El gran TAO blogger. O cómo escribir casualmente sobre el TAO mientras llueve y encima afirmar que no se tiene nada que contar pero tener la desfachatez de hacerlo

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Cómo decirlo. Es como si no tuviera nada sobre lo que escribir. Cómo decirlo. Es lo habitual. Cuando llueve siempre pienso en que debería ponerme a escribir. Y también pienso que en cualquier momento la Tierra puede partirse de nuevo en dos. Y entonces moriría sin haber hecho un post alegando que uno puede escribir sin que tenga nada sobre lo que escribir. Cómo decirlo. Voy a escribir sobre aquella gente que nunca tiene nada sobre lo que escribir. Pero mejor seamos efectivos, solucionémoslo.
Llamo a Karl Straüss, mi manager.
-Hola Karl. Resulta que no tengo nada sobre lo que escribir.
-Joder, estoy en Japón haciendo surf. No me toques los cojones con tus crisis de artistilla de mierda.
-Karl. Dame una idea si quieres cobrar este mes.
-¿Te has acostado alguna vez con un hipopótamo leyendo a Tao Lin?
-De hecho, todavía no he leído a Tao Lin.
-Bueno, pues invéntate algo sobre Tao Lin.
-Me parece bien. Pero ya que lo dices, voy a hablar sobre el Tao, a secas. O, todavía mejor, sobre sus usos comerciales en el capitalismo tardío.
Una mano de cinco dedos en busca del TAO en un día no lluvioso 
La primera comunidad occidental que usó el Tao fue la del sur de España:
La terminación de palabras en TAO (estoy peTAO, te he comenTAO). La más usada es una versión redux "AO" (FollAO, MamAO)
Luego hay una variante invertida, aplicada en algunas situaciones eróticas de sutil sumisión:
Soy TOA pa tí.
Cuando el TAO se incopora realmente al mercado económico es en ocasiones tales como:
Dormitorio TAO, sentirás el poder del Ying Yang mientras duermes con tu prima.
Microondas TAO, ya verás qué bien queda tu pizza barbacoa.
Toyota TAO, fábrica cerrada por movimientos sísmicos.
Billete de avión en clase TAO: verás el mundo como un Boddishattva.
Y así sucesivamente, hasta llegar al libro editado por la editorial de autoayuda Integral: TAO.
Se plantea como un conjunto interesante de poemas de gran aplicación a la vida real.
El verdadero sabio
conduce a la población
más allá del parking del IKEA
y apaga el móvil 
antes de entrar
en el cine.
O cosas como:
Yo de ti me lo haría mirar.
Me llama Karl.
-Vanity, ¿Qué coño estás haciendo con tu vida? ¿Qué es toda esta mierda TAO? Desde mi iPhone estoy viendo lo que estás escribiendo y es una jodida mierda. No te has tomado la pena ni de releer el TAO para poder hablar con propiedad.
-Lo leí en el S. V antes de nuestra era y me acuerdo de lo principal, no te preocupes.
-¿Qué no me preocupe? Cabrón, los días de lluvia son para ir de escritor intelectual. Escuchar musiquita de nenas y ponerte en modo poeta sensible y existencialista. No me vengas con tu mierda habitual improvisada.
-Amigo Karl. ¿Qué tal las olas en Japón?
-De puta madre, joder, esto es mejor que el campeonato de Billabong del 2003 en Australia.
-¿Aquel en el que quedaste en la posición 120 de 123?
-La misma, pero eso es porque estaba de resaca.
Como el TAO está libre de derechos buscaré en Internet alguna cita del TAO y la pondré aquí para colaborar, en este lluvioso día emo, con un mundo más sabio y de almas poderosas.
Las palabras veraces no son hermosas.



Las palabras hermosas no son veraces.

Lo bueno no es elocuente.

Lo elocuente no es bueno.

El sabio no es erudito.

El erudito no es sabio.



Hagamos un remake en el closing set, que últimamente está muy de moda:
No tener nada que decir no es hermoso, pero es veraz.
Tener algo que decir es hermoso, pero no es veraz.
Decir algo bueno no es elocuente.
Decir algo malo no es bueno.
El sabio que dice cosas no es un erudito.
El erudito que no dice cosas nunca superará a Paulo Cohelo.

He conseguido que dejara de llover a lo largo de escribir este post. Fútil logro. Gran victoria del vacío blogger.

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