Deslustrando a Cristianal Osbaldo en Beverly Pills

Fui invitado personalmente por Cristianal a la fiesta que preparó ayer de imprevisto en Beverly Pills para celebrar su fichaje por el club de la Real Mafia. Siento un desapego notable por el fútbol, no me gustan los deportes físicos faltos de contenido sexual. Decidí derivar la invitación a mi manager, especialista en performances de alto nivel. En una misiva, le dí las instrucciones para garantizar la huella de Vanity en tal espectacular evento-sabiendo, en especial, que mi querida Haris Pilton chuparía pollas sin mi presencia-.

Querido Robb Hutson-mi manager-, te adjunto las instrucciones a seguir para la fiesta en el club "E.T, mi casa":

1. Debes acudir a la fiesta en un tanque militar soviético, y aparcar encima de cualquier Ferrari o Porsche.
2. Hazte rastas hasta la cintura y viste ropa militar usada en la II G.M.
3. Contrata a 120 chicas rubias, morenas y pelirrojas, con una 110 de pecho como mínimo.
4. Tú pones la música, nada de chiquilladas comerciales. Alterna la música clásica con Hard Techno.
5. Habla siempre con micrófono y entrométete cuando veas a alguien sonreír.
6. Cuelga una estrella comunista encima de las luces estroboscópicas
7. Cambia el alcohol por ponche de ácido lisérgico.
8. Saca tu monstercock cuando Cristianal Osbaldo saque su penecillo para que Haris Pilton se la chupe.
9. Cuando veas algún famoso que no sepa leer-la mayoría-, regálale un ejemplar de Destellos y disfunciones con las primeras páginas enganchadas debido a mi particular firma.
10. Buena suerte, camarada.

Os adjunto el resumen que he recibido hace pocos minutos:

Mi señor,

"Tuve que romper la barrera de seguridad con el cañón del tanque. Sin querer, disparé un bombazo que destrozó la caseta del vigilitante, y maté a dos canguros que deambulaban por la entrada a modo de entretenimiento para los recién llegados. Bajé dándo tumbos, debido al efecto psicótico del ponche de ácido lisérgico, que degusté antes de ser entregado por 20 de las chicas de 110 de pecho. Como no me dijiste cómo tenían que vestir, iban desnudas desde la llegada. El ponche fue bien recibido y Cristianal metió la cabeza dentro. A nadie le hizo ni puta gracia, pero ya se sabe que los millonarios analfabetos tienen un sentido del humor bastante limitado y primario. Algunos graciosos se rieron de mi traje militar, y me ocupé de mostrar las granadas de mano vietnamitas para que me rindieran pletesía. Saludé a Haris Pilton y le entregué tu carta de amor, ella la olió y, al no llevar bragas, se frotó con ella hasta dejarla bien perfumada de Dior-sí, a esta mujer le huele todo a perfume- y se la guardó en el escote profesándome una atenta reverencia. Saludé al príncipe de Kazajstán y le propuse mear en la gran fuente-una réplica exacta de Niagra Falls-. Tuve que aguantar mi miembro con una polea. La micción fue exitosa y conseguimos atraer la mirada de los asistentes, que dejaban de lado a Cristianal Osbaldo y sus sonrisa Profident, mermada por su adicción a la coca desde los 13 años.

Un par de koalas colgaban del techo, me molestaban sobremanera, así que fui al párking y, después de hacer un minuto de silencio por la muerte del pobre guardia, tomé el tanque de nuevo para cargármelos. Por suerte, los ricos no tienen preocupaciones por la fauna del mundo, así que cuando los sesos de los koalas se desparramaron por los cristales que daban a la piscina, nadie dijo nada. Un par de las modelos que había contratado, se pusieron nerviosas y, creyendo que formaba parte del espectáculo, hicieron bailar sus 110.

Haris Pilton parecía inquieta, no acudiste a la fiesta, así que se veía conformándose con el penecillo de Cristianal. Lo único que le gustaba de él es que ahora ganará 9 millones netos, algo así como el PIB de Zimbawe. Cristianal, colocado por el ponche de ácido, pedía sin parar botellas de champagne garrulo para seducirla, y ella avisó a sus escoltas privados para que se lo quitaran de encima. Vanity, ¡realmente el tipo se creía importante!. Todos y todas lo idolatraban, y querían estar cerca de él. Deprimido por su fama-que creeme, tenía cierta retirada a la tuya-, decidí abandonar la fiesta lanzando una granada vietnamita al techo y dejando las 120 mujeres en la fiesta repartiéndo ponche-bueno, en realidad me llevé 10 chicas para que me trabajaran el nabo en el tanque- y me dirijí a los estudios dónde Bukowski acudió para rodar una película dedicada a su personaje. ¡qué tiempos, Vanity!. Pude apreciar una gran montaña de botellas de whisky, un montón de paquetes de tabaco y cientos de libretas desparramadas por el suelo, entre los escombros de lo que fue el gran maestro de la decadencia literaria. Lloré, Vanity, un mar de lágrimas resbalaron por mis mejillas, manchando el radar de la sala de mandos del tanque.
Cristianal, el dinero, Haris Pilton, poco tendrían que decir ante la pureza oscura de nuestro amado escritor, que nunca sucumbió al éxito ni a sus esperpénticos fans, siempre siguiendo sus trazos etílicos y su dejadez dignificada por sus escasos logros en el ámbito laboral.

Decidí regresar a la fiesta, esperando que una orgía se hubiera desatado, y pudiera reventar coños por doquier gracias a mi Gran Miembro implantado por tu amigo médico de Miami. Así fue, querido amigo, eyaculé sendos chorros de denso líquido blanco encima de caras operadas y bocas gigantes que se esforzaban por tragar.

Cristianal es un perturbado, pidió que le trajeran cuatro enanitos del jardín-tipos de 1.30 con sombrero y barba blanca, como decoración para amenizar el paseo de los asistentes- y les introdujo el miembrecillo por el recto. No pude más Vanity, desempolvé una chaqueta de fuerza guardada en los armarios del tanque, y secuestré a Cristianal Osbaldo.

Cumplí tu palabra, lo que le dije fue lo siguiente:

- Cuando quieras abusar de vanidad, no montes las cosas por tu cuenta, tienes todas las de perder. No quieras competir con Patrick Bateman y Vanity, excepto si adoras las carreras en silla de ruedas."

Con afecto,

Robb Hutson

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