona. Los orangutanes muertos siguen en el zoo con su música de mierda y los organizadores de la fiesta han sido geniales y les mando un cordial saludo estupefaciente y les deseo una feliz navidad y un próspero año nuevo. Agradezco también a Easton Ellis su plena disposición a corregir mi texto, pero a este estilo no le queda mucho tiempo porque todo camino literario necesita ser superado por las generaciones que suben con lo que la guerra de formatos puede ser que ya haya comenzado o, si más no, quizá no sea una guerra sino un relevo preventivo.
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