Entrevista a Salvador Reggio, Katya Adaui y Andrea Jeftanovic por 'La condición pornográfica'

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La condición pornográfica. El Cuervo, 2011.

Cuando me enteré a través de un amigo que estaba a punto de salir en América Latina un libro llamado La condición pornográfica, basado en explorar a través de la narrativa las últimas mutaciones del sexo en todas sus expresiones, desde lo cotidiano a lo extremo, pasado, en muchos casos, por la revolucionaria aparición de las nuevas tecnologías y sus infinitas posibilidades, me puse manos a la obra para conocer a algunas de las talentosas voces que están detrás de ello.

Justo antes, nombremos a los colaboradores de este singular proyecto recién salido del horno (a muy alta tempratura): Giovanna Rivero, Vizania Amezcua, Katya Adaui Sicheri, Solange Rodríguez Pappe, Roberto Valencia, Tatiana Goransky, Patricio Pron, Pablo Guitérrez, Gabriela Bejerman, Luis Hernán Castañeda, Jorge Alfonso, Andrea Jeftanovic, Miguel Antonio Chávez, Antonio J. Rodríguez y Mayra Luna. Edita Salvador Luis.

Al habla el editor de La condición pornográfica, Salvador Luis Reggio:

 
 
Salvador Reggio.
                                                      
