El hombre elefante no llevaría bigote

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-Me tengo que ir, he apostado en los caballos y quiero saber si el número 4 es el ganador o, por el contrario, lo es el 2, el 1, el 9, el 3 o el 7, ya sabes, cosas de caballos.
-Desde que te hemos contratado como coolhunter, nuestras ventas de calzado para jubiladas con joroba se han disparado. Te estamos muy agradecidos por ello, pero desde la directiva queremos transmitirte nuestra inquietud por tus extraños comportamientos.

Estoy demasiado acostumbrado a este tipo de objeciones. Respiro con parsimonia, me levanto de la butaca de terciopelo azul. Camino contando los pasos hasta la ventana y miro a través de ella. Lo que veo me parece razonable.
-Verás, mi manager, lo conoces de sobras, K. Straüss, te pasó un contrato que tú y los tuyos firmasteis sin tan siquiera mirar. Puedo hacerte el favor de recordarte los dos únicos puntos que realmente valen la pena.
1. El contratado tiene el pleno derecho a no trabajar durante varias semanas (no especifica cuantas), tomar sustancias alucinógenas financiadas por la empresa para lograr mejores resultados, invitar a mujeres de pago a su despacho y a escupir en los cristales.
2. Siempre apuesta por el caballo número 4 y, cuando hay carrera, podrá abandonar su lugar de trabajo para acudir al evento. Sin hora de regreso.
-Comprendo, Vanity.
-Si comprendieras algo no llevarías bigote ni hubieras diseñado alpargatas con cámara de aire para tus viejas jorobadas.
-Con tu permiso, o sin él, me está esperando una carroza llevada por un Hombre Elefante.
-¿Crees que debería afeitármelo?
-No me pagan para dar consejos a fracasados crónicos.
Miro de nuevo por la ventana. Veo el Hombre Elefante y su carroza esperando. Está defecando. Los coches pitan. Todo lo que veo me parece razonable.
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