El poemario indigente agota su primera edición

El loft alquilado en la zona de Diagonal Mar para preparar el evento de presentación de un poemario de un indigente, repetidamente humillado por periodistas deportivos, es amplio, diáfano y cuenta con un buen equipo de sonido y distintas mesas de cristal ideales para hacer rayas de palmo y medio (como una monstercock). Tiene vistas al mar, una nevera con congelador apto para albergar champagne y cervezas de dos litros de Shingha Beer. Comprar cerveza tailandesa cuando el país está tan jodido es comprar historia, morbo deconstruído de 5º. Uno de lso requisitos de la fiesta es traer el libro Plexus de Henry Miller, y decir una frase lapidaria al estilo Twitter en la puerta.

John K. Cunnhgiham, licenciado en Harvard en la promoción del 91, entra con esta:

-El consumo de música es masivo porque A: facilita la integración en un colectivo más reconocible que el literario y B: la mayoría de gente es gilipollas y prefiere escuchar canciones edulcoradas de Lady Gargaras.

Dos chicas bailan en bikini dentro de una copa gigante con grosella y se embadurnan los senos y las piernas. El indigente lleva su máquina de escribir debajo del brazo y mea en las esquinas del dormitorio. Uno de sus poemas reza así:

tengo prisa por llegar a
ninguna parte
.

Las luces de neón que pueblan la terraza centellean con un fucsia impertinente. Llega la primera invitada y saluda, cumpliendo con el requisito, con esta frase lapidaria:

-El consumo del arte en museos decrece debido a que el arte está en la calle. Fumar crack y ser ventrílocuo es, hoy mismo, una postura artística más agresiva que la misma Internacional Situacionista.

Lleva unos tacones de piel auténtica de rinoceronte y el pelo corto y teñido de gris con mechas doradas. Trascender la moda no está a la altura de cualquiera. Por eso los menores de edad fans del indigente están en un chiquipark celebrando la fiesta con el único hijo adoptivo del vagabundo, un perro llamado Gusano.

Sobre las 24h ya han llegado unas 20 personas, y el parking del edificio presenta problemas de absorción. Para resolverlo, el guardaespaldas alquilado baja y destroza dos coches que no son nuestros. El mundo necesita más espacio para los privilegiados.

La fiesta alcanza por fin su lanzadera literarioestelar con la llegada del dealer, especialista en proveer a futbolistas de élite, y su cargamento especial de LSD afterpop. EL LSD afterpop se caracteriza por llevar minerales ancestrales, como el litio y el agua de estalactitas, junto con los procesos químicos más vanguardistas.

El delirio es fenomenal. Y todos lo pasamos bien viendo bailar al indigente recitando poemas. Le tiramos dinero y tarjetas de crédito y el se rie de nosotros y va a mear en las esquinas del dormitorio.

Sale el sol, el indigente ha agotado la primera edición de su poemario. Su manager, amigo personal del mío, invita a las últimas rayas.

Abandonamos el edificio poco antes de que sea derribado por nuestro segurata alquilado.

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