El opresor Ayuntamiento de Barcelona y la cobardía de NITSA (Sala Apolo) hunden la noche de la ciudad

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Todo son ciclos. Y el ciclo de la noche "alternativa" (si alguna vez lo fue) de Barcelona ha caído en un pozo sin fondo. Concretamente, la sala Apolo de Barcelona, conocida por su alto nivel de djs nacionales e internacionales y por haber alojado el primer Sónar Festival, es una caricatura de su supuesto esplendor.

El club ha pasado en menos de cinco años de tener hombres de seguridad en la puerta a tener decenas de hombres de control que patrullan las aceras circundantes junto a la Guardia Urbana y los Mossos d'Esquadra. La sintonía entre el "no dejar respirar al cliente" por parte de ambos es total. Sin ir más lejos, este sábado cuatro furgones de la Guardia Urbana cercaban la calle Nou de la Rambla, con un dispositivo policial de presión constante a los asistentes. Unos 15 policías patrullaban constantemente la zona, a poca velocidad, tratando de intimidar "sutilmente" a aquellos que salían a fumar y a tomar una cerveza. Poco importa el ruido, mucho más moderado que hace años, y que no haya altercados; te sientes un delincuente por hacer algo que has hecho toda tu vida.

Foto: Clientes de Apolo desplazándose a las cuatro de la mañana por la presencia policial. Detrás, uno de los cuatro furgones que trabajaron toda la noche para reprimir el bienestar de los asistentes. No, no se lo están pasando bien.

A eso de las cuatro de la noche un equipo de limpieza riega las calles escoltado por un coche de la Guardia Urbana. Los seguratas del Apolo desplazan a unas cien personas de acera en acera, con modales dudosos, provocando un momento de desconcierto incómodo y lamentable. Cercar el ocio es el objetivo principal, reducirlo a un espacio limpio, cerrado y fácilmente manejable, para poder hacer redadas, detenciones o actuaciones deliberadas.

Desde los 18 años he sido cliente de NITSA, y un buen prescriptor. Aquella época en la que cerrar a las siete era una opción viable, aquella época en la que fumar era un deporte y beber en vasos de cristal una norma. La época de las cervezas asequibles y un trato adecuado y pertinente.

En cuanto al servicio de Apolo, el deterioro es total. La falta de política de entrada ha generado una afluencia de turistas masiva, lo que genera un clima muy poco propenso a disfrutar la música, mientras que las excentricidades "ocurrentes" de todo tipo de guiris desborda la paciencia a los pocos minutos. Sin un criterio musical definido ni ningún interés por la música, la perpetua sensación de los últimos años del extranjero imbécil se confirma. La sala se llena de histriónicas rubias que se lamen los egos, mientras cerdos mal vestidos que caminan como zombies aguantan un cubata de garrafón y tratan de meter mano a cualquier petarda con la que se cruzan. Este rollo tóxico se entremezcla con colgados con rastas que hablan de irse de putas en Las Ramblas.

El panorama es muy desalentador, la rendición de los clubs de Barcelona al dinero fácil y a las exigencias de un Ayuntamiento retrógrado y conservador, que no entiende ni quiere entender lo que es la noche, quedan plasmados en noches descafeinadas en las que el bolsillo de cualquier persona decente queda reventado, y la sensación de haber estado perdiendo el tiempo, luchando por bailar y hablar y disfrutar se presenta como una mera quimera orwelliana. No se puede subir a la tarima, no se puede ser educado y discreto, apenas puedes hablar tu idioma, y mucho menos encontrar un flow con el entorno.

En otras palabras, la apuesta de Barcelona y sus grandes clubes es actualmente una feria para imbéciles inofensivos que son tratados como ganado y que nunca se han planteado reclamar otro manera de entender la noche.

Prefiero dejarlo aquí, y no redundar en la idea. Es triste tener que hablar así de la ciudad en la que has crecido como clubber, que te ha acogido en tu momento de esplendor.

Me rio con ganas de aquellos clubs que van de víctimas por la subida del IVA, de su desesperación a la hora de poner una copa a 10€. Bajan la cabeza y piensan en cómo seguir haciendo caja como ninfómanos irresponsables.

Y, que quede claro, esto no es un discurso basado en "todo tiempo pasado fue mejor". Lo que ocurre es que hay cosas que

envejecen
demasiado
MAL.

Que os jodan, muy fuerte.

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