El recital en Acid Red Carpet 002/500

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Alfombras rojas como lenguas lascivas.

-Sácame del marrón. Ahora mismo estoy en el cuartelillo. No me preguntes por qué. Bueno, en realidad, seguro que aciertas. Mañana hay presentación en The Fish. Podré ir si estos caraculos me dejan salir. Pero no podré prepararme el speech. Ni de coña, no llego. Nunca me has fallado. No me dejaste tirado ni aquella vez en la que tuvimos que ir a recitar en un centro de okupas parados repleto de feministas sin depilar que quisieron cortarte el rabo.
-Sí, suerte de su tamaño.
Haciendo caso omiso de mi broma basada en hechos reales, Keit continúa con su petición.
-Será leer un texto, en prosa, que está publicado en el libro. Te lo manejas seguro. Habrá unas 100 personas.
-Acepto. Ahí nos vemos.
-Alcohol gratis, invita la casa.
-Auf Wiedersehen.
-Auf.
Cuelgo. Dejo el iPhone en la mesa del escritorio y recibo una alerta en Gmail. Keit me acaba de mandar el texto. ¿5  páginas en prosa para ser leías en público? Me parece excesivo, igual que una 120 de pecho. Eso sí, igual que una 120, el texto puede ser divertido.
Saco un filtro y me lo pongo en los labios, coloco un papel en mi mano derecha y vierto algo de tabaco Manitou Organic. Lío el cigarro y lo enciendo con un Clipper negro. Dejo escapar el humo con lentitud, saboreando esta oportunidad para relacionarme con gente afín y moderna como yo.
Imprimo el texto después de haberlo leído en pantalla. Es bueno, me hace gracia. Un director de cine frustrado que hace películas de ciencia ficción de serie B (para ser exactos, de muy serie B). El texto lo escribe un supuesto crítico resentido. Desde el 2030.
Tengo que vestirme, el recital es dentro de 2 horas.
Paso por la ducha no sin palparme el miembro. Me afeito hasta dejarme la barba de 2 días. Enfundo unos pitillos de un verde ácido y desgastado. Me peino de alguna manera. Me pongo un jersey sin cuello. Y un abrigo largo, justo por encima de las rodillas. Finalmente no me decido por la boina.
Bajo andando hacia The Fish. Allí se congregan decenas de personas bebiendo en la calle (y fumando, lógicamente). Me regalan un ejemplar del libro y me pasan consumiciones. Siento algo de adrenalina por la lectura. Espero hacerlo bien, dentro de las limitaciones por culpa de la resaca y la improvisación.
Suena un tenue hilo musical que queda eclipsado por el murmullo del gentío. Se respira un aire educado y festivo. Es viernes. Saludo a gente, más o menos así:
-Hola, qué tal.
-Hey, qué tal. Hoy voy a leer.
-¿Vas a leer?
-Sí, voy a leer. A ver qué tal.
-Sí, bien. ¿Todo bien?
-Claro, todo bien.
Fumo dentro del local. No me quito la chaqueta. Cuento gafas de pasta. Y me comentan que es hora de comenzar.
Somos 4 participantes. El Organizador habla primero. Agradece a todo el mundo y hace un breve speech.
Luego habla una poeta. Y recita uno de sus textos, con entonación impostada pero ganas. Aplaudo. Y la gente también. Con las piernas cruzadas, tamborileando, bebo cerveza y me preparo para intervenir.
Agarro con fuerza los papeles. 5 páginas, unos 18.000 caracteres pasarán por mi cavidad bucal. Mi dañada laringe inicia movimientos locutivos.
-Queridos terrícolas. Debo agradeceros vuestra presencia hoy, aquí. También a The Fish y las barbacoas de fin de semana. Y de nuevo a vosotros. De veras, este espacio gana cada día más y ello es gracias a la gente que lo mantiene vivo (lloro).
Concentro decenas de pares de ojos al pasear en círculo, cuál Newton cavilando. Tengo las manos detrás, agarradas entre sí, meditabundo. Ya he alabado a la audiencia de forma pretenciosa. Quizá sea momento.
Inicio la lectura vocalizando en exceso, tono de voz firme, hiperbólico. Alterno la mirada del papel al infinito y viceversa. Algunas risas sofocadas, controladas. La primera página pasa sin problema. La segunda se complica. Coño, es largo, esto ya comienza a ser un tour de force. Mi propia atención se desvía al entrar con la vida y miserias de las películas de serie B del director fracasado. Pero hay que aguantar, hasta el final. Sigo, sigo. Si el barco se hunde, me quedo en la popa para contemplar las vistas y luego el salvaje fondo marino. Pero no se hunde, porque hago dudosos gags que parecen atrapar a la recolectar de nuevo la atención de la audiencia. Sigue la tensión. 3 páginas. 4 páginas. Fin.
Copiosos aplausos, amables sonrisas. Felicitaciones en el backstage.
Keit aparece por la puerta de The Fish. Ojeras, parece cansado.  Dos noches y dos días en el calabazo. Soportando analfabetos sin placas tectónicas en la cabeza.
Ahora es el turno de la lesbiana inglesa.  Lo he dado todo.
Keit me comenta:
-Te he visto los últimos minutos. El texto era una putada, bueno pero imposible para ser leído. Lo has defendido como un puma.
Y ahora, unas rayas de Speed.
-Genial, tengo que terminar la segunda temporada de Twin Peaks.
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