El misterio de la chica de las felaciones

En mi sesión masturbatoria de ayer, ritual que practico a menudo bajo preparativos estrictos parecidos a la meditación Zen, debidamente adulterados, encontré un vídeo cuya propuesta me interesó, y a mi glande también.

El RITUAL -masturbatorio-

Como precalentamiento intelectual, consulto las últimas noticias económicas en un periódico online. Me reconforta saber que de esta crisis nuestro país se quedará en la estacada, y me alegra saber que los ricos mantienen de nuevo su consumo de lujo anterior a 2007. Ello me genera cierta ansiedad despreocupada. Consumir noticias económicas dispara mis endorfinas, y las primeras fantasías acuden a mi mente. Una gran orgía en Wall Street, con todas las brokers a cuatro patas lamiendo la pantalla llena de gráficos de la evolución del Nasdaq. Todos los brokers sacando sus alijos de cocaína y haciéndose se rallas encima de sus Blackberry. Y mientras, cómo no, todos ganando montañas de dólares que se redirigen directamente a los paraísos fiscales.

POWER, ON

Una vez confirmada la decadencia del capitalismo, y con la polla erecta, cierro los ojos y enciendo incienso con perfume a Marihuana. Siempre tiene que ser de noche, y si hay luna llena, mejor. Enciendo el iMac de 27 pulgadas y entro simultáneamente en mis tres páginas de porno favoritas, a las que hago donaciones puntuales para que mantegan el nivel de calidad.

Baudelarie, los situacionistas & Twitter

Polla en mano, abro Spotify y pongo a todo volumen, por los altavoces 5.1, Crystal Castles, si suena Reckless, mejor.
Abro una página al azar de Las flores del mal, la leo en voz alta y me sirvo una copa de vino tinto.
En este momento, suelo pensar en la Internacional Situacionista y su gran concepción de la vida como arte, o el arte como modo de vida. Y entonces escribo una frase en Twitter que es leída en NY y en Cophenague, y ello me congratula. Y siempre pienso si debería agregar a todo el mundo en Twitter y de este modo generar un bucle de fama absurdo, pero nunca lo hago. Acuérdate Vanity, no dejas de ser un tipo de culto cíclicamente insoportable.

En una de las tres páginas siempre busco porno amateur, a ser posible Gonzo Porn, en la que el tío se graba su polla y la chica a la que se está follando.
En la segunda página, cargo un vídeo de Fake tits.
En la tercera, una blowjob compilation que dure unos 25 minutos.

Con los boxers Levi's rojos que siempre elijo, en distintas tonalidades en función de mi psicopatía, me agarro la polla y compruebo que el riego sanguíneo está por encima de lo normal, consecuencia de la lectura del periódico económico y de mi última sesión de coca que nunca recuerdo cómo acabó.

Una gota de sudor recorre mi sien y resbala por las mejillas hasta la comisura de los labios e impacta y se impregna en mi pecho.

La Felatio post-porno

Y aquí es donde entra en acción el vídeo de la felación que trastoca mi sesión masturbatoria llevándola a otra dimensión existencial. En vez de haber seleccionado una blowjob compilation, sin darme cuenta, he seleccionado una handjob compilation.

Las pajas no son tan interesantes como las mamadas, pero en este vídeo aparece siempre la misma mujer de rasgos asiáticos meneando la polla de varios tipos en diferentes contextos. Les pajea sincopadamente, sin especial pasión, con seriedad y con la cara que, por ejemplo, podría hacer mientras espera el autobús. Algunas veces aparece con las tetas fuera, otras vestida, siempre sentada, pelo liso, mirada fija en la polla (no a la cámara como es habitual). Y todos los tipos se corren y ella reacciona con una no-reacción.

En otras palabras, son las pajas del misterio. No es frecuente encontrar en el porno una chica-putilla sin gritar, sin especial atractivo y sin meterse el miembro viril hasta la garganta. Y por esto me cae bien la chica de rasgos asiáticos. Muestra una humildad arrolladora, un poder sobrecogedor, y sus manos se manchan de semen como podrían mancharse de pintura mientras retrata un turista al lado de la Torre Eiffel.

Cómo no puede ser de otro modo, eyaculo soberanamente mientras los últimos beats de Suffocation de Crystal Castles retumban en mis oídos. Hay luna llena, me embriaga el silencio, reabro Las flores del mal, en francés, doy un sorbo a la copa de vino, y pienso para mis adentros cómo es posible que la vida tenga tan poco sentido, y que finalmente ello me haya parecido genial. Mis sentimientos han sido extirpados a modo de supervivencia, la soledad es mi mejor compañera de viaje, y la cerveza una aliada incondicional. El iPhone ha sonado tres veces. Alguien querrá algo. Pero yo sigo pensando en la chica de pelo liso que tan bien hace las pajas sin inmutarse, dotada de un poder meta-femenino. Respiro hondo, me lío un cigarro. Exhalo el humo.

Me despierto al amanecer. Me sorprendo a mí mismo sonriendo.

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