 
-¿Qué puede aportar la literatura, la del recién estrenado y bien caliente S.XXI, ante la sexualidad y sus nuevas expresiones en la red? ¿Que aporta La condición pornográfica en este sentido?
-Está claro que la literatura, al igual que otras artes, siempre tiende a hacernos meditar. Estas meditaciones, desde luego, pueden ser o muy simples o muy complejas (no todo en la vida debe ser necesariamente sofisticado), pero es indudable que el arte aporta a cualquier debate y que una antología como La condición pornográfica de algún modo participa dentro de un círcuito de ideas que el porno, como producto cultural, genera día a día. Eso no significa, claro, que la intención principal de esta compilación sea la de convertirse en un discurso hegemónico sobre la pornografía, por supuesto que no. La condición pornográfica, al menos desde mi perspectiva de antólogo, solamente dialoga temáticamente con un fenómeno cultural que ya está enraizado en nuestras sociedades y que, como todo, merece explorarse. Si tuviera que hablar acerca de un aporte claro, pues me centraría en la reorganización de categorías que hemos tratado de plantear en el prólogo. Me refiero a la categoría de literatura “pornotemática” en contraste con la “erótica”. Esta antología parte de un imaginario distinto, el imaginario del porno, y es cierto que como antólogo mi intención fue diferenciarlas y producir un libro que se intentificara claramente con la pornografía y no precisamente con el erotismo. La red y la vigencia actual de las plataformas pornográficas ciberespaciales son parte del libro, sí, pero no son la única localización. La condición pornográfica abarca en sus páginas toda la gama de espacios que el porno nos ha dado, desde las revistas y el cine tradicional, hasta el sexo cam2cam y los formatos caseros de vídeo.
-La pornografía sigue escandalizando a día de hoy, especialmente cuando se trata de gente bien y famosa, a lo Paris Hilton y decenas de otros sórdidos casos, pero resulta ser una práctica de uso más que habitual entre el común de los mortales. Especialmente, las perversiones ganan adeptos día a día (vídeos bondage, bukkakes, gangbangs y un sinfiin de apetencias para todos los gustos, especialmente los extremos). ¿Es una bipolaridad social, el hacerlo y contarlo solo a semejantes, que la literatura puede poner al descubierto, exponerlo abiertamente?
-Definitivamente, supongo que algo de esa exposición se advierte en el libro, aquella bipolaridad social a la que te refieres, pero también sería necesario recalcar que las palabras, aunque logren crear imágenes, no son lo mismo que las imágenes audiovisuales. Creo que La condición pornográfica nos plantea temáticamente algo que todos conocemos, algo que para algunos grupos es un nicho de obscenidad y para otros de ensoñación. Esa bipolaridad es necesaria, claro. El porno necesita ser odiado y amado, cubierto y desvelado, o como dicen Andrés Barba y Javier Montes: puesto en escena y sacado de ella. En esta antología todos los personajes participan de esa oposición binaria; parafraseando el título del libro, diría que esa dicotomía es la verdadera condición pornográfica, ya que el porno no puede salirse de dicha objeción, pues está claro que es la “cara oculta” del porno la que nos inflama y excita. Dicho esto, es necesario asumir que los relatos incluidos en el libro son solo un acercamiento a la pornografía a partir de un imaginario pornográfico, y que al ser representaciones únicamente alcanzamos a rozar el fenómeno real; el porno auténtico, ya sea el de cineclubes, videotecas o revistas siempre podrá exponer nuestras fijaciones o frustraciones de manera más clara.
-¿Qué hay de la estética del porno? Antes del fenómeno amateur porn, las películas contaban con argumentos, planos firmes y calculados, todo muy limpio. No se ha dejado de usar esta fórmula, pero la producción casera ha ganado enteros. ¿Puede un relato, una novela, jugar hacia ambas direcciones?
-Sí. Y creo que los relatos incluidos en la antología abordan tanto estéticas soft core como hard core; hay textos, además, que cuentan con imaginarios homoeróticos y otros que están claramente vistos desde una experiencia heteronormativa. Me atrajo muchísimo no solo la forma en que algunos de los textos abordan las relaciones íntimas sino también las narrativas que se crearon con intenciones “metapornográficas”, aquella mirada sobre la industria planteada desde dentro, y la humanización, en algunos casos, de los objetos típicos de la pornografía, los actores y directores, por ejemplo, que en algunos cuentos han pasado a ser lo que yo denominaría “sujetos sensibles”. Esta antología alberga varios de los tópicos del porno, y en ese sentido cuenta con relatos que van al grano, al estilo de los famosos gangbangs, así como con textos híbridos, semejantes a las películas más recientes de Tinto Brass; asimismo, hay algo que el porno auténtico no puede hacer y que la palabra sí puede, y esto sería el análisis existencial en sí. El porno no es capaz de criticarse o cuestionarse a sí mismo, la literatura, por ser otro género y por la distancia, sí puede hacer un juicio de valor existencial, ya sea este celebratorio o peyorativo. Me parece, respondiendo a tu pregunta de fondo, que representar miméticamente lo que hace el porno es parte de la pornotemática, pero creo que el relato o la novela pornotemática puede debatir más allá de los límites del porno auténtico.
-¿Que os impulsó a abordar esta temática contando con voces tan heterogéneas y de tantos lugares dispares tanto de España como de América Latina?
-La diversidad siempre es un componente importante del trabajo que realizamos. En el caso específico de La condición pornográfica, la antología reune autores nacidos en Argentina, España, Perú, Uruguay, Bolivia, Chile, Ecuador y México, pero es bastante obvio que mucho del imaginario pornográfico, no solo iberoamericano sino también mundial, parte de la producción pornográfica norteamericana, que es la que más se consume y la que ha creado paradigmas y géneros repetidos en todas partes del orbe. Siendo sinceros, y sin restarnos identidad propia, cuando se trata del fenómeno porno el peso de nuestro archivo recae fuera de España y América Latina; eso no quita, desde luego, que haya experiencias distintas, personales, ya que cada individuo prefiere una pornografía muy específica (las afecciones pornográficas son ilimitadas) y que la antología, en ese sentido, toque temas como el de la moral católica respecto al porno (que es una característica muy hispánica), pero hay que reconocer que el porno es un producto que hemos adoptado a partir de lo que otra cultura comercializó. Desde mi punto de vista, aunque hubiéramos construido la antología con autores búlgaros o australianos la propuesta hubiese sido la misma: escriban relatos sobre la pornografía, y la respuesta, además, muy similar a la que hemos recibido de los autores que convocamos: sexo, tecnologías fílmicas y digitales, actores y actrices, fotografías, vaginas y penes con olores peculiares, etc. El porno, a decir verdad, es atractivo no sólo por tener una cualidad obscena sino porque nos ha acostumbrado a ciertos lugares comunes que nos apasionan, aun en su diversidad los seres humanos buscamos el porno por la misma razón. En realidad, lo primordial para mí no fue precisamente analizar cómo Iberoamérica recibe o reformula el porno sino cómo Iberoamérica está integrada al circuito y discurso global de la pornografía. 

