El poeta residente del London Zoo

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¿Cómo llenas una hoja en blanco al levantarte a las 18h, después de haberte acostado a las 11 de la mañana teniendo una laguna nocturna que se nutre de flashes aleatorios y azarísticos en los que te ves dentro de un baño varias veces, acompañado, o solo, con tarjeta de crédito, o sin ella, con una cabellera rubia, o quizá morena, y diversos utensilios inhaladores?
Una buena manera de hacerlo es, en efecto, lanzar una primera pregunta retórica y larga como la precedente. Y luego continuar. Pero no voy a contar la noche de ayer. Mi capacidad creativa no tirará esta vez por dichos recursos, ahora mismo está plácidamente en stand by. Tan sólo diré que el agua de la piscina de la discoteca estaba tibia y que unos tipos que no me caían bien terminaron heridos bajo extrañas circunstancias.
Quería contar cosas sobre la vida de un hombre que conocí hace unos días. Era de las un hombre de las tres B. Barba, Barriga, Bajito. El señor triple B llevaba bien sus desperfectos físicos. Y era simpático y risueño. Vestía ropa, como todo el mundo, pero la suya era gris y olía a sobreuso. Ojo, vestía de esta manera no por falta de poder adquisitivo ni tampoco por sus condiciones laborales. De hecho, es de su trabajo de lo que me gustaría hablar.
Hay pocos poetas buenos. Y menos poetas buenos que sean profesionales. La mayoría de poetas buenos no son profesionales y la mayoría de poetas malos sí son algo parecido a profesionales.
El señor triple B era un poeta bueno y profesional. Cuando le conocí estaba fumando tabaco negro y se rascaba la panza mientras con la mano del cigarro escribía cosas en un bloc de notas y dibujaba apasionadamente un delfín. Este tipo de gente que no es catalogable en dos segundos a nivel psíquico es la que vale la pena conocer. Fui a hablar con él.
-Señor triple B, hace un buen día para salir a pasear con el bulldog, ¿no cree?
-Oh, ¡sí! -exclamó gritando y señalando al cielo y a unos pájaros que volaban libres de preocupaciones económicas. Su acento era inglés- ¡Me gustan los animales!
-¿Es zoofílico, señor triple B?
-No, ¡¡jajaja!! Soy poeta y soñador y me gusta tocarme la barriga y darle golpecitos para ver cómo rebota la grasa.
-Poeta, me gusta, ¿y qué escribe?
-Poemas-responde lacónico.
-Ya, celebro su arte, ya le he dicho, me parece mucho más interesante usted que una cajera del Carrefour.
-Trabajo como poeta residente del Zoo de Londres. Cuando llega un animal nuevo tengo que preparar unos poemas para que sean leídos por los asistentes y los trabajadores.
-Genial, me acaba usted de alegrar la semana. Estaba metido en un espiral de drogas y decadencia que amenazaba con reducirme la esperanza de vida en 8 años y medio. Ahora lo veo todo de otro color. ¿Me podría leer algo de su trabajo, porque está hablando de un delfín, creo.
-¡Claro! El señor triple B se quita la camiseta y mueve sus tetillas a compás doble. Pone voz de falsete.

Dicen que eres el pez grande nadador más inteligente
capaz de seguir y saludar a barcos y deslizarte por entre nuestras playas
Delfín, bienvenido al Zoo de Londres, ¿quieres una cerveza?
Me gusta su poema, muy evocador.
El señor triple B se desmaya sin causa aparente. Le ayudo a levantarse. Me dirijo a una tienda de animales y compro un par de pirañas. Cuando vuelve en sí le pregunto si puede hacerme un poema para mis nuevos animales de compañía.
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