El escaparate de chicas en bikini y la misteriosa muerte de John (nadie le dijo que iba a morir)

Los escaparatistas, al llegar el invierno y el frío, plantean colores cálidos como el rojo para confortar al griposo visitante. Siguiendo mi tendencia natural a la disonancia, he propuesto a una tienda de todo a 1€ regentada por chinos poner maniquíes de chicas en bikini (pero en topless) en su escaparate. Han aumentado las ventas un 150%, y la comisión para mí ha sido sustanciosa, junto con el pago en especie (papel de liar, DVD's porno).

En el curso de Marketing relacional he aprendido a manipular la mirada de la gente ante una página, así que pronto cambiaré la estructura de Vanity Dust para hacerlo más agardable y consumible a la vista, siempre con la filantrópica voluntad de proporcionar al lector más elementos de placer literario. Así se lo he comunicado a mi manager Karl Straüss.

-Hola Karl, ¿por dónde andas?
-No lo sé, hace varios días que desconozco mi propio paradero. Todo comenzó en una fiesta en la zona alta...
-Me da igual. Yo también me perdí toda una noche por un mal viaje de LSD y a veces dudo de sí sigo en NYC o si estoy en mi casa de campo. No te llamaba para eso.
-Es que me han detenido ya dos veces por culpa de molestar a la gente para preguntarle exactamente en qué ciudad me encuentro.
-Voy a cambiar el estilo de Vanity, incluyendo la cabecera.
-Perfecto, pero lo que deberías hacer es publicar más. A este paso no vas a llegar a los 200 post ni de coña. Debería darte vergüenza.
-Tienes razón, estoy ocupado con algunos asuntos y no puedo mantener el nivel. Ahora te dejo, he descubierto muchas cosas de Marketing que quiero contar en este post.

Hay otra cosa importante del Marketing, que es poner caras de gente en los catálogos. La gente sigue la mirada de las caras y así pasa a otro lado de la página. Eso es muy bonito. Siempre he querido poner unos pezones que señalen hacia una dirección en la que aparezca la venta de un deportivo de segunda mano usado por James Bond. O mi libro de muy muy muy de culto autoeditado, del que circulan 25 copias en el mercado negro.

Y ahora hablemos del tiempo. Hace sol. 
Y ahora hablemos de ti. Deberías dejar tus clases de Yoga y dedicarte a la autodestrucción, es una manera más divertida de aliviar el estrés.
Y ahora hablemos de él. Eres un pringando.

Y ahora expliquemos una bonita historia:

John no sabía que iba a morir. Yo tampoco sabía que John iba a morir. Aunque lo hubiera sabido, tampoco se lo hubiera dicho. Éticamente, es legal decirle al médico cuando estás enfermo que no quieres saber la enfermedad que tienes y que el tipo haga lo que considere oportuno para curarte pero sin decírtelo. Así el cáncer de pulmón puede convertirse en tu mente en un sencillo resfriado con operación quirúgica. La cuestión es que John murió, y nadie se lo dijo. Llevaba meses pasando crack y acumulando deudas extrañas por pertenecer a una secta que cree en los OVNIS. Bueno, expliquemos la verdad. John se suicidó. Pero él no sabía que se suicidaría. Y si lo hubiera sabido, tampoco se lo hubiera dicho a sí mismo. John ya no está entre nosotros. Y nadie le echa de menos. Pero si alguien le echara de menos, tampoco se lo contaría a nadie. John era un tipo complicado, un poco sesudo, dejó de ser hábil con las matemáticas cuando descrubrió el crack. Dejémos para otro momento cómo se suicidó. El misterio siempre es útil como recurso literario para dejar las cosas a medias y, al mismo tiempo, disparar la imaginación del lector, que tanto me interesa.

Vanity Dust
Noviembre 2010

(escrito en rojo para aumentar la sensación de calidez)

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