El Capital - Karl Dust

Todo tiene un precio. La muerte de un bebé, el CD recopilatorio de Michael Jackson, los poemas inéditos de Bukowski, el café con leche, la fama y un brick de Don Simón. Detrás de esta obviedad encontramos el motor y eje de la historia, la voluntad de producción con el fin de obtener una remuneración a cambio, que permite a su vez consumir y, en según que casos, la acumulación de riqueza y poder. No consumir es poseer "el dinero en líquido", que implica poder poseer: una potencialidad que da margen de maniobra y cierta libertad dentro del sistema.

La mercantilización progresiva de la vida, basada en la posibilidad de obtener rentabilidad en casi todos los aspectos de la existencia, ha llegado al máximo esplendor con la invasión de la Red en las sociedades primer mundistas. Eres lo que pagarían por tí, si pudieran comprarte. Eres lo que facturas. Eres tu productividad. El precio de tu vida es lo que determina tu estatus social, tu valor, tu ser y tu respeto. Eres el número de visitas de tu blog. Eres lo que vendes y no lo que publicas.
Todo lo que conlleva generar una suma importante de dinero define a la persona, de modo más exacto que atributos como el carácter o la inteligencia.
En la sociedad de los falsos artistas, del usted y yo como protagonistas, como diría Paula Sibilia parafraseando a The Times, cualquiera puede llegar a ser alguien. Este ser alguien es determinado con las variables economicistas que completan la función del ser.
Los píxeles tienen un precio. Cada banner ubicado en mi blog es una presencia ajena, un intruso en ese espacio que cuido como a un jardín Zen. Es la rendición oportunista a la venta de productos y propuestas que poco tienen que ver con la realidad ficción que trabajo a diario.

El Capital en la Red se torna líquido -adjetivo que tanto agrada a Zygmunt Bauman,-y se filtra en periódicos, blogs, fotoblogs, redes sociales y buscadores. La tentación del consumo material -publicidad- nos acompaña en el consumo intelectual-blogs- y crea una sinergia indisociable por la cual los productores (usted y yo) consiguen una mísera remuneración por su trabajo, viciando el contenido voluntariamente con falsas ilusiones de mejorar la cotización del ser, amparada por los ingresos derivados de la publicidad.

La confluencia de la publicidad y el trabajo independiente permite a las empresas que convierten en líquida su presencia comercial insertar su producto en el ámbito privado, mejorando el target y llegando al consumidor ideal que los departamentos de marketing consideran más apropiado.

La mayoría de bloggers profesionales consiguen sus ingresos a través de la publicidad. Sin ella, no podrían dedicar el tiempo necesario para producir al nivel que exigen sus lectores.
¿Es la publicidad el motor de Internet? ¿Es la pieza que une los engranajes de la creación?

No se lo pierdan, regresamos después de la publicidad.

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