Apuntes de madrugada (I): El estado de ánimo más adecuado para escribir dándolo todo

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  Reconozcámoslo, todos los que vivimos pegados al iPhone, a Twitter y al mamoneo digital en su más amplio espectro, tenemos un problema de concentración muy gordo. Tras discutir con mi dealer por whatsapp me pierdo por Barcelona con la moto. Después de revisar los peores memes de Tumblr suelo cocinar equivocándome en el punto de sal. Tras confirmar que en Privalia no debo comprar nada porque todo son shitnas pijas y pasadas de moda, rompo vasos y me quedo encerrado en el ascensor. Todo, casi todo, sale mal cuando uno deja de estar metido en las redes y vuelve a la realidad. O, en el caso que nos ocupa, se quiere poner a escribir, sencillamente escuchando música, fumando un piti y bebiendo una cerveza bien fría y con sabor a mi vida tiene todavía algún sentido. Pero, joder, cuánto cuesta ponerse en el mood adecuado para escribir como uno quiere, ni con cuatro pajas rollo xVideos en formato HD puede uno meterse de lleno en ese vanagloriado y odiado al mismo tiempo proceso de escritura. ¿Cómo lograremos alcanzar un estado de ánimo adecuado para reventar el teclado y conseguir una pieza tan única que decidamos (para nuestro propio regocijo y vagancia) dejar en nuestra lista de borradores?

Lo que NO debes hacer

1. Contestar a nada ni a nadie. Tu móvil pasa a ser una caja de cerillas que no necesitas porque tienes un mechero justo encima. Una vez abras tu documento, olvídate de todo lo que te rodea, solo permítete mirar por la ventana en busca de aire fresco y algún que otro escote juguetón.

Lo que HAY que hacer

1. Contestar a la llamada de tu flow interno. Mi teoría, anclada en el budismo electrónico y el taoísmo ravero, dice que dentro de nosotros existe un tipping point en el que nuestro subconsciente partyharder vislumbra que algo potente está a punto de ocurrir. Y eso, como los cánticos budistas, solo podremos hallarlo con unos buenos temazos cargados de clase y beat rasurado. Un gran ejemplo de temazo para encarar la pista de despegue:

 

 

Es la misma sensación que tienes cuando ves que alguien delante tuyo pierde la billetera con un billete de 100 emergiendo de ella, o cuando sabes que la camarera que tanto te gusta no está lamiendo los vasos de tubo por casualidad mientras te mira. Aunque este momento no tiene nada que ver con el sexo apasionado y gratuito ni con el dinero, sabemos de lo que estamos hablando: hay un momento en el que, como si fueses un toro enfocando bien al cavernícola de turno que te está troleando en la plaza, una sonrisa interna acude a salvarte y a decirte cómo continuar con tu shitna literaria.

Escribir * Vanity Dust

2. Alcanzar el flow interno y keep it warm. Cuando sientas que esta energía renovadora y repleta de grandes ideas está queriendo emerger, prepárate un cigarro bien liado y un vaso de cerveza fresca y cristalina. Es el mismo ritual que el que llevan a cabo los futbolistas: revisar los cordones y las espinilleras en el túnel de vestuarios, darse unos golpecitos entre ellos y saludar a los rivales. Lo mismo, pero sin dedicarte luego a hacer algo inútil como darle a la pelota mientras un tipo de negro dice qué está bien y qué está mal y un tipo desde el banquillo pierde su vida dando instrucciones como si eso fuese a mejorar algo. Estamos hablando de escribir, actividad solo comparable a conducir un descapotable sin manos por una llanura de Estados Unidos cercana a Las Vegas o a dormir durante 12 horas sabiendo que tenías una reunión importante a las 8 de la mañana. Escribir es un punto medio: conduces a duras penas con los pies y llegas siempre tarde pero unos minutos antes de que hayan decidido despedirte sin miramientos.

Escribir * Vanity Dust

3. Darle al 4 decks como si estuvieses en los noventa y no hubiese el botón de sync. Ya no hay vuelta atrás. Invadido por esta súbita calentura del buen temazo, la cerveza (se acepta gintonic o vermouth si el minibar lo permite) y el cigarro, debes lanzarte a la pista de baile con un hula hoop llamado onfireismo. Pero nada de pensar en moldear tu abdomen (sabemos de sobra que goza de gran vigorosidad y tersura), ahora toca arrancar con una simple idea espontánea que puede venir de cualquier lugar remoto de tu parte intuitiva del cerebro. No dejes que el raciocinio entre en acción todavía. Eso es para el segundo track. Primero disfruta bien el cruce mental de propuestas y conceptos que te propone tu psique, ultradotada tras este triplete de estímulos y lista para lanzarte ideas como: libros que podrías usar para barrer, personas que te han atormentado tanto como un mail de Atrápalo, revistas que has leído y te has preguntado cómo coño has acabado leyendo los pies de foto, vinilos que has roto sin querer por culpa de un ostentoso tembleque injustificable a las 3 de la tarde, mujeres que has seducido sin somníferos and so on.

Tu mente está contigo, tus dedos listos para aporrear el teclado. No mires atrás, no mires hacia los lados. Mira a la multitud, expectante para que suene tu gran intro que dejará patidifuso a —RECUERDA— tu lista de borradores.