El librero de Sant Jordi


Un año más, decenas de miles de catalanes se lanzaron a la caza de los últimos títulos de libros aparecidos en el panorama editorial. Algunos optaron por los clásicos y otros sencillamente por el que anunciaban en la tele. Entre rosas rojas, azules y de todos los colores y los hooligans del Manchester transcurrió "La diada de Sant Jordi". En Barcelona, la rambla de Catalunya, la plaza Catalunya y las Ramblas herbian de ebullición desde las 9 de la mañana.

Me levanté a las 7 de la mañana y después de desayunar cereales con leche y quitarme la caspa de los hombros salí con mi moto veloz hacia la rambla Catalunya, dónde se estaba montando ya la parada de 9 metros de largo. Descargamos el camión y la decena de palés cargados de libros que no se venderían ni en pintura y otros que se comprarían hasta los analfabetos.

La parada del lado estaba a cargo de unas chicas que vendían rosas de justa calidad y delante había otra parecida de un esplai que supuestamente dedicaría los ingresos a un viaje de fin de curso.

Pasaron las horas y fui a tomar un café con dos compañeros. Hablamos, como no, de libros. Qué va, hablamos de tías. De si la cliente tal tenía un buen pecho ( tetasss) o si me había mirado provocando. Un café con leche corto de café y un cruasán de chocolate.

Hacía un sol esplendoroso y el aire fresco circulaba por debajo de mis axilas, permitiendo una oxigenación confortable. La primera sorpresa digna de mención tuvo lugar en la esquina de la calle de abajo de nuestra parada, tocando a Aragón. Un grupúsculo de dementes religiosos instalaron una parada con un ángel de madera deteriorado y putrefacto. Tenían un sueño, un best-seller en potencia: "el día que hable con Jesús". Me pregunto si lo tenían en persona firmando autógrafos o estaba al lado de Ruíz Zafón.

El día de Sant Jordi, entre otras muchas cosas, se caracteriza por que un centenar de editoriales publican miles de obras de usar y tirar que pasan a engordar el triste baúl olvidado de los confines de nuestra memoria. Basura literaria producida de forma industrial para rellenar estanterías de IKEA al lado de soldaditos de plomo y girasoles de plástico con gafas de sol que bailan cuando silbas a su lado.

De entre todos estos títulos, se desmarca con diferencia el género de la novela histórica. Uno tiene la impresión de que cualquier fracasado se puede sentar delante del ordenador y escribir sobre pergaminos perdidos, templos secretos, vampiros jorobados o momias mutantes y ganar una cantidad de pasta más que decente.

Pasan las dos primeras horas, me comunican que sobre las 13h tendré que bajar a la otra parada, en Ramblas, en medio de la muchedumbre lectora y los gritos de los seguidores del Manchester. Enciendo mi iPod de nuevo y bajo hasta pl. Catalunya. Cuando llego a paseo de Gràcia con Gran Via busco con la mirada la parada de TMB para ver si he ganado el premio de relatos cortos sobre el metro, pero no lo encuentro. Pienso que si hubiera ganada me lo habrían comunicado por teléfono. No he ganado ni un Apple, ni un lote de libros ni he firmado nada. Aparco la moto al lado de un poste lleno de carteles de conciertos, me fijo en el de la sala Becool, buena programación de Techno Minimal; una sala pequeña y de moda, en la zona pija de Barcelona.

Hay algunos escenarios con programas de radio en directo. Veo que salen disparadas algunas camisetas desde uno de ellos. Algún truco tienen que ofrecer para atraer a la gente.
En la parada predomina un ambiente relajado, ventas normales y bastante personal, así que no me agobio. Me regocijo jugando con el cambio de los clientes, sumando importes y recomendando títulos a los desorientados. Haruki Murakami, Paul Oastler, Bolaño...

Por mucho que recomiende, me piden Zafón, Buenafuente y el encantador de perros. Que le vamos a hacer...

Por fin veo al verdadero líder de la fiesta de Sant Jordi, el gurú que todos deberíamos escuchar, atender y seguir. Un hombre barbudo y viejo, que se pasea con un cartel ramblas arriba y abajo con una pancarta que reza: Soy el verdadero Jesús, el enviado de cristo, voy de incógnito, el fin del anticristo ha terminado. Dios me envía. Adoro a este tipo, llueva o nieve, gane el Barça o pierda, día tras día sale a la calle ( o quizás no sale porque vive en ella) para proclamarse como el gran sabio de toda la humanidad. El redentor, el elegido, paseando por las ramblas con un cartel lleno de faltas de ortografía.

Delante nuestro tenemos un grupo que defensa los derechos del Tíbet, región asediada por los Chinos. "Free Tibet". Me imagino que tienen que ser muy budistas ya que la pancarta no tiene soporte, con lo que la tienen que aguantar manualmente dos personas. Se van turnando durante unas 6 horas para mantenerla erguida y firme todo el rato. Con esta fuerza de voluntad seguro que el Tíbet se libera pronto.

El libro "l'últim patriarca" se agota muy pronto. El del pijama de rayas en castellano también.
Tenemos un libro llamado "El quinto día", un best-seller de 1400 páginas en bolsillo, colocado en una de las esquinas de la mesa. Su grosor genera sorpresa y cada persona que lo ve lo coge, pero nadie lo compra. Manoseados por decenas de personas, los tres ejemplares permanecen en la mesa sin ser vendidos. Nace la apuesta de la tarde, si alguien quiere comprarlo se lo regalaremos, y punto.

Llegan rumores desde la librería central. Uno de nuestros inteligentes y sabios vendedores ha protagonizado la anécdota del día.

-Perdona, estoy buscando un libro entretenido sobre geografía y ríos.
- Tenemos este que abarca toda Catalunya.
-Este no es divertido
- Perdone señor, pero los libros no son divertidos.

Eso es competencia profesional y lo demás son vendedores sin personalidad ni carácter.

Fumo y fumo y fumo. Es la ventaja de estar en una carpa al aire libre.
Me llevaré el libro "la elegancia del erizo". Un fenómeno en Francia. No tenia pensado comprarlo pero he querido sorprenderme a mi mismo. No es un libro de los que acostumbraría a comprar, aunque si me puede entretener.

Cae la tarde y algunas nubes amenazan con regar los libros a última hora. Afortunadamente no llueve. Por allá las 10, terminamos de cargar el camión con los 400 libros de Ken Follet "Un mundo sin fin" que no se han vendido.

No he ganado el concurso de TMB, pero tengo un libro divertido y he vendido bastante.
Nos dirigimos a un restaurante Persa en el que cenaremos toda la plantilla que ha estado currando. Un menú cargado de platos suculentos. preguntamos una y otra vez a la camarera para que nos explique los ingredientes. Son cosas raras pero con buen gusto y en una cantidad generosa.

El Barça ha empatado y unos hinchas han entrado en un bar, han pegado al camarero y se han llevado la pasta de la caja registradora. Y supongo que algunas putas han ganado pasta después del partido.

Me acuesto sobre las 2, después de leer un par de páginas de Cien años de soledad y jugar a calculo 20 en la nintendo DS ( Brain trainning).

Se me olvidaba, a las 9:30 vino una chica y quiso comprar "el Quinto día". Se lo regalamos.

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