Editores y cervezas por las españas. Acid Red Carpet 005/500

Suena Bob Marley en Spotify del iPhone y ello me pone simpático. No alegre, pero sí de buen humor. Todo rasta que muere por la tinta de papel en los pulmones se merece, como mínimo, ser escuchado muy de vez en cuando, y una especial alabanza a su dealer. ¿Se puede hacer una revolución, levantarte y luchar por tus derechos fumado canutos y cantando en pos de un mundo mejor? Who knows. Por ahora, parece que no. La cuestión es que el tío vivió de puta madre, hasta que sus pulmones dijeron basta. Es una pena que los trasplantes de pulmón no sean fáciles como la ortodoncia. Todo llegará.

Ayer fue un intenso momento de mezcla por entre la multitud de editores indies molones del país, o parte de ellos. Estábamos en la city para un encuentro librero, la entrega de unos galardones a la novela futurista más emblemática del año, al mejor libro de cocina tailandesa y al poemario más corto editado en 2011. Todos los premios se declararon desiertos. Pero es no fue excusa para quedar y beber. Me ofrecí a hacer de portavoz de una rueda de prensa. Hablé con dos medios de comunicación:

-Verá, señora periodista en precario, no se le entrega el premio a nadie porque la exigencia es muy alta. Y como todavía no he publicado mi primera novela, de la que -se lo digo usted, en plan offtherecord- solo existen 20 páginas, tampoco me lo van a dar a mí. Es una pena, porque pinta de puta madre, de momento en mi novela han muerto 20 personas. Se trata de que muera mucha gente. Una por página. Eso vende, se lo aseguro. 
La señora periodista en precario, que luego tiene que ir a cubrir la enésima rueda de prensa del enésimo recorte de prisiones, toma nota. “20 personas muertas disparan la venta de las editoriales independientes”.

Se trata, en este encuentro, de beber y comer. Cus-cus, salsa de gambas, que fluya el vino. Se trata de hablar de todo y de nada, deporte practicado por todos los editores del mundo. Indies, por supuesto. Libros nuevos, libros viejos, anécdotas. Movidas. Uno se declara fan de Andy Warhol, a estas alturas. Viene a decir que Velázquez y esta peña pintora coñazo hacía cosas que el pueblo no entendía, o se la sudaba. Mientras que Warhol pintó a héroes populares. Como Marilyn o las sopas Campbell. Y ahí va un buen truco para forrarse, aparecer en los medios como “El Güarjol ejpañol”, a saber, hacer serigrafías de las sopas de sobre de Gallina Blanca. 
Tomamos café. Un gato se obsesiona con el reflejo en la pared de las últimas gotas de vino tinto de las copas. Bebo cerveza a morro. Son las 16 p.m. Me llama mi prima modorra:

-Qué tal perraca. Como no tenemos merca todavía, tengo sueño, no te pongas celosa.
-Siempre igual, puto vago, eres incapaz de estar entre los vivos más de cuatro horas.
-Es lo que tiene implicarse en las relaciones humanas de manera intensa. No puedes darlo todo muchas horas seguidas. Te pongo un ejemplo, ¿Es mala la batería del iPhone? Porque dura muy poco, ¿no? Pues ahí lo tienes, aunque la batería sea buena, el percal viene de un uso tan continuo y provechoso:

El Economista
Tintín
Gmail
Facefuck
Yahoo!
Whatsfuck
Ajustes (on fire) 
Spotify
El tiempo (Zimbawe)
Cámara
Vídeo Snuff

Todo esto peta al cacharro, y por eso tienes que recargarlo tanto. Lo mismo me pasa con las buenas amistades. Me agotan, en el buen sentido. Porque son gente exigente, que no se detiene ni ante un lector de Jorge Bucay. Ahora que lo pienso, estoy sumamente agotado, voy a dormir y seguimos. 
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