Despotricando from the college

Escribo rodeado de iMacs y gente pija y algo alerdada que, por suerte, no tendré que aguantar por mucho tiempo más. Unos dos meses a lo sumo. Es difícil congeniar con gente de mi generación. Y ello me remite a la última pregunta de Formspring (¿Se puede compartir la soledad?). En este caso, quizá se pueda compartir a través de la escritura.
Me someto al aislamiento voluntario salvo para ocasiones así:


a) Mantener relaciones sexuales con alumnas y profesoras.
b) Robar cualquier cosa que valga dinero.
c) Fumar en el baño con los cuatro drogadictos que quedan en la fuckultad.
d) Substraer los libros que me da la gana de la biblioteca con un carnet falso y no devolverlos (nunca), luego venderlos por eBay.

Tal es mi gran fruición por el templo del saber que me está formando. Seamos sinceros. Me está deformando, pero suerte que mi camino hacia la fama discurre por otros derroteros. 45 fans en Facebook no engañan, sin duda he superado la fama de mi abuela, que no pasó de los 10 fans (amigas suyas del asilo). Y quizá llegó a los 12 por gentileza de dos enfermeras que se solidarizaron con su causa.

La facultad es bastante mierda. Lo que mola de las universidades es, precisamente, lo que la mía no tiene, el estilo anglosajón. Cambridge, Oxford, ubicadas en plena naturaleza, centradas en la contemplación y el estudio rasurado del saber. Se podía follar en el bosque, eyacular encima de animales pequeños. Tomar ayahuasca con Huxley. Eso sí eran buenos tiempos. Estudiabas con profesores formados, charlabas fumando pipa con los colegas rodeado de tochos académicos, y paseabas con bastón por los prados con el pene bien firme y recibiendo la suave brisa matinal.

Ahora las universidades están en zonas urbanas baratas, nacidas de un pelotazo inmobiliario de segunda, petadas de profesores ineptos y alumnos con más ganas de Cuore que de Curro.

Y lo digo como insider, no como outsider. Ahora me voy a clase, a preparar una disertación sobre los violadores, un perfil al que hay que estar atento si uno quiere ser útil como periodista y pensar siempre para (y por) la sociedad.

Hasta llegar a la saciedad y la suciedad.

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