El alma digital

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Al subir el volumen de los altavoces siempre sale un aire que expande el sonido más allá. Pones la mano y notas el vómito de oxígeno masajear tu carne. Esto se junta con la vibración truculenta y sistemática del subwoofer que hace temblar el suelo. Y todo ello culmina en una fusión perfecta de beat, batería y voz. Las máquinas transmiten más energía de lo que suele reconocerse. Sigo sin entender por qué mucha gente con bigote tiene miedo o recelo de la tecnología. Todo el mundo ama consumir productos electrónicos, pero pocos son los que realmente empatizan más allá de su iPhone o vibrador. Unos altavoces merecen mucho cariño. Acariciarlos, hablarles, contarles pequeñas anécdotas cotidianas. Enchufarlos para escuchar el leve clic. Ver cómo se enciende la luz de ON. Apagarlos y pedirles perdón y paciencia hasta el próximo encuentro.
 Lo que suena ahora es Ladytron, Flicking Your Switch. Después sonará Dawn of the Dead (Hadouken! Remix), de Does it offend You, yeah? Sin la música y sin Twitter y sin la cerveza ni el tabaco, mi escritura no sería viable. El áurea literaria que me proporcionan es estrictamente necesaria para no terminar hablando de El Internado o de Paulo Cohelo. En realidad, esta conjunto de elementos, junto a otros como el sexo, son una coraza que garantiza mi estilo, mi paupérrima personalidad como ente escritor dentro del espacio blogger. Y esto me lleva a otra reflexión suscitada a una pregunta reciente de Formsrping, que responderé en breve. La cultura blogger dentro del amplio margen del panorama literario. No nos confundamos, existen, a estas alturas, dos mundos literarios que divergen en el modo de entender la literatura. A saber:
1. Horizonte decimonónico-canónico, conservador y excluyente / El libro en papel de fumar /
El libro en papel es, en efecto, el producto literario mejor considerado y altamente consumido. Un escritor se consuma como tal cuando su obra aparece bajo un sello editorial y las abuelas pueden comprar el libro en el Carrefour. Este escritor pertenece a una especie de elite cuya calidad literaria supera a la de otros autores o escritores que proceden de otras esferas, como la escritura digital. Puede que este escritor utilice medios digitales para dar el coñazo a sus seguidores, con una autopromoción petulante y prescindible con el único fin de vender más libros a los amigos de sus amigos. ¡Boring!
2. Horizonte digital-rizoma deleuziano, expansivo e incluyente / El post en pantalla de LED /
Este escritor parte de una adversa condición, marginal, débil, faltada de legitimación. Básicamente, porque nadie se ha gastado dinero en su trabajo. De hecho, nadie da una mierda por lo que hace. Es el camino no canónico; sin ningún tipo de credibilidad aparente, ya que lo único que ha hecho es crear una cuenta gratis en blogger y ha elaborado varias pajas mentales con su limitado universo creativo. 
Pero imaginemos un tío que sabe lo que se hace. Que tiene un proyecto en mente, y que no quiere hablar de su perro ni de las chinas que le hacen pajas en la peluquería clandestina. Este tío, que suponemos que escribe bien, evita una estructura jerárquica y burocrática para desarrollar su escritura (el mundo editorial). No habla con las editoriales, no habla con agentes, no habla con los medios. Habla con sus lectores, con los SPAM diarios, consigo mismo, con la madre de su novia, y poco más. Este tío (seamos correctos, también puede ser una tía), pasa del rollo convencional. Se la suda. Ni siquiera se lo ha planteado. Tampoco está especialmente frustrado, sencillamente su escala de valores no se corresponde con el modelo clásico.
Este tipo juega en Twitter, republica mierda y la distribuye a gran escala. Escribe post sin rendir cuentas a nadie y de vez en cuando folla gratis gracias a ello. En efecto, su camino proviene de la democratización de los medios de publicación digitales. 
En el caso de que llegue a publicar en papel, no deja de ser un accidente en su proyecto, un lujo que se puede permitir. No obstante, su naturaleza no deja de ser díscola.
Obviamente, con el uso de la demagogia que me caracteriza, el segundo modelo parece que mola más, ya que me incluyo sin permiso en este segundo personajismo literario. Pero no simplifiquemos, tampoco son modelos excluyentes, ni mucho menos antagónicos. ¿Cuál es el problema, entonces?
El problema es la reticencia demasiado anclada que habita en estos modelos. Existe una distancia excesivamente marcada, incomunicada, entre ambas esferas. Y lo sorprendente es que la mayoría de blogs que tienen éxito son de verduleras que hablan de su ropa o de payasos naïf que cuelgan fotos de su perro. Puede ser que esta sea la causa del escaso protagonismo de la literatura digital dentro del panorama literario general. Y esto es lo que no comparto, y lo que trato de joder a base de bien.
Pasar del horizonte 1 al 2 es mucho más difícil que del 2 al 1. Salvo casos concretos, como Agustín Fernández Mallo, Jorge Carrión y el vecino del cuarto, es complicado compaginar el modelo 1 como gran fuente de trabajo y vincularlo con un proyecto mínimamente interesante en el modelo 2. 
3. Horizonte mixto, como la cocaína adulterada con amfetamina y el cubata con MDMA.
Este es el punto más interesante dentro del discurso demagógico que estoy llevando a cabo.
La red es la base, la nueva comunicación sacramental a la que hay que cuidar y cultivar, en la que uno se relaciona fructíferamente y de manera continua y expansiva. Ello no conlleva que el papel y las cosas que se pueden escribir allí no dejen de ser una arma inerte pero útil a la hora dedicar en la primera página la obra a un lector con los ojos humedecidos.
Sin duda, me atrevo a proclamar que el modelo en red es mucho más dinámico, divertido y fumable. Y por ello no lo recomiendo salvo que uno tenga muy poca cosa que contar. Me explico, la red nos da material crucial y constante para nuestra formación literaria, mientras que el libro en papel ralentiza la creación y la convierte en un proceso frío y calculado que carece de alma digital. Tendremos más cosas que contar surcando la red que plantándonos delante de una hoja en blanco con Shakespeare en la cabeza.
Tener alma digital es el camino para la producción contemporánea. Por ello, mis altavoces siempre me ayudan en los momentos en los que la pervierto para pasarme al papel. De liar.
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