Salvador Luis Reggio Miranda (Perú, 1978) es editor y narrador. Ha estudiado cine y literatura. Ahora termina un doctorado en Lenguas Romances en (ni más ni menos) que Miami. Dirigió durante 10 años, desde el 2001 hasta el pasado año la revista de literatura Los Noveles. Ha publicado sendas movidas, tales como Miscelánea o el libro geminiano (Los Underdogs, 2006), Rock duro y metal pesado (Los Underdogs, 2006) y Zeppelin (Casatomada, 2009). En cuanto a la edición, a preparado varias antologías, como Asamblea portátil. Muestrario de narradores iberoamericanos (Casatomada, 2007) o La Banda de los Corazones Sucios. Antología del cuento villano (El Cuervo, 2010).  Mantiene la columna de entrevistas “Situaciones incómodas en Koult. www.salvadorluis.net.   Salvador Luis Reggio Miranda (Perú, 1978) es editor y narrador. Ha estudiado cine y literatura. Ahora termina un doctorado en Lenguas Romances en (ni más ni menos) que Miami. Dirigió durante 10 años, desde el 2001 hasta el pasado año la revista de literatura Los Noveles. Ha publicado sendas movidas, tales como Miscelánea o el libro geminiano (Los Underdogs, 2006), Rock duro y metal pesado (Los Underdogs, 2006) y Zeppelin (Casatomada, 2009). En cuanto a la edición, a preparado varias antologías, como Asamblea portátil. Muestrario de narradores iberoamericanos (Casatomada, 2007) o La Banda de los Corazones Sucios. Antología del cuento villano (El Cuervo, 2010).  Mantiene la columna de entrevistas “Situaciones incómodas en Koult. www.salvadorluis.net. 
  

 

 Y ahora sigue Katya Adaui, autora del relato Es una gorda que gime:
 
Katya Adaui.
-Una mujer con una sobria y gris rutina laboral, una falta de emoción y experiencias -especialmente, en lo sexual- ¿Un terreno abonado para el porno?
 
-El porno inquieta. Viene a romper una rutina. Y cuando se disfruta deja de ser una tentación culposa y puede volverse una visita divertida. Supongo que algunas mujeres lo han descubierto justo cuando necesitaban un cambio y han comenzado a experimentar cierto tipo de placer visual que les permite explorar fantasías, relajarse y sentir la emoción de involucrarse en una nueva experiencia donde ellas deciden qué les gusta y qué no.Compartir el porno en la adolescencia, con amigos, suele ser algo habitual, incluso tierno. 
 
-¿Redescubrir el porno con una nueva amiga, ya madurita, es una forma de rejuvenecer?
 
-Las mujeres hablamos mucho de sexo con nuestras amigas, no importa qué edad tengamos. En mi cuento propuse que dos mujeres se hicieran amigas viendo películas porno, porque era su forma de estar en el mundo, de disfrutarlo sin complejos. Rejuvenecen a través de esta amistad que les permite descubrir, explorar, compartir, sentir, sin juzgarse ni reprimirse.
 
-Mujeres solteras y desorientadas y madres divorciadas que continúan en la insaciable tarea de satisfacer sus necesidades sexuales y emocionales, ¿Se retrata en este relato un panorama ya asimilado de una gran parte de las mujeres de hoy?
 
Al escribir este relato pensé en aquellas mujeres que viven una rutina trabajo-casa porque así lo han elegido. Sin otras pasiones más que cumplir con lo que se espera de ellas. Propuse un cambio de expectativas en ellas mismas. Romper con esa indulgencia tan abrumadora y poco vital. El porno les hace recordar cuán humanas son, qué necesitan y qué esperan de la vida tanto como del sexo.
Katya Adaui (Lima, 1977) es periodista y fotógrafa. Ha publicado los libros de relatos Algo se nos ha escapado (Borrador Editores, 2011) y Un accidente llamado familia (Matalamanga, 2007). Su trabajo ha aparece envarias antologías, como Mi madre es un pez (Libros del Silencio, 2011), Disidentes1: muestra antológica de narradoras peruanas (Altazor, 2011). Está escribiendo suprimera novela y mantiene el blog: casadeestrafalario.lamula.pe.
 

