Dick Laurent is dead (segunda y posiblemente última fase)

Escucho el maldito robot policial y, visto las lamentables propuestas, cuelgo. Tengo ganas de comunicarle al mundo que soy un asesino. Es una buena forma de empezar el día, bañándolo en sangre. Creo que mi siguiente víctima caerá con su cara corrupta estampada por una estatuilla de la Sagrada Familia. Salgo a la calle con mi bastón dorado importado de Etiopia y veo que la ciudad se ha convertido en un seguido de zombies vivientes, parecidos a lo habitual, pero esta vez gritan y estampan sus cabezas contra la pared y claman: ¡Dick Laurent ha muerto!

Mi psicotismo también es el habitual, pero mi ágil mente que funciona por asociación indebida de ideas no logra recordar cuando conocí a Dick Laurent, si en la fiesta de una marca de sujetadores o en un mítin político de un partido Lerrouxista. Enciendo el iPod y escucho a Sven Väth, camino chasqueando los dedos en homenaje a West Side Story. Odio los musicales pero me gusta como los coolhunters los aprovechan para marcar tendencias. El otro día ví un tipo hurgando en unos contenedores.

-Cerdo, ¿que haces hurgando en la basura?
-Soy un coolhunter de Pike, marca de zapatillas mundialmente conocida, estamos preparando una nueva serie biodegradable que se llamará "Bioshoes" y que llevarán los raperos que cantan denunciando el cambio climático. Estoy estudiando la provinencia de las pieles de plátano de esta ciudad para conseguir el diseño ideal del modelo "banana".
-Joder, estás ampliando mi definición de tocar fondo.
-Me pagan bien, no te creas.
-Me la suda.

Continuo chasqueando los dedos como en West Side Story y bamboleando mi bastón al más puro estilo Naranja mecánica. Pero el tema cinematográfico del día es "Dick Laurent is dead".

Un viejo renqueando me para por la calle y me advierte que, efectivamente y por enésima vez, Dick Laurent está muerto. En los titulares de los periódicos también dan la noticia.

Tengo que encontrar alguien que comprenda el mundo onírico de David Lynch y pueda transportarme a la otra realidad en la que el maldito Dick Laurent sigue en el anonimato y yo sigo siendo un acaudalado bourgeois bohème con pisos en Montmartre, Dubai y Berlín Este.

Finalmente lo recuerdo, la compañera de clase llamada S.Meridian. Esta chica, con piercing en la nariz, baijta y tan bien proporcinada como una escultura de Miguel Ángel fue la que me inició en el cine de Lynch y, mientras me acariciaba los huevos y fumábamos marihuana, vimos Carretera Perdida.

Responde al primer tono.

-Querida Meridian, sopla un viento gélido en la ciudad, me pregunto si tu elevada moral ha sucumbido ante las embestidas del frío polar. ¿cómo estás, funciona bien tu reloj biológico? Tengo un problema, necesito recuperar la realidad pre-Lynch.
-Olvídate de ello, es una cuarta dimensión que sólo algunos consiguen habitar. Antes ya padecías esquizofrénia y trastorno bipolar. Y sabes que Vanity es Vanity gracias a este tipo de patologías, que encima te has provocado tú mismo porque decides tomar la medicación por via nasal cuando todas deberían ir acompañadas de un vaso de leche con miel. Bienvenido a la realidad onírica de Lynch, ya no hay marcha atrás, querido.
-Bueno, ¿y quién es Dick Laurent?
-Eso da igual, te ha dejado una herencia sustanciosa. Una cadena de burdeles en Asia Central.
-Perfecto, iré al cementerio a dejarle unas flores.
-Ideal, haces bien, tienes que ganarte el infierno, Dios está muy despistado últimamente y aún te mandará al cielo a tocar el arpa. Pero antes pásate por mi casa, tengo opio recién llegado de Afganislandia. Dicen que exponencia la sensibilidad y quiero saber si con tu mordedura de pezones en aspaviento logro llegar al orgasmo sin contacto vaginal.
-Muy interesante, pero luego folláremos, ¿no?
-¿Por quién me has tomado? Eso está claro. Y ya de paso, veremos Inland Empire, para que te acostumbres a tu nueva realidad. Ya no se llama esquizofrenia ni bipolaridad. Ahora tienes una trizofenia y una ultrapolaridad. Es decir, tienes tantos polos como estados de ánimo hay. Todo son extremos. No hay euforia y tristeza extremas, ni realidades paralelas. Hay miles de realidades metafísicas y cientos de estados de ánimo extremos, como la indiferencia Lipovetskyana.
-Me encanta tu verborrea de drogadicta glam-trash. Vengo en 15 minutos.
- Si llegas en 13, te la chupo en el ascensor.
-Que así sea.

Multipolaridad, trizofrenia. Una vez más, la realidad se supera a sí misma. Heredero de un burdel en Asia Central. No me acuerdo de tí, Dick Laurent, pero me caes mejor que nunca y, estés dónde estés, celebro y rememoro tu existencia en una de mis realidades.

http://feeds.feedburner.com/PuraVanidad-VanityDust
BlogVanity Dust