Don't touch my Vanity en The Fight Blog 001/500 Acid Red Carpet

Este es el post nº001 de la serie de 500 que narrará, a modo de epopeya disléxica, el ascenso fulgurante de Vanity Dust hacia la Acid Red Carpet. Nadie sabe lo que es exactamente la Acid Red Carpet. Yo tampoco, pero sé que tengo 500 Post para alcanzar este bello El Dorado de la Vanidad Literaria. El gran paraíso embadurnado de alfombras rojas desgastadas. Para ello, para este inicio con lejano final, me acompañan Portishead y su The Rip. Y dos cosas que quiero contar. The Fight Blog y El Recital (en el siguiente post). Dos pequeños moonwalk que inauguran con champagne japonés (es de color rojo) este camino hacia la Alfombra Roja Ácida.
El experimento de Ibrah tiene, según pensé el otro día contando las veces que he tenido que regresar a casa borracho en taxi, algunas utilidades que me interesan. En primer lugar, constatar la disposición de los bloggers que trabajan a diario a ser odiados. Es normal. El odio mola. De hecho, es necesario odiar. Según cómo se mire, tener el detalle para con algunos lectores para esto puedan odiar deliberadamente, es un gesto altruista. No basta con el fútbol, las zorras que no te la chupan cuando ya les estás bajando las bragas, el jefe con alopecia, los políticos, los vecinos que cagan sin cerrar la ventanilla del baño. Dentro del espectro de seres a odiar, como fenómeno emergente, los bloggers jóvenes (o no) que no tienen nada mejor que hacer que escribir, deben prestarse a la mala leche de los demás. Gran gesto simbólico.
Teniendo en cuenta que nunca he esperado nada de nadie desde el momento en que me puse a escribir (bah), que te odien con simplificaciones vulgares y de manera superficial tiene algo de, seamos sinceros, reconfortante. Sigues meando fuera del retrete, manchando el suelo. Y por lo tanto no hace falta preocuparse demasiado. Las cosas van bien. 
Por otro lado, destaquemos el Karma del blogger. Jesús fue odiado, Mao, Stalin, Kubrick. Todos pasaron por el aro. Y lo aceptaron como algo inevitable. Y es cierto, lo es. Nunca ha estado dentro de mi ADN buscar el beneplácito de nadie (bah bis), y mucho menos la aceptación. Mi sistema narrativo se basa en las complicidades. Y lo cierto es que nunca ha habido tantas como ahora. Por el contrario, aquellos que circundan fuera de la complicidad, reaccionan ante mí con a)indiferencia b) odio.
En la aparición de Vanity en The Fight Blog se dan exactamente los dos términos.
-Indiferencia: "bah, otro que tal".
-Odio: "mejor que esconda su cara".
Celebro lamiendo el nuevo libro de Tao Lin haber sido el blogger menos comentado de todos los participantes hasta la fecha. Apenas 10 comentarios. Por un lado, veo que mantengo la indiferencia de un grupo de gente al que les he sido presentado para que me odien. Pero han preferido "pasar", darle al botón de "siguiente" y mirar a alguien con peores pintas al que joder (o tratar de).
En el otro sentido, los lectores encendidos y felices por el odio generado en los anteriores post, los adictos a rajar de cualquiera, no han podido evitar dejar su huella en los comentarios. Muy a su pesar, no ha sido suficiente. Se ha impuesto la indiferencia. A esto lo he denominado la llamada de la Vanidad.
Don't touch my Vanity
En resumidas cuentas, Vanity es un tipo con pasta, que folla, que lee, que le van bien las cosas y que no muere nunca. ¿Meterse con él porque se la haya chupado una surcoreana? Joder, me pregunto si se corrió en su boca ¿Criticarle estilísticamente? Demasiado aburrido ¿Encima el cabrón sale en la foto con un ejemplar en inglés comprado en París del último libro de Easton Ellis? No sabía que vendían libros en inglés en París. 
Y, encima, el tío esconde la cara.
Próximo capítulo de Acid Red Carpet: EL RECITAL.


Actualización: el blog The Fight Blog fue cerrado, sin más. En paz descanse. 
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