 

Cerramos este potente trío con Andrea Jeftanovic, que aporta el relato Medio cuerpo afuera vagando  por las ventanas:
 
Andrea Jeftanovic.
-Nos enfrentamos a la inevitable e imparable avalancha de “desastres” que acarrea el paso del tiempo a un matrimonio con décadas a sus espaldas. Frustración, soledad, celos, miedo, posesión, dolor. ¿Hay otra escapatoria? ¿Alguna luz a la qué agarrarse?
 -Responderé desde la literatura, sobre la vida real no me animo. La verdad es que cuando Salvador Luis me encargó un relato pornográfico partí con una historia que transcurría en un peep show, pero no me convencía. Entonces pensé, ¿cuál es el espacio menos pornográfico por excelencia? La respuesta, un hogar de un matrimonio de larga data, ése era el desafío, poblar de una tensión porno un espacio supuestamente burgués, ordenado, formal.  También creo que justamente en una relación de mucho años, a diferencia de la sobre valoración de las aventuras con desconocidos, se puede llegar a límites insospechados basados en la gran confianza y conocimiento del otro. A mí me gusta en la literatura derribar lugares comunes, como eso de que el sexo entre desconocidos es genial, y un matrimonio o pareja estable, no. 
De todos modos el relato sí trabajo el tedio, el desgano de una relación larga, cuando se dan cuenta que el deseo  ha decaído y desean experimentar otras sensaciones, entonces se abren a nuevas prácticas pero en esa innovación también se traza un precipicio que hay que saber manejar. La pareja de mi cuento, “Medio cuerpo afuera vagando por las ventanas”, creo que paso por una crisis pero luego encuentra su solución, no es una historia trágica, es una historia que va más allá de ciertas fronteras, y ellos siguen juntos.  No que hay que olvidar que el “matrimonio” tiene bastante de finanzas libidinales: inviertes, especulas, ganas, pierdes.
El matrimonio, odio la palabra, diría las relaciones amorosas tiene cosas rutinarias, también es fascinante, es una “comunidad de destino” con tantas cosas compartidas, el mejor encuentro de la intimidad, de secretos guardados, de compañerismo.
-Internet canaliza, ya de forma habitual en multitud de relaciones en decadencia, una respuesta ante la falta de deseo real, que reaparece desbocadamente en la red. ¿Autoengaño? ¿Liberación? ¿Fantasía desesperada?
“Ya no es como antes”, aquellos recuerdos perversos que acuden para decirnos que estamos atrapados en un presente que, segundo a segundo, nos muestra lo muy alejados  de aquella relación ideal (idealizada) de los inicios...
-Bueno, quise reflexionar sobre las redes virtuales y el deseo, en ellas hay algo de falsa promesa, pero también hay algo de generar el relato que la fantasía siempre convoca. El deseo no es solo un cuerpo,  es un lenguaje que se da a través de gestos, historias, construcciones de ti mismo, expectativas, lo oculto. Y eso internet lo puede desplegar, pero claro hay espacio para la mentira, la ficción y luego cuando quieres “concretar” el deseo en esa persona que crees “conocer” puede ser un fantasma. La escritura, y más aun en la red donde tantas cosas quedan ocultas y hay tantos aspectos que artificialmente puedes corregir, es un arma de seducción, tramposa pero un arma. 
 
Andrea Jeftanovic (Santiago, 1970) es socióloga y doctorada en literatura hispanoamericana en Berkeley. Ha escrito varias novelas, como Escenario de guerra (Alfaguara, 2000; Baladí, España 2010) o el volumen de relatos No aceptes caramelos de extraños (Uqbar, 2011). También ha publicado el ensayo Hablan los hijos. Discursos y estéticas en la perspectiva infantil (Cuarto Propio, 2011). Actualmente trabaja como académica en la Universidad de Santiago de Chile y avanza en nuevos proyectos literarios.
 
 
 
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