El día en que tú vuelves a ser tú (y el mundo vuelve a ser el mundo)

Imagino que voy a una librería y que solo venden tu libro. Cientos de estanterías repletas con miles de ejemplares de tu primera obra. Si Apple abre una tienda para vender cuatro cosas, ¿qué hay de raro en abrir una librería para vender solo un libro? Cada semana presentan tu libro personas diferentes, y hay personas que acuden a las presentaciones varias veces al mes. Tú nunca acudes a hablar de tu libro, de hecho, no has presentado nunca el libro personalmente. Lo curioso es que la gente que pasea por la librería distraídamente toca y observa los libros como si fuesen todos diferentes. Caminan, pillan uno, leen la contraportada, lo abren, leen al azar -algunos lo esnifan- y siguen pululando hasta hacer lo mismo con otro ejemplar. Dos libros iguales salen de la librería dentro de la misma bolsa, comprados por alguien que va a leerlos, los dos, como si fuesen diferentes. Los clientes que van en grupos se enseñan ejemplares entre ellos, rollo «¿has leído este? Lo peta». 
Luego imagino un bar con cientos de televisores que emiten tu rostro gesticulando y mirándome y sonriéndome y fumando. A mí. Pero todo el mundo lo mira como si tu rostro, que únicamente yo conozco de esa manera, les hablase a ellos. Al caminar por la calle, imagino que en todos los bares emiten también tu rostro. Los anuncios de las paradas de autobús, las fotos en los periódicos, desde la portada a la entrevista de la contra. Cada post en Facebook es tu rostro y cada nombre citado es el tuyo.
Ocurre en mi mente algo más extraño, todavía. Todo el mundo es tú. Mire dónde mire, todos son tú haciendo sus cosas habituales, que posiblemente nunca harías. Reconozco que me veo desbordado por tu omnipresencia, sin que ello me moleste, en absoluto. Llevo aparentando una normalidad exquisita desde hace algo más de un mes, imaginando y viviendo esta transformación ontológica de todo lo que me rodea y sucede.
Mañana cambiarán las cosas, al fin. Todo este imaginario obsesivo se invertirá, y el mundo volverá a ser el mismo coñazo caótico de siempre, y justo por ello desaparecerás de todas partes y tú serás tú, y solo tú, y estarás ahí solo para mi y conmigo. 
Qué otra cosa puedo hacer antes de acostarme que mirarme en el espejo de la habitación, sonreír incrédulamente, y ver que me devuelves la sonrisa en el reflejo y escuchar cómo me susurras que mañana todo volverá a ser como antes menos nosotros. 
Ahí, en TóTúSer.
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