Desaprender a vivir

Pienso en escribir a diario, y lo hago. Me siento infectado por el virus de la perpetuidad. Produzco decenas de palabras encadenadas día tras día. Pese a disimularlo con innumerables  historias de gordas fogosas y líderes que llaman al internamiento psiquiátrico, tengo una obsesión por producir que me ensombrece el rostro cada vez que me siento en frente del cuaderno, de la pantalla, de un rostro femenino. La introspección que proceso ha sido suscitada por Supervivencia, de Houellebecq. Suelo citar libros con asiduidad, como si fuera la mujer a la que me estoy follando en este momento y quisiera proclamarlo a voces, porque me gusta. Eyaculo sobre páginas enteras e inertes que me devuelven el silencio y acrecentan mi soledad.

Los libros escoltan mi desconexión del mundo, elitizan mi estado y me sitúan en la senda de la búsqueda tan prescindible como imposible de evitar. El hecho de no tener estilo propio, no debe preocuparme, según Houellebecq. Se trata de escribir acerca de las obsesiones; diseccionarlas, violarlas, explotarlas, sodomizarlas. Solo, siempre solo. No se trata de luchar con el verso, la palabra, la lógica o la estructura, se trata de pasar el tiempo, haciendo cosas. Mejor producir mierda que no estancarse. La mierda puede conducirnos a otro estadio. Puede que sin saberlo estemos abriendo la puerta de otro mundo que, como siempre, será peor. Un eterno circular bajo la fría mirada de la indiferencia ajena, la náusea interna y la página que recoge el vaivén de nuestra integridad.
Se trata de no parar hasta la muerte, con la ventaja de sabernos muertos en el momento en que vemos que no podemos detenernos, que ya no hay otra salida.
Cuando me senté por primera vez a escribir algo, con rabia, frustración y antidepresivos y estabilizadores de carácter, percibí lo que hoy he podido confirmar. El tener todas las opciones del mundo en la palma de la mano y estrujarlas y machacarlas y pisarlas y destruirlas y teclear y teclear y teclear como poseído por la ilusión maligna de la perdición de una vida, mi vida, con la finalidad de hacerlo porque sí, sin más. Todo se viene abajo y caes sin llegar al fondo. Escribes en la eterna caída cuando sabes con certeza que vas a morir. Buscas una verdad, La Verdad. Y todas los proyectos, opciones, elecciones ceden ante tal reclamo, tal pureza, tal demente necesidad. 
No es una decisión fácil ni difícil, no es una elección voluntaria. No es un juego. Es.
Mis manos son lo único de mi cuerpo que merece mi respeto. Quizá mis piernas. Mi polla no me da más que problemas. Pero me gusta correrme y pensar en que lo volveré hacer antes de irme a dormir.
La mayoría de las cosas que uno hace en la vida suelen salir mal. "El sufrimiento es intrínseco a la existencia, no hay que huir de él", leo. 
El universo como una discoteca
acumular un gran número de frustraciones
aprender a ser poeta es desaprender a vivir.

Supervivcencia
Michel Houellebecq
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