Entrevista a Gonzalo Torné, autor de 'Hilos de sangre' y muchas otras movidas

Gonzalo Torné
"Las personas suelen contar mucho mejor las cosas que no les han pasado"
 
Podríamos entrar en un apasionante e infinito -pero sobradamente tratado y tostón- debate sobre cómo son los escritores de raza, y dónde quedan los escritores wannabe. Pues bien, tenemos la suerte de contar con escritores como Gonzalo Torné, que ponen los puntos sobre las íes y las cosas en su lugar cuando se trata de hablar de literatura. Con Gonzalo hablamos, sobre todo, de su última novelaza, que bien le valió el Premio Jaén de Novela en su momento, Hilos de sangre (Mondadori, 2010), y que no hace mucho cayó en mis manos y ahora reposa en mi estantería en la zona de los epicwin. En apenas siete preguntas he quedado eclipsado ante el aplomo y conocimiento pro de Torné. Por su férrea disciplina a la hora de abordar -y respetar- el proceso creativo, mucho más allá que sentarse y tener cuatro ideas graciosas. Por su interés en la ficción como ficción, más allá del trillado "basado en hechos reales". Por defender una Barcelona que se mantiene al margen de las banales modas y de los turistas que nos sacan de quicio. Por corregirme la época en la que yo ubiqué uno de los fragmentos de la novela -juraría que iba sobrio cuando leí ese capítulo-. Y porque me trató de usted. Y también porque no se corta un pelo al abordar el panorama literario actual y sus inevitables reformulaciones.
Además, cuando hablamos de petarlo, en realidad, Gonzalo sabe de qué va el tema. Enjoy.
 
