El ascenso y la caída de Kale el contrabandista

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Primero fueron dos cartones de Marlboro. Es lo normal que la gente de bien lleva consigo a España cuando regresa de vacaciones del país de los pirineos. Es el país idoneo para esquiar, comprar y darse un baño en las piscinas termales, poco más.

Por la tarde, con la piel rojiza y los michelines reposando, Kale bajaba de su Hotel Pallaforta para ir de compras. Como un místico abducido por el deseo infinito, buscaba la experiencia de consumo total. Se pulía el sueldo como reponedor en un supermercado de la Costa Brava comprando una nueva cámara digital (la llevaba a la playa para fotografiar tías en topless y se la cargaba cada vez), calzoncillos Calvin Klein (le costaba encontrar su talla) y tabaco.
Los dos cartones no le duraban una semana. Le ponía de los nervios. Sus amigos, gordos y reponedores también, sabían de sus escapadas y le pedían, casi de rodillas, que les bajara cigarrillos. Después de distribuir se quedaba con un cartón. A los amigos no penséis que se los regalaba: los vendía por un precio superior y ganaba incluso algunos euros.
Dándole vueltas a esta injusta situación (mucho viaje y pocos pitis), fue tramando un plan para poder fumar más y aumentar sus ganancias. Calculó que ahorraba unos 9€ euros por cartón. Legalmente se podían bajar 2 cartones por persona. En el coche cabían 5 personas. 9x2=18. 18x5...¡90€!. Por cada 10 cartones se ahorraba 90 eurazos, algo así como lo que ganaba en una semana reponiendo pizzas congeladas y cerveza sin alcohol.
El problema era que si llevaba a alguien más en el coche, querría los 2 cartones para él y no para vender y hacer negocio. ¿A quién podía llevar?. Su madre no fumaba, sería una opción. Bueno, ¿y si probaba bajar él solo 3 cartones y esconder uno entre los michelines?. Con eso ahorraría 27€. Así lo hizo, y le fue bien. Poco a poco su cuenta bancaria fue aumentando. A veces compraba tabaco de peor calidad y lo vendía como Marlboro. En 3 meses hizo acopio de distintos trucos para timar a sus amigos gordos y reponedores. Su camino se acercaba día tras día al narcotráfico. Consiguió llenar una barquita inchable con 25 cartones y la coló. por el río Ganó 225€. Con esto podría follarse por fin a 2 rubias del Este a la vez...
Su mente, dotada ya de una avidez considerable, tuvo otra gran idea. Si ellas subían con él al país de los pirineos, podrían bajar 2 cartones cada una y así pagaría 36€ menos. ¡zorras baratas!. Con el excedente, se compró unas Ray-Ban (las rompió a los 3 días debido a la anchura de su cara).
La barquita de plástico se le quedó pequeña y contrató a un marroquí experto en conducir pateras para que transportara 100 cartones. Ganó 900 euros. ¡más zorras para Kale!.
Con el negocio en marcha y sus amigos muriendo de cáncer de pulmón, compró una furgoneta con capacidad para 9 personas.
9 personas por 2 cartones...162€. Podía ahorrar casi 200€ trayendo a gente. Primero lo hizo con inmigrantes. Les pagaba una comisión de 2€ a cada uno a cambio de que llevaran sus 2 cartones.

Un día, Kale llegó al sumum de la felicidad grasienta. Subiría al país de los pirineos con 8 zorras, todas del Este. Rubias y pelirrojas con tangas de hilo y tetas que se aguantan solas. Follaría y a la vez ahorraría 162€.

Todo iba sobre ruedas, el experto en conducción de pateras facturando 900€ diarios y Kale ahorrando una pasta y follando como nunca.
Todas las historias dignas y bonitas tienen su final. El final, cómo no, fue el encuentro con la ley.
Un día, uno de los policias del control, que ya conocía a Kale y sospechaba algo de él, vio como una de las chicas que estaban sentadas detrás de la furgoneta sonreía, y no tenía dientes. Le pareció sospechoso. Paró la furgoneta y registró el contenido. Encontró 18 cartones, lo normal cuando van 9 personas en el vehículo. Cuando iba a dejarlos pasar, husmeó en el bolso de la chica sin dientes (Kale decía que sus mamadas eran excelentes) y encontró un alijo de coca. La cara de Kale y el movimiento circular de sus michelines son indescriptibles.

Encontraron dinero en negro en la cartera de Kale, más coca en las demás chicas del Este, y cuando uno de los polis fue a mear a la intemperie vio un pobre marroquí remando con la patera cargada de cartones.

A Kale le cayeron 2 años de cárcel y fue entrevistado en el programa callejeros, especial "gordos en la cárcel".
Le petaron el culo en muchas ocasiones.
Lo único bonito de todo ello fue que sus amigos, reponedores y gordos, le traían un cartoncito de Marlboro cada semana.

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