El fiestazo en la costa: 5.000 zumbados con el culo al aire

En la bella , pacífica, poco masificada y culta localidad costera de Salpou, un grupo numeroso de 5.000 jóvenes literatos del gran Imperio Británico han acudido en masa a leer poesía tumbados en los adoquines de las calles y en la playa joyosa del pueblo. Shakespeare y Rimbaud a partes iguales serán los maestros de ceremonias, junto con rosas y claveles que los chicos con boina y pipa regalarán a las chicas con faldas y medias de colores.

Pero, joder, todo esto es obviamente mentira -Aunque quizá en un mundo paralelo sin televisión ni cajeros automáticos podría ser posible-. Por ahora, hablemos objetivamente y sin filtros sobre el suculento a la par que truculento fiestón de los 5.000 maestros del expresionismo alemán en Salpou.

En resumidas cuentas, Salpou es un conjunto de chamizos con carteles luminosos que ofrecen alcohol barato y diversión autista para decenas de miles de alienados con barriga y tías con tetas operadas que deambulan de bar en bar y de tapa en tapa hasta que por la noche ya no se acuerdan de dónde están y terminan follando en los baños o en el césped de un hotel en el que no tienen alojamiento.

Inciso: Vanity, estás siendo muy explícito, ¿A qué se debe tu atrocidad narrativa?
Respuesta al inciso: ni idea, imagínate que estoy probando el nuevo acelerador de partículas, emulando un mini big bang bukkake, y una extraña mutación produce en mi cerebro un 23% más de agresividad literaria. La otra pregunta que deberías hacerme es- Inciso: ¿Por qué yo, es decir, el inciso, me comporto como una persona cuando en realidad soy sólo un inciso que debería ser inanimado?
Inciso: bueno, ya me callo.

Los hooligans con ganas de romper cosas llegan en avión, metro o bus y van directos a los apartamentos, asaltan y manosean a las camareras del bar de la esquina y luego mean en las tazas de café y directamente en el friegaplatos de la cocina. Hecho esto, toman 20 chupitos de tequila Carrefour por 1€ y algunos despiertan en el hospital y otros no despiertan nunca jamás y su madre, con poca densidad de pelo en el cráneo y suscrita al Sunday Times, no supera haber perdido a su hijo Mike y pasa el resto de su vida lavando su ropa compulsivamente para que cuando "regrese" la tenga bien limpia.

Los hooligans aportan un aire dantesco a Salpou. A su paso quedan cristales rotos, vómitos con tropezones de gran tamaño, ropa, semen, condones usados y pelucas rubias. Es el rastro gracias al cual regresan a su apartamento pasadas las 10 de la mañana. Usan poco vocabulario para comunicarse. Sí, son universitarios-algunos- pero tan sólo llegar a la costa sacan su anti-manual de comunicación y pasan a usar fuck, shame, fucker, shit, go, suck my dick, anal creampie, gangbang, alcohol, drugs, party, jesus, for god sake, whatever, pee yourself.
Son los hijos de la democracia, del capitalismo avanzado, tardío, quizá algo resacoso, con un poder adquisitivo impensable hace tan sólo 30 años que invierten en ocio a corto plazo.
El inciso reaparece de nuevo.

Inciso: Vanity, cuéntanos alguna historia de uno de estos tipos/as.
Vanity: Está bien, será breve e intensa y, como es habitual, improvisada sobre sí misma.

John Pelgream bajó del avión con los pantalones bajados y con la polla tiesa como un palo. Durante el vuelo, de dos horas escasas, vació el mini bar y trató de morrearse con dos de las azafatas. El copiloto salió de la cabina con un spray de defensa y le cegó los ojos. John Pelgream aprovechó el malentendido para encerrarse en el baño y, sin ver nada, se hizo una paja. Eyaculó en el cristal. Luego tiró de la cadena y escuchó el terrible ruido succionador del retrete.
Al salir del avión, con los pantalones bajados y la polla tiesa como un palo, resbaló por las escaleritas y se metió una torta en la cabeza. El aeropuerto de Girona le recibió con indiferencia y algo de desprecio. Se levantó en el hospital con el cráneo enyesado. Aprovechó un despiste de la enfermera para escapar de allí, pilló un taxi y se plantó en el bloque de apartamentos construidos en pleno franquismo. Encontró a sus amigos en el hall viendo un partido de rugby, lanzando botellas a la televisión hasta reventarla. Sí, por fin estaba en Salpou, las días soñados durante todo el año daban comienzo, y la fiesta ya era una realidad. Sin saber porqué, seguía con los pantalones bajados, y avanzaba con pasos de canguro, y decidió seguir con los pantalones bajados durante toda la noche.

Pasaron de bar en bar y se levantó de nuevo en el hospital. Escapó de nuevo, esta vez con el brazo derecho enyesado. Luego se levantó en el cuartelillo, pero al no tener documentación le soltaron. Y John Pelgream siguió con los pantalones bajados durante dos días, hasta el momento en que fue atropellado por un viejo ciclista. Con tan mala fortuna que se rompió la rodilla. Pero el siguió saliendo de fiesta, esta vez con silla de ruedas, rodeado de amigos que soltaban palabrejas como for god sake, mother fucker, asshole. Y regresó al Imperio Británico con algo menos de esperanza de vida y unas neuronas perdidas e irrecuperables pero satisfecho por todas las historias que podría contar en Facebook y contento por haber ahorrado en putas, habiendo sido capaz de negociar sexo con las camareras. Y al mismo tiempo consiguió un peluche en la máquina con brazo metálico del casino. Y todo fue algo así como feliz y quizá el año que viene regresaría. Siempre y cuando Salpou siguiera en pie y ningún partido de ultraderecha instaurara en su querido país del sur de Europa una nueva dictadura católica en el que el alcohol y el sexo de pago estuvieran fuertemente perseguidos.

Inciso: quiero conocer a John Pelgream.
Vanity: Ya sabes dónde encontrarlo el próximo verano.

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