El minimal de MAGDA que marcó un hito y todo mi 2007

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Recuerdo perfectamente mi sensación al llevarme de la extinta tienda de vinilos CD Drome, en la calle barcelonesa de Valldonzella —ahora hay otra tienda, la mar de maja—. Sentía que tenía en las manos algo poderoso, algo que no era para todo el mundo, algo en lo que creía y que me ponía palote y muy on fire. Eran tiempos de mi creciente adicción a la electrónica, y mi desembarco en el minimal.
Escuchando She's a Dancing Machine, sesión fluida en la que confluyen otros talentos del sello como Marc Houle (que dejó minus hace un par de años), o Heartthrob, o el mismo Hawtin, veo que el tiempo ha pasado y que el álbum ya no transmite esa sensación de texturas inéditas y oscuridad mecánica. Han aparecido cosas nuevas, el género sigue avanzando, y hay nuevas influencias. Pero este trabajo de Magda bien sigue valiendo su peso en oro, y recuperarlo me está haciendo bien. Esos orígenes, o algo así. 

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