Desde Rusia con horror: fat blonde russian girl metechapas todo el rato invade mi casa al estilo Acorazado Potemkin Postmoderno y yo practico el modo hater reenganchista

—Así que tu país de nacimiento es…Rusia, ¿eh? —disfruto especialmente cuando hago una afirmación evidente, ya que ella me lo acaba de confirmar. Miro al infinito y achico los ojos como pensando algo muy intenso. La chica se impacienta. —Sí, ¿por?. —Bueno, tus ojos azules son bonitos y cuadran con el estereotipo que tengo de las mujeres de allí  gracias a obras como Socorro, perdón y los vídeos porno. Lo que me perturba es tu evidente sobrepeso, ¿sabes? La rusa reacciona pasándose el pelo, liso y bonito también —todo hay que decirlo— hacia atrás, y finge no haberme escuchado y se sirve una clencha de MI merca. Dice que ella también ha traído, pero no me fío ni un gramo. —La belleza es mucho más que eso, tío. Eres un superficial de mierda. No sé qué hago en tu casa. —Te lo voy a explicar. Está buena la coca, ¿no? —Bueno, la mía es mejor. A ver, ¿qué me vas a explicar? —Te han traído tus amigas. Yo no tengo nada que ver con que estés aquí, pero como soy gentil incluso con los seres desfavorecidos, te he dejado entrar. No soy una persona de prejuicios, ni de coña. Soy muy tolerante. Verás, mi teoría es que la gente del Este de Europa tiene el cerebro bastante petado desde que cayó el muro; la oleada de corruptelas desde entonces ha sido infinita y, por otro lado, el capitalismo se ha desarrollado ahí de una manera salvaje e incluso más nocivo que por nuestras tierras plagadas de siestas y buen vino. El despliegue del lujo ha sido tal que todo el mundo ahí piensa que es como millonario, o vive obsesionado con eso. Aunque hay algunas excepciones de gente que sí tiene ideales y lucha por ellos. ¿No? —Mira, tío, mi padre es un honrado hombre de negocios que tiene una empresa de Real State y además sus amigos se interesan mucho por el arte catalán. —Ajá. Lo de Real State me da miedo, maldito lobby se han montado los tipos como tu padre. Aquí hay gente viviendo en la calle, ¿sabes? —Pues claro que lo sé, joder. Y mira en qué choza vives tú, está de puta madre y parece que te da igual todo. —Gracias, la verdad es que El Filósofo y yo, en su momento, tuvimos suerte al encontrarla. La encontró él mientras yo no recuerdo exactamente a qué me estaba dedicando. La vimos y fue como un flechazo. Y la señora que nos la enseño, Toñi, es un sol. Siempre la llamo cuando me quedo ciego encerrado en el baño y es muy comprensiva. —No me cuentes todo eso, me da igual. —¿Ves? Eres muy poco sensible.Me levanto de la mesa del comedor y voy al sofá, dónde se encuentra mi crew party harder y me uno a ellos. Una colega pincha con mi iPad y nos lo pasamos muy bien durante un rato indefinido. La rusa critica con mi otra amiga que sí la conoce la peste que hace el ambientador del comedor. Luego critica mis libros y dice que no tengo la biografía de Putin.

—Tengo la de Keith Richards y la de Laurent Garnier, ¿por qué necesito la de Putin si estas dos molan mucho más? —No sé quién es Laurent Garnier, y me parece que no me importa. —Tú te lo pierdes, y es dramático lo que me dices.

La situación no hace más que empeorar, ella sigue drogándose con su polvo de talco y yo sigo con mi material cristalino que tiene un tacto la mar de sensible y amable con mis fosas nasales. Cada tema que saco me lo discute. Hablamos de Monegros. Hablamos de libros. Hablamos de relaciones de pareja. Siempre tiene un pero a mis comentarios, cosa que me indica que todavía no sabe que todo el rato me lo invento todo y esa es la gracia. Odio la gente que no entiende que todo lo que hago se basa en mi absoluta falta de credibilidad.

Sus amigas se van y ella, por contra, me pregunta si se puede quedar. Nos quedamos mi crew party harder y ella. Su ropa es como una especie de mantel gigante con pretensiones estéticas. Más bien con pretensiones de ocultar su escaso nivel pro en referencia a los cánones que emanan de su país día tras día.

—¿Es verdad que la esperanza de vida de los rusos es de 69 años? Eso sí me parece fascinante, ya sabes que aquí no bajamos de los ochenta, y ya ves las colas que hay en los asilos. Parece una fiesta del no quiero palmarla aunque me pase el puto día buscando la dentadura y tocando los huevos a lo bestia a familiares, amigos y médicos de cabecera. Y tengo otra pregunta, ¿qué hacen los pivones de tu país cuando se han mayores y se vuelven feas? Quiero decir, aquí nadie sabe qué pasa con los chinos viejos, pero tampoco sabemos nada de las viejas rusas. —Eres un horror de tío. Me voy. Prefiero comer techo que estar aquí aguantando tus tonterías.

La acompaño a la puerta, hago una reverencia y le doy una tarjeta que siempre llevo en el bolsillo y que me ha ayudado en ocasiones muy difíciles, y añado. Desde Rusia con Horror, pero mucho.

—Las campañas paternalistas de los comunistas, marcando estilo al rechazar el alcohol son ya Patrimonio de la Humanidad y las adoro. Vuelve cuando quieras, camarada.

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