1. Líos familiares. Rupturas. Divorcios. Frustraciones del día a día y deseos incumplidos. No es que sea un panorama muy alentador el que presentas en Hilos de sangre. Pero, según me ha parecido, a pesar de todo esto, se desprende una vitalidad bruta de los personajes, unas ganas de vivir desesperadas de por ejemplo, la protagonista de la primera parte, casada, todo sea dicho, con un tipo bastante imbécil. ¿Cómo planteaste esta sufrida trama familiar?
Empieza usted con una pregunta muy difícil señor Dust, ¿cómo se plantean las novelas? Algunas pistas: las novelas no se deducen de teorías, las novelas no se desenredan de una nítida idea previa, y en mi caso no transportan al papel historias que he oído ni mucho menos pretenden dar cuenta de una experiencia personal (ya me gustaría a mí poder emplear un material tan cercano). Hay que tener en cuenta que uno pasa ocupado muchas horas al día durante meses, ¿cómo resumir ese proceso larguísimo en un párrafo? 
2. Barcelona se presenta como una ciudad competitiva, pero a un nivel de bajezas poco saludable. Pijos, trepas, todos con un rollo ignorante detestable. ¿La decadencia de la burguesía catalana? ¿esos cuarentones que se tenían que comer el mundo y han acabado comiéndose a sí mismos?
No comparto la aversión acomplejada de tantos escritores y periodistas de mi generación hacia Barcelona. En mi barrio (Sants) nunca vimos un turista y donde vivo desde ya hace casi una década (Eixample Dret) apenas encuentras alguno despistado, son muy simpáticos, y siempre te hacen preguntas sencillas, útiles para ejercitar el inglés. Desde luego que es una ciudad ruidosa, competitiva, snob, traicionera, estresante, ensimismada y contaminada. Pero los árboles y los prados apenas tienen conversación. A mi gusta el clima, la tensión, el drama, el humor y el aspecto de sus habitantes, sus dos lenguas, sus derivas secesionistas, el asfalto, las cuadriculas del Eixample, los kamikazes en bicicleta, las campañas ecuménicas del ayuntamiento y las reglas de circulación gremial de los taxistas. 
3. Hablemos de Joan-Marc. Agente inmobiliario de poca monta. Especulador nato que no sabe tener ni un euro en la mano sin pulirselo en lo primero que se le ocurra. Seductor y autoritario con su chorba. Cretino a más no poder. ¿Refleja este tipo ciertos estratos de su generación?
Coincido con usted con que es un cretino. Para mi sorpresa la mayoría de mis lectoras le consideran un sujeto apreciable por no decir otra cosa. Fantaseo en concederle un poco más de espacio en otra novela para barrer las dudas sobre su naturaleza pusilánime. Estoy convencido que a duras penas se refleja a sí mismo, menuda pereza los personajes “representativos”. 
4. A nivel literario, Hilos de sangre destaca por su ambiciosa exaustividad por las genealogias familiares, por su prosa entre poética y detallista, que le mete caña al minimalismo literario, dejándolo en la estacada, optando por hacer florecer el lenguaje en su máximo esplendor. ¿De dónde procede este modo de trabajar? ¿Qué influencias tienes en mente a la hora de currar?
Le agradezco sus palabras, pero dejemos que los lectores con espíritu crítico juzguen el estilo del libro como les parezca. La cuestión de las influencias es compleja. La historia de la literatura es muy larga. Digamos que para escribir esta novela he tenido muy presente a autores que se atreven a emplear generosamente los recursos expresivos del idioma sin someterse a las consignas de moda, y también a quienes se esfuerzan por iluminar aspectos del mundo que de otro modo quedarían desatendidos. Si quiere nombres, ahí van los de Bellow y Naipaul, de los que he escrito con cierta amplitud, y que pertenecen a la historia del radicalismo auténtico, que no se basa en la pose o en el programa, sino en el trabajo y el pensamiento. 
5. También aparecen en la novela unos jovencillos ilusos que se las dan de revolucionarios, por allá los setenta [treinta], cuando las utopías parecían algo más posible, cuando ser "revolucionario intelectual socialista" te hacía ligar bastante más que ahora. Operan con una pachanguera voluntad terrorista, que no acaba de concretarse en nada serio de verdad. ¿De dónde sale este imaginario que parece ser escrito por alguien que ha vivido el percal desde dentro?
Terminé escribiendo sobre la guerra civil por exigencias, digamos, estructurales. Tenía muy presente los referentes negativos; a medida que esquivaba libros sobre el mismo tema que por sentimentales, maniqueos o ingenuos no me servían, aparecieron los dos principios compositivos más importantes: unos personajes con una percepción del futuro casi nula, y un ensamblaje del material narrativo que avanza sin aviso o se ralentiza inesperadamente, algo así como un travelling donde la sensación de continuidad se obtuviera pese a haber sustraído de aquí y de allí numerosos fotogramas. 
De todas maneras supongo que me pregunta por la documentación, un asunto que despierta mucho interés. No valoro demasiado la experiencia personal: las personas suelen contar mucho mejor las cosas que no les han pasado. La documentación, que suele ser experiencia de segunda mano, es un material seco, como esas frutas desecadas que concentran el sabor pero que prescinden de la pulpa, los jugos y la textura filamentosa.
Tampoco aprecio la veracidad histórica cuando se trata de literatura. La mejor novela sobre el estado austro-húngaro transcurre en Kakania. Para la cuarta parte de la novela leí el diario auténtico de un anarquista: “Diari d’un pistoler de la FAI”, escrito por Josep Serra, y editado por Miquel Mir. Su mirada queda a la altura de los artículos corrientes, no establece una distinción erudita sobre lo que es interesante o no, una mirada parecida a la de los novelistas cuando capturan material. Serra no es un hombre demasiado perspicaz, el cuadro general está desdibujado, hemos leído mil veces la historia que él narra, pero él lo hace arrastrado por una marea de acontecimientos informes. Serra me ofreció lecciones gratis sobre el punto de vista, me enseñó en qué se fijaba un hombre de su tiempo, es un libro discreto, pero tiene un valor incalculable para mí.   
6. Tras Hilos de sangre, hacia donde van tus tiros, ¿seguirás petándolo?
He publicado tres relatos por encargo estos dos años y medio, el más apreciable se titula “Las parejas de los demás”, que retoma algunos temas de “Hilos de sangre”. Por lo demás, si todo va bien, publicaré una novela en otoño de 2013, y espero encaje con el campo semántico de “petarla” que presumo positivo.
7. Hablemos del panorama editorial -si te parece- de la forma más libre posible, ¿qué se te ocurre al pensar en el constante declive de las librerías pequeñas, de toda esta movida con el libro electrónico, de la falta de pasta para hacer cualquier cosa en este país...? ¿Tú te planteas ir a vivir a Berlín, para varirar, o te quedas aquí aguantando el chaparrón?
La pésima situación del país y de la industria del libro es de lamentar, aunque es posible que el lector salga ganando. La política editorial de las últimas décadas ha consistido en aprovechar el bajo coste del libro para publicar tantos títulos como fuese posible a la espera de un éxito. Los “autores” han salido ganando porque hay más espacio para publicar a nuevos y los consolidados tampoco debían esforzarse demasiado, la inercia lo hacía todo por ellos. Los “editores” también ganaban pues hay tanto aspirante que pueden permitirse invertir poco en cada libro. Los perdedores éramos los lectores que nos hemos enfrentado a una proliferación de títulos sin apenas orientación. El “panorama” revertirá en una mayor exigencia: los editores deberán arremangarse y hacer de nuevo de filtro, y los novelistas tendrán que esforzarse para sobrevivir. Se ha escrito mucha literatura karaoke. Hablo en futuro, pero ya está pasando, un presente interesante. 
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