Detener la verborrea

En el último post, se me preguntó en uno de los comentarios si lo había escrito bajo los efectos de alguna droga. Bien, no. Ésa vez no. Por ello, quiero contrastar uno de los posts que he escrito más sereno (No ficción) con la alucinada producción a la que me dispongo a dar forma ahora. 

En mi nariz se hallan los restos blanquecinos de una sustancia blanca polvorienta elaborada normalmente en Colombia. Te acelera, te dispara, conecta partes de tu cerebro que apenas se conocen. Te las presenta, unas a otras, y la atracción es tan brutal que empiezan a follarse sin más dilación. La producción a nivel sensorial, es decir, la consecuencia de tales polvos mentales te invade y altera súbitamente aquello que dices, haces o piensas. Ríes con más fuerza, ante cosas más sutiles, tu sentido del humor se agudiza y controlas tus pedos mejor que de costumbre, te sorbes la nariz a menudo para eliminar el temblor y los picores. Escuchas la música con más atención y atiendes a quien te habla al mismo tiempo y crees que podrías hacer más cosas a la vez. Fumas cigarros sin contarlos y levantas conversaciones como una actriz porno pollas. Sí, amigos, es la apología de las drogas. Como dice Spence N. Dick en el prólogo de mi libro Vanidad contemporánea, "esto no es el puto bambi".
Una de las cosas típicas que ocurren es tu verborrea acentuada, así que me detengo aquí ya que son las 7:13 de la mañana y está saliendo el sol.
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