Diario de Suiza - 1 de enero

Los franceses poseen, de media, muchos más utensilios de cocina que los españoles. Se pasan el día, siempre que no están comprando la baguette o hablando de política internacional y la decadencia de La République, cocinando crépes, fondues, carnes y demás. Viven bien. Ellos levantaron el mundo moderno cortando cabezas y formulando nuevos paradigmas sociales. En el 68 del pasado siglo, fueron capaces de salir a la calle y decir en voz alta que todo era una mierda. Producieron una generación de intelectuales “rebeldes” que han sustentado su savoir faire con el paso de los años.
Cierto, ahora estoy en Suiza, pero el 90% de los presentes en el chalet son franceses, con lo que a nivel páctico me siento como en Francia.
En este momento, soy el único ser despierto y Cut Copy me acompaña en el iTunes. Tengo al lado el ejemplar de Los hombres que no amaban a las mujeres, abierto por la página 572. En la silla a mi izquierda, reposa el manual de derecho civil. Me entran ganas de fumarme un cigarro, pero tengo órdenes explícitas de NO fumar dentro del apartamento. Cuando necesitamos nicotina, no tenemos más remedio que salir 7º bajo cero a liar un Manitou.
Hoy no he bebido nada de alcohol, como respuesta al evidente exceso de ayer. Mi ordenador se ha pasado unas 32h encendido. Hoy, uno de los chicos, se ha ensimismado con el programa live y ha estado pinchando casi 3 horas. No se las apañaba del todo mal. Ha aprovechado lo que Ambient y yo teníamos hecho para ayer y ha estado tocando botones.
Apenas he salido de casa. Estamos rodeados de nieve y casitas perfectas y en casa la temperatura es, asimismo, perfecta.
Antes de llegar aquí, mis sentimientos respecto al viaje eran algo ambiguos. Ansiaba por largarme a Suiza, ver qué tal, conocer más gente…pero al mismo tiempo estaba bien en Barcelona. Sabía que vendrían 4 días sin estudiar, de exceso de alcohol y “comuna style”. Ni la motivación del posible pero improbable polvo con alguna enfant terrible era un anzuelo que me convenciera del todo. Por supuesto, ver a uno de mis mejores amigos constituía una de las prioridades. Digamos que era el viaje perfecto en un mal momento. Afortunadamente, no ha sido así. Tengo mucho tiempo para leer, cada uno va a su rollo. Casi toda la música que suena sale de mi Mac. Pop e indie suaves que abanican nuestra pausada estancia. Por la noche, los beats toman el control de la situación.

Pese a tener más utensilios de cocina que nosotros, los franceses no bailan.
No he visto moverse a un solo chico. Solo Kent ha bailado. Las chicas tampoco bailan (o si lo hacen no se les da demasiado bien).Tenemos a 3 chicas en plantilla. Dos tienen novio (la novia de Kent y otra chica). Afortunadamente, la chica que queda no está nada mal, aunque joder, es menos comunicativa que Juan Pablo II dos días antes de ir a visitar a sus coleguillas en el cielo. No es que sea tímida o que vaya de lista. Sencillamente, el elemento seducción parece haberlo olvidado en su casa de Mónaco. No es que no ligue conmigo, no lo hace con nadie. Suena raro, pero la única tía que podría estar follando día y noche con uno de los 10 tíos que somos, ha venido a NO FOLLAR.
Os recuerdo que aquí no dispongo de conexión a Internet, así que Youporn y Megarotic no pueden compensar o apaciguar mi incomesurable soledad y falta de afecto.
Tampoco tengo cobertura, con lo que no recibí los mensajes ebrios de felicitación de año nuevo, me invade una sosegada curiosidad para saber quién y en qué estado me ha deseado un feliz año 2009. Ya veremos…

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